capitulo 24

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24.
Raven despertó con ganas de devolver. Oh, sí, iba a echar hasta la primera papilla. Se
incorporó en el asiento y se puso en pie, luego se distanció con dificultad hasta un árbol.
Inclinó su cuerpo hacia delante y vomitó todo lo que contenía su estómago.
Se quedó unos segundos recuperándose, jadeante, desubicada. Cuando alzó la mirada
un grupo de jóvenes la miraban con desagrado.
—¡Como si vosotros nunca hubieseis vomitado! —dijo con algo de vergüenza.
Se irguió llevándose la mano al estómago. Aún lo tenía algo revuelto, pero al menos ya no estaba tan mareada como antes.
Se pasó la mano por la frente notándola humedecida por un sudor frío. Menuda turca había pillado.
Gimió y miró alrededor. ¿Dónde estaba Clarke? Recordaba que la había ayudado a salir
afuera para tomar el aire. ¿La había dejado allí sola?
—Será hija… —susurró mirando de un lado a otro.
Le sonaba algo de que había dicho que ahora venía. Ni siquiera recordaba si hacía
mucho o no. La muy… seguramente habría ido a buscar a Paul para decirle el estado en el que se encontraba.
—No, no… —gimió. No quería que Paul la viese así, llevaba poco tiempo con él. Era un
chico respetable, sabía que no le haría ni pizca de gracia que ella se hubiese cogido
aquella cogorza —. Mierda… —susurró antes de avanzar hacia la discoteca.
Aún le costaba dar un paso por delante de otro sin irse un poco de lado, pero
necesitaba llegar hasta Clarke e intentar calmar los ánimos.
Lo primero que hizo nada más entrar fue buscarla. Entre que había demasiada gente y
que el ambiente era un poco oscuro no lograba identificarla.
Comenzó a moverse entre toda aquella gente, intentando esquivar sin mucho éxito
los pisotones y empujones de todos aquellos que bailaban al ritmo de aquella música electrizante.
Un muchacho se puso frente a ella intentando bailar, pero lo empujó sin miramiento
ni modales. No tenía tiempo que perder. Observó como el muchacho la miraba con gesto
de pocos amigos pero lo ignoró y siguió avanzando hasta el último lugar en el que
recordaba que habían dejado a Paul y a Lexa.
El calor era insoportable. Giró sobre sí misma hasta que reconoció la alta figura de
Lexa al final de la discoteca, charlando con Paul.
Avanzó hasta allí sorteando a todos hasta que se encontró con la sonrisa de Paul, que parecía feliz de volver a verla.
—Al fin, sí que había cola en el aseo —pronunció mientras la cogía de la cintura, luego
se fijó más en su rostro—. ¿Te encuentras bien? —preguntó preocupado.
—Estoy un poco mareada —dijo buscando a Clarke, al momento observó como Lexa
parecía hacer lo mismo que ella— ¿Y Clarke? —preguntó elevando más el tono.
Lexa se acercó un poco más a ella.
—¿No había ido al aseo contigo? —preguntó preocupada.
Raven volvió a mirar alrededor.
—Me ha acompañado un rato afuera… por el mareo. Pensaba que había entrado…
—¿No la has visto? —preguntó Lexa más impaciente.
Ella hizo un gesto de desagrado mientras seguía buscándola.
—Me he quedado un poco traspuesta y no…
Lexa no escuchó más. Comenzó a avanzar entre todos buscándola con urgencia y ansiedad. ¿Dónde se habría metido?
Parecía que había acompañado a Raven fuera de la discoteca. Avanzó directamente
hacia afuera sin entretenerse a buscar más dentro. Lo que más le asustaba es que se
hubiese quedado dormida en algún lugar, se hubiese mareado… o algo peor. Aquello le
puso en alerta y comenzó a avanzar más rápido hacia la salida. Era extraño que no
estuviese con Raven, pero peor aún era que Raven no supiese dónde se encontraba.
Salió de la discoteca con los nervios a flor de piel. Si le había ocurrido algo se moriría.
Notó como un miedo superior a todo lo que había experimentado hasta ese momento se apoderaba de ella.
En su vida había pasado muchos peligros, guerras… pero el miedo que sentía en ese
momento, tan intenso, no lo había experimentado nunca.
La suave brisa movió sus cabellos castaños hacia atrás. Comprobó de un lado a otro.
Había muchas chicas jóvenes, pero ninguna de ellas era Clarke.
Se dirigió hacia una de las esquinas y comprobó la calle de al lado. Había mucha
gente, pero no reconoció a Clarke entre la multitud, comenzaba a asustarse.
—Mierda —susurró girándose hacia atrás y comprobando una zona con bancos y árboles que había justo enfrente.
Al momento, le llamó la atención la sonrisa algo pícara de unas jóvenes que le miraban, al otro lado de la calle.
—Disculpad —pronunció dirigiéndose a ellas. Las tres muchachas que integraban un
grupo se siete personas se giraron con sonrisas coquetas hacia ella—. Estoy buscando a una
mujer. No sé si la habéis visto. Es rubia, ojos claros, llevaba un vestido negro ajustado, corto…
—La de la borracha —bromeó una.
Lexa se giró hacia aquella joven. Tenía el cabello rubio y largo y vestía con una falda excesivamente corta.
—¿La de la borracha?
—¿Iba con una chica que vestía con un vestido verde?
—Sí, Raven —respondió con ansiedad, colocándose ante ella.
—Ha estado con esa chica sentada en ese banco. Menuda borrachera llevaba su amiga
—comenzó a reír—. Ha comenzado a vomitar en ese árbol…
—Qué asco, tía —dijo otra de las chicas.
—¿Y sabéis dónde puede estar? —preguntó Lexa.
La chica rubia llamó de nuevo su atención.
—Se ha ido con un hombre.
Aquello hizo que Lexa irguiese su espalda.
—¿Con un hombre?
—Sí, con un tío. Se ha ido en esa dirección. Nos ha llamado la atención porque ha
dejado a su amiga ahí sola, inconsciente… estábamos a punto de ir a ayudarla cuando se ha despertado…
La chica dejó de hablar cuando Lexa salió a la carrera hacia donde le habían indicado.
Cruzó la calle e incrementó el ritmo. Aquella calle estaba más vacía, era más estrecha,
un callejón bastante más oscuro, lo cual le hizo ponerse en alerta. Por Dios, no creía que Clarke se hubiese ido por voluntad propia con un hombre, como la tocasen o le hiciesen
algo juraba que lo mataría. No tendría piedad alguna.
Siguió corriendo calle abajo, cruzándose únicamente con una pareja que se besaba
apasionada contra la pared de un edificio, hasta que se detuvo. ¿Pero dónde estaba? Miró
de un lado a otro de la calle. Los edificios eran altos, la iluminación era tenue, pues había pocas farolas y emitían una luz pobre.
Notó como la desesperación le embargaba. Iba a gritar su nombre cuando un gemido
le alertó. Se giró y avanzó unos pasos más, atenta a lo que escuchaba.
—Suéltame, maldito hijo de puta —escuchó que gritaban.
Clarke intentó apartar la mano de su boca mientras intentaba golpearlo con su rodilla.
—La próxima vez harás tu trabajo como te corresponde —gruñó William intentando levantarle el vestido de nuevo.
Clavó las uñas en la mano que subía por su pantorrilla haciendo que William gimiese, pero lejos de quejarse más elevó su mano y la estampó por segunda vez en la mejilla de
Clarke, haciendo que se golpease contra la pared.
Aquel segundo golpe había sido más fuerte que el primero que le había dado, e hizo que su mejilla comenzase a latir.
—Estás loco si piensas que voy a seguir representándote —Le gritó luchando con todas sus fuerzas.
—Y tanto que lo harás, para eso te pago —pronunció empujándola de nuevo contra la
pared—. Hija de puta —Le susurró—. Bastante dinero me habéis robado ya, y no me ha servido de nada. Al menos, que sirva de algo todo lo que te he pagado —continuó mientras
la rodeaba de nuevo con sus brazos apretándola contra la pared.
Clarke intentó deshacerse de aquellos brazos que la comprimían contra la pared.
—Así me gusta… —gimió en su oído—. Es mucho más divertido si te resistes.
Ella gimió al borde del llanto mientras peleaba con uñas y dientes, pero William logró capturar sus dos muñecas con una mano y elevarlas hacia arriba. En ese momento notó
como la mano de William descendía por su cintura y luego pasaba ya a la piel desnuda de su pantorrilla.
—Oh, sí… —gimió al notar la suave piel femenina—. Pienso cobrarme lo mío, y tú no vas a poder hacer nada por evitarlo.
—Ella no —dijo Lexa en la puerta del pequeño portal donde la había metido—. Pero yo sí. Automáticamente, elevó su pierna y lo golpeó en el costado haciendo que saliese
disparado hacia la puerta de madera de aquel piso. Perdió el equilibrio al golpearse y cayó al suelo.
Lexa bajó los dos escalones del portal y ayudó a levantarse a Clarke que parecía encontrarse en estado de shock.
—¿Estás bien? —preguntó acelerada, mirando fijamente a William.
Ella no pronunció palabra, simplemente afirmó con su rostro.
William comenzó a levantarse, mientras se llevaba la mano al hombro dolorido con el que había chocado contra la puerta. Lexa  la sacó del portal y se volvió de nuevo hacia
William, colocándose delante de ella, protegiéndola.
¿Que si Lexa daba miedo? Realmente no pensaba que pudiese darlo tanto hasta que lo había comprobado con sus propios ojos.
William subió los dos escalones del portal señalándole con el dedo, con gesto realmente furioso.
—¿Pero tú quién te has creído que eres niñata de mierda? —gritó abalanzándose hacia ella.
Estaba claro que el requisito de buena luchadora lo cumplía a la perfección. Le bastó con apartarse con un movimiento rápido de la trayectoria de William, cogerlo por el
cuello de la camisa e impulsarlo contra la pared del edificio que tenía enfrente con todas sus fuerzas.
William rebotó contra el edificio gritando de dolor, cayendo al suelo. Se llevó las manos hacia la boca, de la que comenzaba a brotar bastante sangre.
—¡Hija de puta! —gritó con voz pastosa por la sangre, mientras se la limpiaba con la mano, comprobando que tenía uno de los dientes en ella— ¡Me has arrancado un diente! —
gritó hacia ella.
Clarke dio un paso hacia atrás, apartándose.
—Qué pena —se burló Lexa, la cual avanzó hacia él—. Voy a retocarte la nariz también. —Elevó su puño y lo estrelló contra el rostro de William, aunque dicho puñetazo
ya no pudo resistirlo y cayó al suelo, inconsciente.
—Madre. Mía —susurró Clarke mientras observaba boquiabierta a Lexa, la cual golpeaba levemente con el pie el estómago de él para que reaccionase.
—Vamos, levanta —gritó Lexa agachándose sobre él. Estaba claro que tenía ganas de pelea—. ¡Que te levantes! —exigió.
Clarke tragó saliva y se acercó.
—Creo… creo que está inconsciente —balbuceó.
Lexa giró su rostro para observarla y la miró de arriba a abajo comprobando que estaba bien. Ladeó su rostro de nuevo hacia aquel hombre que permanecía tirado sobre el
suelo húmedo y volvió a golpearlo en las piernas para que reaccionase.
—Maldito endeble —susurró—. Cobarde —pronunció en un tono más elevado mientras se distanciaba de él y se acercaba a ella. La cogió del brazo acercándola—. ¿Tú estás bien?
—preguntó ya centrando toda la atención en ella. Ella aceptó débilmente, aún impresionada porque la hubiese encontrado. ¿Había salido en su búsqueda? Aunque al
momento observó como Lexa arrugaba su frente al notar que su mejilla estaba colorada
por los golpes que le había propinado ese desgraciado—. Maldito…
—No es nada —susurró ella apartando la mirada de ella.
Notó como la respiración de Lexa se aceleraba por la ira, pero pareció controlarla mientras la seguía sujetando por el brazo, examinándola.
—Vámonos de aquí —gimió ella mirando a William.
Lexa aceptó mientras la sujetaba por la cintura y la ayudaba a caminar, pues parecía
que fuese a desmoronarse en cualquier momento, pero no se contuvo cuando volvió a
pasar al lado de William y le propino otra patada más fuerte que las anteriores.
—Esta de regalo —dijo mientras seguía avanzando. En ese momento Clarke le observó
fijamente, Lexa se dio cuenta de ello y la miró seria—. Y tiene suerte de que no tenga aquí mis armas…
En ese momento comenzó a tranquilizarse. Lexa había ido a buscarla, la había salvado. Si no fuese por ella seguramente William…
—Gracias —dijo intentando contener un puchero, aunque a duras penas lo consiguió.
Lexa la abrazó mientras seguían caminando.
—No te preocupes, tranquila —dijo besando su cabello.
—No sé ni cómo me ha encontrado… —gimió girándose para observarlo al final de la calle, aún inconsciente.
Aquella frase llamó la atención de Lexa.
—¿Encontrado? ¿Lo conocías?
—Es uno de mis clientes… —gimió de nuevo—. El juicio no fue muy bien… lo condenaron y… —finalmente rompió a llorar.
Lexa la observó fijamente, aún rodeándola con su brazo.
—¿Es uno de tus clientes? ¿De esos a los que defiendes? —preguntó sorprendida.
Ella volvió a afirmar.
