11. Lexa volvió a observarla enfurecida mientras Clarke se llevaba su sexto chupito de tequila a los labios. Nada más dejarlos en casa y de que Raven se marchase, Clarke había ido directa al mueble bar, de donde había cogido la botella de tequila e iba rellenándose el chupito cada vez que lo bebía. Le había ofrecido a Lexa uno de aquellos vasitos pero lo había rechazado. Se había sentado frente a ella, con la espalda totalmente apoyada contra el respaldo y se había limitado a observarla con una mirada que daba a entender su disconformidad con lo que estaba haciendo. -Deja de mirarme así. -Le recriminó mientras se rellenaba de nuevo el chupito.
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Lexa no apartó la mirada, simplemente la endureció más-. Deberías acompañarme. Sería más divertido. Lexa no apartó la mirada, parecía bastante tensa. Alargó su mano hasta la botella para retirarla del alcance de ella, pero Clarke la cogió colocándola en su pecho, abrazándola. -¡Mía! -gritó con cierta agresividad. Lexa suspiró. -Creo que ya has bebido suficiente -pronunció con calma. -Que va, aún recuerdo todo lo que ha dicho la pitonisa -dijo sirviéndose otro chupito más. Aquella actitud pareció desquiciar a Lexa que se levantó, rodeó la mesa y le quitó la botella mientras ella refunfuñaba. -Esto no va a solucionar tus problemas. -Pero me hará olvidarlos durante un rato -dijo mientras intentaba coger la botella. Lexa la alzó, ella se puso de puntillas intentando cogerla, desde luego era una mujer alta. Se puso plana y le miró enfadada-. ¿Te crees muy graciosa? -No. Pero no me resulta nada atractivo una mujer bebiendo. Ella se encogió de hombros. -¿Y qué más te da? Tú te irás en veinticinco días y jamás volverás a verme. -Intentó coger de nuevo la botella pero Lexa se la apartó. -Al menos déjame recuerdos agradables -pronunció mientras esquivaba su mano-. No puedes pretender beberte una botella cada vez que tengas problemas. Ella resopló y se cruzó de brazos. -Oye, ¡que no soy una alcohólica, eh! -Se señaló a sí misma-. Solo bebo alguna copa los fines de semana, si es que salgo. ¡Pero esto me sobrepasa! -gimió-. Por Dios, hice un conjuro de amor para atraer al amor de mi vida y me traen a una mujer del mil setecientos cuarenta y cinco, y que además se marchará. No es justo -gritó, aunque luego hizo un puchero- ¿Por qué me pasa esto a mí? -Aquel cambio de actitud sorprendió a Lexa-. Estuve con Finn casi siete años, ¿sabes? -continuó enfadada-. Y después de todo ese tiempo en el que se lo di todo, se fue con otra. Con esa secretaria estúpida - pronunció enfurecida. Luego lo miró-. Me partió el corazón. ¿Por qué se fue con otra mujer? ¿Acaso yo no era suficiente para él? -volvió a gemir mientras intentaba controlar las lágrimas-. Te aseguro que soy buena persona, y cariñosa, soy atenta... pero no, él solo vio a aquella mujer despampanante de tetas grandes -susurró dándose la vuelta y dirigiéndose a la mesa-. Y luego -se giró de golpe extendiendo los brazos hacia el cielo-, los espíritus del amor se burlan de mí -y la señaló a ella-. No es justo. Yo... estoy muy sola -acabó llorando a moco tendido-. Solo quiero una persona que me valore, que me comprenda... poder llegar a casa y tener a alguien a quien abrazar. -Lexa la escuchaba atenta, sin decir nada-. ¿Es tanto pedir? Ella soltó la botella sobre la mesa y la observó fijamente. -¿Eso es lo que ocurrió? ¿Qué él se fue con otra? Clarke suspiró. -Sí. -Lexa aceptó pensativa-. Los encontré en su oficina a los dos... en una posición muy romántica. -Lo siento. -Clarke se encogió de hombros mientras se secaba una lágrima- ¿Aún lo amas? Ella le miró confundida por su pregunta y negó con inseguridad. -No, creo que no. Amo los recuerdos de él, lo que me hacía sentir... pero ahora, al Finn actual no lo amo. Me hizo mucho daño. No se le hace eso a una persona a la que se quiere. -Cogió una silla y se sentó, rendida-. El viernes pasado me lo encontré en los juzgados, estuvo hablando conmigo tan tranquilo, como si nada hubiese ocurrido entre nosotros, incluso me dijo de quedar para tomar un café. Me daba la sensación de que él quería volver a intentar una relación conmigo, de retomar lo que teníamos. Lexa se sentó frente a ella. -¿Y quedaste con él? Clarke negó. -No, no soy tonta. Conozco a los hombres de su tipo, y sé que si lo ha hecho una vez puede volver a hacerlo. No se merece mi confianza ni mi respeto -acabó diciendo-. Pero el hecho es que me confundió, por eso quedé con Raven esa noche, para salir con ella. Con Raven siempre me divierto, y bueno... -Se encogió de hombros y pronunció en un susurro -, tomamos unos cuantos chupitos. -Señaló con un movimiento de su rostro hacia la botella, aunque al menos, en ese momento, ningún gesto enfadado apareció en el rostro de Lexa-. Cuando salimos del bar Raven vio la tienda de la pitonisa y me llevó a la fuerza. -Ella le sonrió más, con sinceridad-. Reconozco que no quería ir, nunca había creído en estas cosas... hasta ahora -acabó diciendo-. Hice el conjuro pensando que todo era mentira, que jamás lograría nada, solo pasar un buen rato y distraerme, olvidarme de lo que había ocurrido aquella mañana. -Se encogió de hombros y lo miró con los ojos llorosos-. Y luego llegaste tú.