18.
Habían dejado la compra en la casa, comido unos sándwich y salido a pasear. Lexa se desenvolvía estupendamente por el bosque. Saltaba piedras, le explicaba sobre las
hierbas y árboles... caminaba segura de sí misma. Ella era todo lo contrario, cuando tenían que pasar entre unas cuantas piedras, escalar o bajar una pequeña pendiente le costaba horrores y perdía el equilibrio. Definitivamente, por mucho que le gustase la montaña no estaba hecha para ella.
Llevaban más de una hora y media cuando dieron con la cascada.
-¡Al fin! -gritó de júbilo. El paisaje era hermoso, se abría un pequeño claro rodeado de altos árboles y justo frente a ellos había un pequeño lago que se convertía en un río,
recibiendo el agua que caía de la ancha cascada-. La propietaria te engañó, hemos tardado casi dos horas en llegar -pronunció observando que su reloj marcaba casi las
cinco de la tarde.
-Hemos tardado más porque vas muy lenta -explicó acercándose al lago para observar.
Se agachó y tocó el agua, que estaba helada.
-¿Qué? ¿Piensas darte un baño? -preguntó ella acercándose con una sonrisita algo pícara.
-Si hiciera algo más de calor no lo dudaría. Pero el agua está demasiado fría ahora.
Ella se agachó, resoplando, y se sentó sobre la hierba verde. Lexa la observó.
-¿Cansada?
-No mucho, pero me irían bien unos minutos de relax.
Lexa aceptó mientras se distanciaba un poco más de ella y observaba todo a su alrededor.
Clarke cogió su móvil y lo observó. Tenía poca cobertura pero en esos momentos no la necesitaba para nada.
Abrió la cámara de fotos y tomó unas cuantas fotos de la cascada. Era un lugar realmente hermoso, aunque el día no acompañase lo más mínimo. Miró hacia las negras
nubes que tapaban el cielo. Al menos no llovía.
Se giró para observar que Lexa se subía de un salto a una piedra para observar el otro lado del lago. Era una mujer espectacular. No lo dudó un segundo, apuntó con el móvil y le tomó unas cuantas fotografías. Se quedó observándolas unos segundos. Estaba un poco lejos para poder apreciarla bien, pero incluso así le hacía vibrar.
Tampoco dudó en comenzar a disparar con la cámara a medida que Lexa se acercaba.
Las fotografías que iba haciendo eran bastante graciosas. En las primeras iba caminando tranquilamente hacia ella observando el lago. En las siguientes la observaba. Luego ponía
cada de espanto al ver que ella le apuntaba con el móvil y finalmente en las últimas estaba con la ceja enarcada hacia ella.
-¿Qué haces? -preguntó sentándose a su lado.
-Te he tomado unas fotografías. Mira. -Se lo mostró.
Se quedó sorprendida y le cogió el móvil de las manos.
-Soy yo -dijo asombrada mirando la pantalla.
-Sí, eres tú. -Luego le sonrió, le cogió el móvil de la mano y lo alzó sonriendo mientras se acercaba a ella. Lexa la miró sorprendida-. Mira a la cámara.
-¿Al móvil?
-Sí.
Apretó el botón y bajó el brazo para observar la fotografía. Era bonita, aunque Lexa salía muy seria.
-¿Por qué no has sonreído?
-¿Sonreír?
-Sí, vamos a intentarlo otra vez -pronunció con burla-. Y ahora sonríe.
Volvió a disparar y esta vez sí se convenció más. Ambas miraban hacia la cámara y Lexa tenía una sonrisa tierna.
-Es bonita -susurró observándola.
Lexa se acercó apoyándose en ella y sonrió al verla.
-Sí, sí lo es.
Ella giró su rostro y le sonrió. Estaba muy próxima a ella. Durante unos segundos se quedaron mirando fijamente, aunque al momento se echó un poco hacia atrás cuando
comprobó que Lexa miraba sutilmente sus labios. Aquel gesto la intimidó bastante.
Al momento se levantó.
-Bueno, creo que tendríamos que ir volviendo. Puede ponerse a llover en cualquier momento.
Lexa se levantó un poco más despacio y afirmó.
-Sí, a parte, en dos o tres horas oscurecerá.
Se adentraron en el bosque de nuevo, siguiendo un pequeño y estrecho camino entre los arbustos.
-¿Y cómo conocías el lugar?
-Fue en un viaje que hice para visitar a otro clan. Nos detuvimos en esta cascada.
Dejamos beber a los caballos y pasamos la noche aquí.
-¿Quedabas con otros clanes?
-Claro, no nos llevábamos mal con todos, y era bueno contar con aliados para luchar contra los británicos -explicó mientras se detenía. Le tendió la mano mostrándole un
pequeño riachuelo-. Dame la mano, la otra vez casi te matas para saltarlo.
Ella se sonrojó levemente y aceptó su mano. Sí, tenía razón, el riachuelo era bien pequeño, con un pequeño salto ya estaría al otro lado, el problema era que había barro y
resbalaba.
Lexa lo saltó sin problemas y la ayudó a saltar sin soltar su mano. Acto seguido siguió caminando, aunque esta vez no rompió su contacto. Permaneció cogiéndole de la
mano mientras Lexa caminaba delante y ella seguía sus pasos.
No se quejó. Por un lado le daba estabilidad para caminar por aquella zona, pero su contacto la ponía nerviosa, ¡y eso que era solo la mano!
Durante un rato caminaron en silencio hasta que escucharon el sonido de un trueno en la lejanía. Lexa se giró para observarla, ella le devolvió una mirada algo asustada. Al
momento, ambos elevaron su vista al cielo.
-Como no nos demos prisa nos va a caer una buena encima -dijo Lexa aumentando el paso, arrastrándola.
Corrieron bajo los árboles, a un ritmo demasiado rápido para ella. Suerte que iba sujeta a su mano, sino hubiese caído varias veces.
Los primeros minutos llevó bastante bien el ritmo, aunque luego su respiración comenzó a ser jadeante. Aunque aquello no pareció detener a Lexa cuando notó cómo
las primeras gotas de lluvia caían, aumentando más el ritmo.
Aguantó todo lo que pudo mientras notaba como su cabello y la ropa comenzaban a quedar empapados. La lluvia fue suave los primeros diez minutos, luego aumentó de
intensidad, calándolos a las dos.
Tiró de ella durante todo el rato mientras los truenos inundaban todo el bosque hasta que, al fin, la pequeña casita de madera apareció al final del descampado.
Después de una hora y poco iban a llegar, aunque totalmente empapadas. Notó aún la mano firme de Lexa agarrada a la suya con fuerza, tirando. Su corazón bombeaba a gran
velocidad e incluso tenía la respiración entrecortada.
No lo soportó más y se soltó de la mano con un tirón. Lexa se giró de inmediato y la observó con una ceja enarcada al ver que disminuía el paso.
-Vamos -ordenó intentando cogerle la mano.
-No puedo más -Se quejó ella-. Estoy agotada. No puedo dar un paso más. Además, ¿qué importa ya? Estamos totalmente empapadas -gritó hacia ella.
Lexa resopló mientras iniciaba una marcha por delante de ella y se removía el cabello mojado.
Clarke gritó cuando metió su deportiva en un charco y notó como calaba su calcetín.
-Mierda -gritó mirando al cielo, haciendo que Lexa se girase asustada.
-¿Qué?
-¡Dichoso charco! -siguió gritando mientras avanzaba moviendo su pie como si lo sacudiese.
-Mira que eres torpe -bromeó, aunque al momento se quedó totalmente de piedra cuando observó como ella pisaba una zona embarrada y resbalaba cayendo hacia atrás. La
vio patinar, volar en el aire y caer de espaldas en el charco-. ¡Dios mío! -gritó asustada,
corriendo hacia ella-. ¿Estás bien?
-Ayyyyyy -Se quejó tirada en el suelo, con los brazos hacia arriba.
Se arrodilló a su lado cogiéndola de los brazos.
-¿Estás bien? Eh, ¿cómo estás? -preguntaba asustada mientras la ayudaba a incorporarse.
-Ayyyyyyyy -volvió a gemir-. Menudo culetazo -Se quejó llevándose la mano a la espalda.
-¿Te has hecho mucho daño?
-Sobreviviré -pronunció cogiéndose a las manos que ella ofrecía para levantarse.
-¿Puedes caminar?
-Sí -gimió de nuevo.
-¿Seguro? -preguntó acercándose excesivamente como si fuese a cogerla en brazos.
Ella dio un paso atrás, huyendo.
-Que sí -pronunció avergonzada-. No ha sido nada.
-¿Que no ha sido nada? Por Dios, pensaba que ibas a matarte.
Ella le miró con un rubor cada vez más creciente en su rostro.
-Qué exagerada -susurró mientras comenzaba a caminar hacia la casa aunque no pudo evitar llevarse la mano al trasero dolorido. Le iba a salir un buen morado, seguro.
Lexa dio unos pasos rápidos hacia ella y la cogió del codo con delicadeza, ayudándola a caminar hacia la casa. La observaba con gesto bastante preocupado, en silencio.
-Ni que nunca hubieses visto a una mujer caerse -pronunció sin mirarle.
-¿Un golpe como ese sin romperse algo? Nunca.
Ella suspiró y negó con su rostro. De acuerdo, se había dado un buen porrazo, pero agradecería infinitamente que Lexa olvidase el tema. Además, iba toda cubierta de
barro. Por Dios, necesitaba una ducha ya.
Entraron a trompicones en la casa. Lexa aún la mantenía sujeta de la mano cuando cerró la puerta, ambas recuperando el aliento.
La observó de arriba a abajo. Estaba totalmente empapada, con el cabello enganchado a su rostro, un rostro algo pálido por el frío. Tenía los pantalones y la chaqueta llenos de
barro. Estaba graciosa, y lo cierto es que en ese momento un sentimiento de ternura y pasión le invadió, un sentimiento que se apoderó de su ser, que se expandía como un
fuego sin control.
No lo soportó más y la cogió de la cintura comprimiéndola entre ella y la puerta. Ella le observó sin comprender, hasta que en un determinado momento, tras mirarse fijamente,
bajó sus labios hasta los de ella y la besó con pasión.
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Ojos verdes. (Clexa)
AlteleTrescientos años las separan. Todos los derechos a su autor.