—Lo han condenado a prisión —explicó mientras notaba que una lágrima resbalaba
por su mejilla—. Estaba enfadado. Tengo que hacer un recurso la semana que viene y… —
No lo soportó más y se tapó el rostro con las manos.
Lexa la abrazó mientras acariciaba su cabello intentando calmarla.
—Shhhh… ya está.
Qué contraste tan grande, hacía pocos minutos estaba experimentando el terror más
intenso entre los brazos de William, y ahora, sin embargo, los brazos de Lexa eran el lugar más seguro en el que podía encontrarse.
Se abrazó fuerte a ella mientras rompía a llorar por los nervios acumulados hasta que fue calmándose. Lexa dejó que se desahogase hasta que se apartó observándola de nuevo.
—Supongo que no vas a volver a defender a ese hombre, si es que se le puede llamar así.
Ella negó.
—No —respondió sorbiendo por la nariz y pasándose la mano por la mejilla. Intentó
relajarse y pensar con frialdad—. Le contaré a mi jefe lo sucedido.
—¿Y qué hacemos con él? ¿Quieres que lo ate a…?
—Debería llamar a la policía —susurró pensativa—. Pero no quiero dar explicaciones.
Me preguntarían por ti. —Cogió su pequeño bolso y rebuscó en él.
—¿Qué vas a hacer?
—Informaré simplemente de que hay un hombre inconsciente en la calle, no quiero que una muerte cargue sobre nuestra consciencia.
—Por mí no te preocupes, a mi no me pesa —dijo Lexa con voz grave.
Ella chasqueó la lengua
—Que avisen a los equipos médicos —siguió ella ignorando su último comentario—. Y
de todas formas no creo que él diga nada que pueda relacionarme, si no podría delatarlo.
—¿No vas a explicar lo que ha hecho?
Ella negó.
—No, debería hablar de ti entonces, y recuerda que vas indocumentada.
Ella se removió incómoda.
—Ese hombre merece ser castigado.
—Ya le has castigado tú.
—Ajá —pronunció sonriente, aunque esa sonrisa distaba mucho de ser de felicidad—. Solo había comenzado con él.
—Me lo imagino —pronunció marcando el número de la policía.
—¿Y nosotras qué hacemos?
Ella le contempló unos segundos antes de pulsar el botón de llamada.
—Si no te importa prefiero irme a casa —pronunció algo tímida—. Avisaré también a Raven.
Ni siquiera habían esperado a que la policía llegase. Se habían marchado de allí nada
más realizar la llamada y avisar también con un mensaje a Paul, dado que Raven no creía que estuviese en condiciones de coger el móvil.
El mensaje había sido escueto, simplemente un: nos marchamos a casa, ha habido un
problema. Dile a Raven que no se preocupe, todo bien. Pero sabía que a la que Raven estuviese mejor la cosería a mensajes y preguntas.
Al menos ella estaba con Paul y seguro que se encargaría de llevarla a casa.
Volvió a contemplar el reflejo de su rostro en el espejo del aseo y se pasó un dedo suavemente sobre la piel amoratada.
—Debería haberlo matado —dijo Lexa, que la observaba desde debajo del marco de la puerta. Le mostró la bolsa de guisantes congelados—. ¿Esto es lo que me pedías?
Ella la cogió.
—Sí, gracias —susurró colocándosela en la mejilla.
Lexa la contempló, era tan pequeña, tan frágil. Notó de nuevo aquella oleada de
sentimientos de protección hacia ella. Era tan delicada… la protegería con su vida si fuese necesario.
—¿Te duele mucho? —preguntó apartando la mano de ella y sujetando ella misma la
bolsa de guisantes. Aquel gesto la enterneció. No comprendía como la mujer de Lexa podía haberle abandonado.
—No, muy poco.
Lexa la miró fijamente y aceptó, aunque una mueca de dolor atravesó su rostro.
—Oye,… te… ¿te ha tocado? —preguntó con delicadeza.
—No —susurró—. Pero lo ha intentado —acabó admitiendo.
Notó como la bolsa de guisantes crujía bajo los dedos de ella, aunque no incrementó su presión sobre su rostro.
—Este es un mundo peligroso para ti —le susurró.
Ella medio sonrió.
—No es tan peligroso. Simplemente hay mucho loco.
—Pero tu trabajo… deberías cambiar de trabajo.
Ella suspiró.
—No es fácil, Lexa —explicó con delicadeza—. Hoy en día es difícil encontrar un
trabajo, y tengo que pagar gastos de la casa, alimentarme…
—Ya —dijo no muy segura—. Pero corres un riesgo innecesario. En mi época lo hubiese matado y nadie hubiese dicho nada al respecto. Se lo tendría merecido.
—Los tiempos cambian. —Suspiró y cogió de nuevo la bolsa de guisantes apartando la mano de ella.
—Aquí no estás protegida —dijo con dolor en su voz.
Ella le miró dudosa.
—Bueno, en todos sitios hay peligros. En tu época también habría locos, gente que hacía cosas malas.
—Sí —admitió—. Pero yo no permitiría que nada malo te ocurriese.
Aquello la dejó un poco descolocada y le miró confundida. Se removió incómoda y decidió abandonar el aseo.
Pluto se encontraba en su habitación, moviendo la cola ante la entrada de ella, lo cual le hizo sonreír.
Aquella última frase de ella la había dejado conmocionada. Ella estaría a su lado, la protegería de cualquier cosa, lo sabía, pero… ella se marcharía.
Se giró y se encontró con Lexa casi a su espalda, ni siquiera la había escuchado
seguirle. Dio un paso atrás distanciándose de ella y se mordió el labio.
—Y… ¿Por qué no te quedas aquí? Conmigo —susurró algo tímida.
Lexa le sonrió de una forma tierna aunque al momento un dolor recorrió su rostro.
No había nada que desease más que quedarse con ella. Ahora, la época en la que había
cabalgado a lomos de un caballo, huido de los casacas rojas, combatido contra
británicos… quedaba muy lejana, como si fuese en otra vida. Lexa quería esa vida, una vida
con ella, pero también tenía muy claro, por lo que le había explicado la bruja, que era
imposible quedarse allí. ¿No sería peor si ella supiese que ella quería quedarse a su lado?
¿Qué se iría en contra de su voluntad? ¿Qué a pesar de que había sido un periodo breve de
tiempo jamás podría amar a una mujer como la amaba a ella?
—No puedo, Clarke —susurró con cierto matiz de dolor.
Ella apartó la mirada de Lexa y aceptó mientras apretaba los labios.
—¿No puedes? ¿O no quieres? —preguntó con temor.
Lexa la observó fijamente, con intensidad, y suspiró.
—No puedo —reconoció al final.
Directamente dio un paso al frente, apartando la bolsa de guisantes con un ligero movimiento de mano y la besó con pasión.
Clarke se abrazó a ella mientras notaba los labios calientes de Lexa pasear sobre los suyos. Aquellas últimas palabras de ella habían significado para ella más de lo que había
esperado. Quería, pero no podía. Sabía lo que la bruja había dicho, cuando acabase el día
lunar ella tendría que marcharse. Pero eso no implicaba que fuera lo que deseaba Lexa.
Se abrazó a ella dejando caer la bolsa de guisantes al suelo y paseó sus dedos por su cabello sedoso, consciente ya de los pocos días que les quedaban juntas y sabiendo que
debía aprovechar al máximo cada minuto que tuviese junto a ella.
Lexa paseó sus manos con delicadeza por su pequeña cintura, notando como ella se abrazaba fuerte a ella, notando esa necesidad crecer en su interior.
Comenzó a desabrocharse la camisa con urgencia, pero para cuando Clarke iba a quitarse el vestido Lexa no se lo permitió. Directamente lo cogió ella subiéndoselo por los
brazos y arrojándolo al otro lado de la habitación. Volvió a rodearla con un brazo mientras
con el otro acababa de desvestirse y ella hacía lo mismo.
Para cuando llegaron a la cama ya estaban completamente desnudas, cuerpo contra cuerpo.
Se tumbó sobre ella sin apartar los labios de los suyos, acariciando cada milímetro de
su cuerpo como si aquella fuese la última vez. No quería dejarla, quería quedarse allí, con ella, lo deseaba más que nada.
La besó y comenzó a desplazar sus labios por su cuello mientras ella acariciaba su espalda y sus hombros.
Se arrimó al cuello de Lexa y le besó desplazando también su lengua. Lexa no debía
esperar aquello dado que gimió al momento y se incorporó más sobre ella volviendo a atrapar sus labios.
Entró en ella poco a poco, saboreando cada momento, observando como ella le
recibía con pasión en la mirada, con deseo infinito. Comenzó a balancearse con
delicadeza, expresando todo el amor que emanaba, el miedo a perderla, el miedo que sentía al dejarla sola, pero se sorprendió cuando sus ojos se toparon con los de ella. Ella le
miraba con la misma pasión y ternura que lo hacía Lexa.
Agachó su rostro hasta sus labios y la besó de nuevo mientras se fundían en un solo cuerpo.

Ojos verdes. (Clexa)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora