capitulo 20

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20.
Entregó su tarjeta de crédito mientras Lexa seguía observando las camisas. Sabía que iba a causar sensación apareciendo aquella noche en la cena de empresa con aquella
acompañante.
Tanto ella como Raven habían dejado caer su mandíbula cuando le habían visto aparecer con aquel traje negro, la camisa azul y la corbata. Sí, aquel traje le había costado
un dineral, pero no le importaba, iba a disfrutar de aquella noche como nunca. Su jefe se había sorprendido cuando había recibido una llamada de ella diciéndole que iría
acompañada de alguien. Lo bueno es que tenía la suficiente confianza con él como para
realizar aquel cambio de última hora. Es más, su jefe había parecido encantado de que al
fin llevase a alguien, como si de aquella forma pudiese controlar a sus trabajadores.
—Gracias —susurró a la vendedora mientras le tendía el traje guardado en una bolsa de tela.
Raven sonrió y se cogió del brazo de su amiga mientras iban hacia la zona de las camisas.
—Aún no me has explicado cómo fue el viaje —Le susurró tirando de ella para ralentizar su paso.
—Sí que te lo he explicado. Fue muy bien.
—Oh, vamos Clarke, no quiero preguntarte delante de ella. Esto es cosa de amigas. ¿Ocurrió algo?
Tiró de ella para seguir caminando, pero su amiga le miró fijamente y luego sonrió de forma maléfica.
—Sí, sí… ocurrió algo… —canturreó divertida—. Oh, vamos, ¿os besasteis?
Finalmente dejó de tirar mientras un largo suspiro salía de ella. De todas formas no iba a parar hasta que le sonsacase la información deseada.
—Está bien —dijo cogiéndola del brazo y dando unos pasos hacia atrás para alejarse un poco más de Lexa—. Si te cuento algo no quiero ningún tipo de insinuación…
—No, no, claro que no —respondió rápidamente.
—Ni que digas nada delante de ella.
—No.
—Y menos que insinúes…
—Que no —respondió histérica. Luego aguantó la respiración por los nervios, esperando aquella explicación.
—Está bien. Nos acostamos.
—¿Os acostasteis? —gritó sorprendida.
—Shhhhh —dijo directamente al ver que una mujer mayor la miraba con una ceja alzada—. Ves, si ya sabía yo que no tenía que decirte nada…
—¿Pero qué dices? Cuenta, cuenta…
—¿Quieres hacer el favor de bajar el tono?
—Vale —susurró—. Ya está… no levantaré la voz, pero cuéntamelo todo. Ya. —Clarke miró un segundo hacia donde se encontraba Lexa. Parecía estar absorta contemplando
los maniquís—. Vengaaaaa.
—De acuerdo, pues… salimos a dar un paseo y nos pilló una tormenta. Volvimos corriendo a la casa de campo y cuando llegamos pues…. Ya sabes.
Raven se movía nerviosa, ansiosa por obtener más datos.
—Pero… ¿es buena?
—Ja.
—¿Eso es que sí?
—Eso es que es buenísima.
Raven comenzó a dar palmas de alegría.
—Lo sabía, lo sabía… entonces, usaste mi regalo, ¿no?
—Claro que lo usé.
Raven volvió a dar palmas.
—Esto es fantástico, te merecías un polvo en condiciones… —Aquellas palabras le hicieron chasquear la lengua.
—De verdad, qué poco delicada eres —rió.
—Espera… espera…—seguía pensativa—. ¿Solo fue uno?
Ella se encogió de hombros y sonrió abiertamente.
—Ha habido más.
—Ohhhh… voy a morir —gimió llevándose las manos al corazón, automáticamente miró a Lexa—. Nena, está buenísima.
—Sí, lo está. —Luego se mordió el labio—. Pero Ravem, tengo… tengo un problema…
—Me has dicho que usaste protección, ¿no?
—No es eso. —Le cortó rápidamente—. Es… ella se irá cuando…
—Clarke —susurró Raven mirándola fijamente—. Te estás enamorando de ella, ¿verdad?
Ella resopló.
—No lo sé.
—Oh, y tanto que lo sabes… —En ese momento Raven pasó un brazo por su hombro y la atrajo hacia ella—. La verdad es que es una situación un tanto complicada —pronunció con
delicadeza—. ¿Lo has hablado con ella?
—¿Hablar el qué?
—Pues ya sabes…
—¿Decirle que me gusta? ¿Que me estoy enamorando? —Raven aceptó—. ¡No! Ni loca.
—¿Por qué no? Parece una persona bastante sensata.
—Ella tiene su familia allí.
—Quizá quiera quedarse contigo. —Luego se separó de ella y dio una palmada—. Quizá podríamos hablar con la pitonisa. Puede que sepa algún truco para que se quede.
—No. No puedo hacerle eso —dijo rápidamente—. Tiene a su padre, a su hermano. Está preocupada por ellos, no olvides que ella viene de una época donde había una guerra.
Querrá volver con su familia. Lo sé… es una persona de honor, se preocupa por los suyos…
—Oye, das cosas por sentado que tú no sabes.
—Se lo pregunté —admitió con algo de tristeza—. Me dijo lo mismo que te estoy diciendo. No le culpo por ello. Yo creo que me pasaría igual.
Raven suspiró y afirmó.
—¿Y qué vas a hacer?
—¿Qué quieres que haga? Pues aguantarme —comentó con la mirada algo perdida—. Intentaré disfrutar de ella hasta el momento en que tenga que irse.
Raven aceptó y le sonrió con algo de tristeza, comprendiendo la lucha interior de sentimientos que tenía.
—Perdonad —interrumpió Lexa. Al momento las dos se giraron, nerviosas. ¿Cuánto tiempo llevaba allí escuchando? —Tengo algo de hambre —sonrió llevándose la mano al
estómago—. ¿Podemos ir a comer algo?
Ambas se miraron de reojo, intentando recomponerse de la conversación que habían mantenido.
—Sí, claro… —respondió primero Raven—. ¿Te apetece algo en concreto?
Lexa negó, pero pudo observar que Clarke parecía tener los ojos llorosos.
—Lo que prefiráis vosotras —pronunció observándola fijamente.
—Bien —dijo Raven—. Pues vamos a comer, va —intentó dar a su tono de voz algo de alegría.
—Claro —respondió Lexa aún con la mirada fija en Clarke.
—Podemos ir al chino otra vez si quieres… —siguió proponiendo Raven, dando unos pasos hacia delante e instándoles con el brazo a que le siguieran.
—Claro, me parece bien —aceptó Lexa colocándose al lado de ella, que había comenzado a caminar lenta, intentando esquivar la mirada de Lexa. Pasó su brazo por
encima de su hombro y la atrajo hacia ella. —¿Estás bien? —preguntó con ternura.
Ella le miró y sonrió intentando recomponer su rostro.
—Sí, claro.
Lexa la observó. Sabía que le mentía.
—¿Seguro?
Ella volvió a afirmar.
—¿Chino entonces? —interrumpió Raven.
—Por mí perfecto —contestó Clarke.
Lexa se abrochó el botón de la manga de la camisa y se puso la americana, sin apartar la mirada de la espalda descubierta de Clarke.
Desde que habían vuelto de comprar se había mantenido muy callada, demasiado, y eso no era algo normal en ella. La veía entristecida.
Cogió la corbata azul celeste y la pasó por el cuello. Aunque el vendedor le había mostrado cómo hacer el nudo varias veces debía reconocer que no tenía mucha maña con eso.
Hizo un nudo pero al momento lo deshizo, quizá debería haberlo dejado hecho. Lo intentó de nuevo mientras observaba como Clarke se acercaba al espejo para pasarse un lápiz por los ojos.
Llevaba un bonito vestido rojo, algo corto para su gusto y demasiado apretado, pero le quedaba estupendamente, realzaba su figura delicada. En ese momento se dio cuenta
de que le observaba a través del reflejo del espejo.
Lexa le sonrió algo tímida.
—¿Puedes ayudarme? —preguntó mostrándole la corbata.
Ella le sonrió y fue hacia Lexa, se colocó justo enfrente y cogió los dos extremos de la corbata. Estaba guapísima, demasiado.
Lexa se quedó observándola, ella permanecía concentrada intentando hacer un nudo más o menos decente. Se fijó en sus pómulos rosados, sus labios gruesos con una
fina capa rosada sobre ellos, aquellos ojos azules que destacaban mucho más tras habérselos pintado.
—Ya está —susurró con una sonrisa algo tímida.
Fue a girarse cuando Lexa la cogió por los hombros situándola ante ella. Lo observó confundida, Lexa tenía una mirada con un matiz de preocupación.
—¿Qué te ocurre? —preguntó con un tono bastante tierno.
Ella lo observó durante un segundo y apartó la mirada de Lexa, paseándola por la habitación, luego se encogió de hombros.
—Nada.
—No me digas que nada cuando eso no es verdad —pronunció con delicadeza—. Estás muy callada.
—No me pasa nada…
—Clarke —dijo con algo más de fuerza, ella le miró fijamente—. Sea lo que sea puedes contármelo. Sé que algo te preocupa.
Ella se apartó, ante la atenta mirada de ella. ¿Cómo decirle aquello? Ahora estaba segura. Se había enamorado de Lexa, a cada minuto que pasaba en su compañía se daba más
cuenta de ello. Todo sería perfecto si ella no tuviese que volver a su época, aquello no era justo. Los espíritus del amor se estaban burlando de ella y le habían enviado a la persona
más espectacular que pudiese imaginar para luego arrebatársela.
—No me pasa nada. Es solo… que se han acabado las vacaciones —pronunció con una
sonrisa algo triste. Se giró e intentó tomar aire—. Siempre que vuelvo de las vacaciones me pongo melancólica.
Lexa enarcó una ceja hacia ella y finalmente aceptó.
—Está bien —pronunció y luego le sonrió más—. ¿Vas a acabar de vestirte?
Ella parpadeó un par de veces y le miró sorprendida.
—Ya estoy vestida.
Ella volvió a enarcar una ceja.
—¿Esa es toda la ropa que vas a llevar?
Lexa parecía realmente sorprendida.
Clarke se pasó las manos sobre el vestido, le llegaba un poco por encima de las rodillas.
A su parecer le hacía una figura estupenda.
—¿No te gusta?
Lexa dio un paso hacia atrás para observarla con más perspectiva y se cruzó de brazos.
—Sí, es muy bonito, pero… para estar por casa.
—¿A qué te refieres?
Lexa la observaba como si no comprendiese aquella reacción.
—Bueno —dijo señalándola—, se supone que esa es la parte interior de un vestido, ¿no?
Clarke se echó a reír.
—No, esto es el vestido entero. Voy a ir así.
—¿Así?
—Sí, bueno, me llevaré una chaqueta por si refresca, pero sí, esto es todo el vestido.
Lexa se removió incómoda mientras observaba aquellas hermosas piernas desnudas.
—Llevas poca ropa —acabó diciendo.
—No para esta época —puntualizó divertida, lo cierto es que le hacía bastante gracia ver aquella actitud.
—Se te ven todas las piernas… —dijo como si la idea le enfureciese—. Incluso si me fijo mucho quizá pueda verte el pecho.
—Eh —gritó ella—. No parecía que te disgustase ayer cuando me desnudabas con ansia.
—Pero era yo la que te desnudaba…
—¿Y?
—Pues…. —En ese momento se quedó callada.
—¿Qué? No soy tu esposa, Lexa —dijo cogiendo un pequeño bolso y guardando el pintalabios y el lápiz de ojos en su interior—. Y estás en mi siglo. Este vestido es bastante
recatado, si vieses cómo visten las chicas de hoy en día te daría un ataque al corazón.
Ella la observaba con una mezcla de enfado y sorpresa.
—Vamos —continuó ella con voz animada—. Será que no te gusta —La provocó extendiendo los abrazo hacia ella con una sonrisa.
—Sí me gusta, claro que me gusta, pero considero que…
—Bla, bla, bla… —interrumpió haciendo que ella tensase su mandíbula.
Lexa ladeó su rostro hacia ella en una actitud intimidante.
—¿Perdona? —preguntó dando un paso hacia ella algo tensa, como si el hecho de que le hubiese interrumpido le molestase.
Ella le miró fijamente y tragó saliva.
—Vaya, qué seria te pones —susurró mientras daba los últimos pasos para ponerse justo frente a ella.
—Con ese vestido vas a hacer que todos los hombres te miren.
En ese momento ella sonrió.
—¿Y qué problema hay? —Se burló sonriente—. Tengo que buscar un marido, ¿no crees?
Lexa inclinó una ceja y se acercó más a ella, como si se retasen la una a la  otra.
—Un hombre si te ve así vestida no se fijará en ti para ser tu marido, pensará que eres una prostituta.
Ella ahogó un grito.
—Un hombre de este siglo no pensará eso —Rechinó ella de dientes—. Recuerda que la moda evoluciona también, en tu época era diferente, usaban mucha más…
—Tela —acabó diciendo Lexa. La miró de arriba a abajo—. ¿No tienes otro vestido? Algo más…
—¿Más largo?
Ella la miró y afirmó rápidamente.
—Pues no —pronunció haciendo que ella apretase los labios—. Este vestido se queda donde está, ¿entiendes? —hiperventiló.
—No estoy de acuerdo.
—Me da igual si no estás de acuerdo.
—Lo enseñas todo —volvió a decir apretando su mandíbula, con la voz más grave de lo normal.
—Pues mejor para ti… así disfrutarás —Dio un paso hacia Lexa elevando su mirada.
—Lo voy a disfrutar yo y todos los hombres de esa dichosa cena de trabajo —Comentó mirándola enfadada.
—Pues que lo disfruten, la vida está para eso… para disfrutar —Le provocó.
Ambas se miraron fijamente, con gesto serio durante varios  segundos, intentando calmarse pero no lo
soportó más, aquella pelea le había excitado. Se abalanzó sobre ella buscando sus labios con urgencia, con una necesidad que iba más allá de lo que había sentido hasta entonces.
Clarke parecía estar en el mismo estado que ella. Se agarró a su cuello y cuando Lexa la cogió por la cintura elevándola rodeó con sus piernas la cintura de ella, dejándose llevar
hacia la cama sin perder el contacto con sus labios ni un solo segundo.

Ojos verdes. (Clexa)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora