capitulo 13

956 87 7
                                        

13.
Franki volvió a bostezar ante la atenta mirada de Clarke y Raven.
—Sí, agente —pronunció con la voz apagada por el sueño—. Han tenido suerte de que yo estuviese aquí.
Todos observaron como metían al último de aquellos ladrones en el coche de policía.
Al menos, habían tenido suerte y ninguno de ellos había visto su rostro.
—Los nudos son perfectos.
Franki se encogió de hombros.
—Estuve en los Boy Scouts de América en mis vacaciones de fin de curso con el colegio.
El agente lo miró sorprendido y aceptó mientras acababa de rellenar unos
documentos. Entregó una copia a cada uno de ellos y sonrió de nuevo a Franki.
—Pues para ser un camarero de discoteca se desenvuelve muy bien.
Franki incrementó más su sonrisa y se encogió de hombros. El policía se giró hacia Clarke.
—Sería conveniente que mañana os pasáseis por comisaria a declarar.
—Claro —respondieron todos.
—Buscaremos al hombre que permanecía en la calle esperando, si lo encontramos se
lo notificaremos —explicó con un movimiento cortés de su rostro, despidiéndose.
—De acuerdo, muchas gracias —susurró Clarke cerrando la puerta.
Se apoyó durante unos segundos contra ella y cerró los ojos intentando calmarse. Al
menos, Raven y Franki habían acudido en su ayuda.
—Muchas gracias —Se giró hacia ellos.
Raven se encogió de hombros mientras Franki ampliaba más su sonrisa.
—¿Estás de broma? —pronunció él divertido—. ¡Joder! ¿Puedo explicar esto en el
curro? —Clarke enarcó una ceja hacia él, a lo que Franki negó con su rostro rápidamente—.
No lo de tu amiga, eh. Me refiero a bueno... si... si podría decir que yo...
—Claro, haz lo que quieras —dijo ella apoyándose contra la barandilla de la escalera—.
Lexa —gritó hacia la planta alta—. Ya se han marchado, puedes bajar.
—¡Bien! Hay una chica en la discoteca que llevo bastante tiempo detrás de ella. —Miró
hacia su amiga Raven—. Amy —explicó—. Seguro que si le digo lo mismo que al policía logro captar su atención.
Observó como Lexa bajaba las escaleras con un rostro algo tenso, acompañado de
Pluto que se lanzó corriendo hacia Raven.
—¡Hola, Pluto! —gritó agachándose para hacerle unas carantoñas.
—Ya está todo solucionado —explicó hacia Lexa, la cual se colocó frente a ellos.
Franki dio un paso hacia ella tendiendo su mano, pero Lexa la observó sin comprender.
—Encantado, soy Franki —aunque al momento bajó su mano.
—Lexa —pronunció seriamente.
Clarke los observó a ambos. Franki era guapo, no podía negárselo, pero con Lexa al
lado quedaba bastante eclipsado. Le sacaba un par de centímetros de altura y aunque
Franki tenía los músculos marcados, producto de horas de gimnasio, se le notaban
demasiado y parecía que estuviese hinchado. Lexa, sin embargo, era pura fibra, imponía mucho más.

 Lexa, sin embargo, era pura fibra, imponía mucho más

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

—Vaya, lo que has hecho con esos tíos... es impresionante —dijo Franki muy sonriente
—. ¿A qué te dedicas?
—Es militar —intervino Clarke rápidamente—. Pero fue expulsada del ejército hace unos
años por agresiva, por eso necesitábamos tu ayuda.

Raven se interpuso entre los dos, intentando frenar la conversación.
—Bueno, Franki, será mejor que nos vayamos —dijo colocando una mano en la espalda
de él, empujándolo hacia la puerta de salida, girándose hacia Clarke y guiñándole el ojo en actitud de complicidad.
—Gracias —susurró a su amiga.
Ella le devolvió la sonrisa mientras sacaba a Franki fuera de la casa con bastante
urgencia. Era consciente de que cuantas menos preguntas hiciese mejor.
—Nos vemos mañana en la comisaría —pronunció cerrando la puerta para que Franki
no siguiese con preguntas incómodas que no sabían cómo responder.
Bueno, aquella vez había ido bien, se habían librado. Podía ser todo un problema para
una abogada tener a una persona indocumentada en casa. Sonrió contenta por haber
logrado salir de aquel problema y se giró para observar a Lexa, pero esta no sonreía. Al
contrario, se encontraba de brazos cruzados y con una mirada realmente seria hacia ella.
—Mierda —susurró caminando hacia el comedor. Recordaba que le había dicho que
después mantendrían una seria conversación. No tenía ganas de conversar ahora. Eran
casi las cinco de la madrugada y en tres horas se tenía que levantar para acudir a dos
juicios. Lexa comenzó avanzar hacia ella con una actitud intimidante—. Oye, sé que
tienes muchas ganas de hablar, pero yo mañana madrugo y me quedan únicamente tres horas para poder...
—¿Es que estabas deseando morir? ¿O que te violasen? —preguntó con un tono de voz enfurecido.
Ella le miró enfadada.
—No pienso hablar contigo ahora —dijo dándose media vuelta y deshaciendo el
camino que acababa de hacer. Fue hacia las escaleras y comenzó a subir dándole la
espalda—. Yo trabajo mañana, tengo dos juicios que celebrar y necesito descansar un
poco.Llegó a la planta de arriba y observó antes de girar la esquina como Lexa la seguía
con paso firme. Oh no, no pensaba dejar que la sermonease ahora. Sabía que sus
intenciones eran buenas, pero lo que menos necesitaba en aquel momento después de los
nervios que había pasado era el discurso de un macho alfa.
Iba a entrar en su dormitorio cuando su voz le detuvo.
—Ven aquí ahora mismo —ordenó. Al momento apareció Pluto ante ella moviendo la
colita—. Tú no —gruñó hacia el perro.
—No pienso ir —pronunció secamente—. Necesito descansar. Mañana hablamos.
Entró y cerró la puerta tras ella, pero se puso en tensión cuando escuchó unos pasos
apresurados que se dirigían hacia su habitación.
—No, mierda —susurró cogiendo la silla. Sabía que estaba enfadada, y mucho. De
acuerdo, había sido un poco inconsciente por su parte bajar cuando estaban robando,
incluso una locura, pero eso ya lo sabía, no necesitaba que la sermoneasen a aquellas horas de la madrugada.
Corrió hacia la silla y la colocó bajo la puerta apoyándola en el pomo justo cuando este se giró.
—Clarke —escuchó que gruñía desde detrás—. Abre la puerta ahora mismo.
—¿Para qué? —gritó ella.
—Abre.
—No. Estás enfadada.
—No estoy enfadada. Estoy furiosa —reconoció mientras seguía empujando la puerta.
—Ja —gritó extendiendo los brazos hacia la puerta—. Pues menos aún voy a abrir.
—Ábrela o la echo abajo —gruñía mientras seguía empujando la puerta.
—Ni loca. ¡Voy a dormir!
—Oh, no... ya te lo he dicho antes. Tú y yo vamos a mantener una seria conversación.
—Una conversación se puede tener con una puerta de por medio, así que di lo que
tengas que decir y ve a... —Se quedó totalmente parada y abrió los ojos al máximo cuando
escuchó como la silla crujía. Al momento, la puerta cedió abriéndose, mostrando a una
Lexa con una mirada realmente enfurecida. —¡Pero serás bruta! —gritó hacia ella—. ¡Te has
cargado mi silla! —Lexa pasó a su habitación con los brazos cruzados y su rostro algo
ladeado—. Vas... vas a tener que arregla... arreglarla —pronunció dando unos pasos hacia
atrás. —Pues ya la arreglaré —dijo de forma seca. Fue hasta ella y la cogió del brazo
acercándola a ella—. Jamás —pronunció con tanta fuerza que Clarke tragó saliva—. Jamás vuelvas a ponerte en peligro de esa forma. ¡Eres una inconsciente, mujer!
Ella intentó soltarse.

Ojos verdes. (Clexa)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora