27.
UN AÑO DESPUES...
Clarke sonrió mientras miraba a Raven conducir.
—El restaurante es impresionante. Cuando Paul probó el pescado quedó muy contento.
Ella volvió a reír.
—¿De verdad habéis escogido el restaurante para vuestra boda solo por el pescado? — bromeó.
—A ver, el sitio es impresionante también. —Se apartó el cabello de los ojos y puso el
intermitente a la derecha—. Aún no puedo creer que me case —rio—. Imagínate, con lo que yo había sido...
—Con lo que tú habías sido... —bromeó repitiendo la última frase de su amiga.
—No te burles de mí —rio ella—. Además, tú no estás de acuerdo, pero sigo pensando
que mi dama de honor debe vestir de un color oscuro. La novia es la que va de blanco.
—Oh, no me fastidies, Raven —se quejó ella—. No pienso ponerme algo oscuro para tu
boda. —La novia manda —acabó diciendo como si fuese su última palabra—. Vamos, hay
colores muy bonitos, puedes ponerte algo granate, color vino, o azul oscuro...
Clarke suspiró y se pasó la mano por los ojos.
—Tengo que ir la semana que viene a mirarme los vestidos.
—¿Aún no has ido? —gritó Raven frenando de golpe.
—¡Raven! —gritó asustada colocando la mano en el salpicadero para detener el impulso.
La asesinó con la mirada y luego se mordió el labio. —He estado muy ocupada.
Raven miró el GPS y luego intentó ubicarse.
—Creo que es por aquí. Este maldito GPS no me va muy bien, va muy lento.
—Deberías actualizarlo —respondió mientras observaba el plano que se dibujaba
intentando adivinar la ruta—. Por cierto, ¿me vas a decir a dónde vamos de una vez?
—Ya te he dicho que es una sorpresa.
Ella enarcó una ceja hacia Raven.
—¿No será otra agencia de viajes?
—No —sonrió su amiga.
—¿Otro restaurante?
—Pero si ya hemos escogido restaurante —respondió divertida como si esa pregunta
no tuviese sentido—. Y volviendo a lo de tu vestido...
—No, no, no —susurró mientras giraba su rostro hacia la ventana.
—Sí, sí, sí —se burló animada—. Me caso en poco más de tres meses y mi dama de
honor no tiene aún el vestido. ¿Estás loca o qué? Me dijiste que lo habías mirado.
—Y he mirado —pronunció con una sonrisa—. Oye, no te estreses, te prometo que esta misma semana me compro uno.
—Pienso ir contigo.
—No.
—Oh... y tanto que sí —volvió a sonreír—. Por cierto, ¿vas a traer acompañante?
Clarke se pasó la mano por su rostro agobiada por la pregunta.
—Sabes que no.
—¿Y ese compañero tuyo tan mono? El abogado del que me hablaste.
—Por Dios, Raven, es solo un compañero de trabajo.
ESTÁS LEYENDO
Ojos verdes. (Clexa)
RastgeleTrescientos años las separan. Todos los derechos a su autor.
