capitulo 16

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16.
Aquellos últimos días en Inverness, al lado del lago Ness habían sido espectaculares.
Hubiese preferido que hiciese algo más de calor, pero lo cierto es que la compañía de
Lexa había sido muy grata. Se había repetido infinidad de veces, hasta la saciedad, que
debía ignorar aquellos sentimientos que comenzaban a surgir en su interior, que ella se
marcharía a su época, al pasado, que se desvanecería como un recuerdo y jamás volvería a
verle. Aquel pensamiento le había llegado a entristecer, pero se había dicho a sí misma
que debía disfrutar el presente y dejar aquellos pensamientos a un lado.
Volvió a pasarse la mano por su rostro con desesperación y fue hacia su maleta para meter el pijama.
—Escuche William, tal y como le dije el otro día, en cuanto tenga la sentencia le
llamaré yo misma —insistió sujetando el móvil contra su hombro para ayudarse de las dos manos.
—¿Pero no te han comentado nada desde el juzgado?
—Ya le he dicho que estoy de vacaciones, varias veces —pronunció sin paciencia.
Reonoció que tenía que morderse la lengua constantemente. Aquel hombre era
insoportable, ahora comprendía porqué su jefe le había dado su caso—. No tengo ninguna noticia ni la tendré hasta que vuelva al despacho.
—¿Y eso cuándo será?
—La semana que viene. —Cerró la maleta de mal humor y volvió a coger el móvil con la
mano—. Puede llamar al despacho y preguntar ahí directamente, yo no tengo noticias de
nada. —Ya, pero, ¿de verdad que no sabes nada de nada?
Ella resopló, y en ese momento no le importó que él escuchase su queja a través de la
línea. —Por undécima vez, William, no, no sé nada. Le aseguro que si supiese algo se lo diría.
—Está bien.
—Cualquier duda que tenga llame al despacho a partir de ahora, ya le digo que estoy
de vacaciones y estoy incomunicada totalmente en lo referente al trabajo.
William resopló, como si aquella frase no le gustase. ¿Y qué quería? ¿Que trabajase
todos los días del año? Estuvo a punto de verbalizar aquella pregunta pero William habló antes.
—Está bien. Que disfrutes de tus vacaciones —y automáticamente colgó.
Se quedó de piedra durante unos segundos al ver su reacción, mientras la ira se iba
apoderando de ella. Menuda falta de respeto la de ese hombre. Hacía escasamente cuatro
días que había hecho el juicio y le había llamado ya unas diez veces, aún sabiendo que ella
estaba de vacaciones y que no sabía nada del tema.
Soltó de mala gana el móvil en la cama y volvió a mirar la habitación intentando centrarse en lo que estaba haciendo.
Bien, todo recogido. Ahora, tendría tres días más en una bonita casa rural que había
alquilado en el centro del Parque Nacional de Cairngorms. Allí podría relajarse, pasear de
nuevo como habían hecho allí, ver las montañas, los lagos… Desvió la mirada hacia su
móvil y durante unos segundos pensó en apagarlo, pero no podía.
Se acercó a la ventana para observar. Estaba atardeciendo, en poco rato sería de
noche. Había decidido aprovechar bien el día allí, dado que la casa rural a la que debían
dirigirse estaba a escasos cincuenta minutos de donde se encontraban.
Había acertado, pues a diferencia del sol del que habían disfrutado durante todo el
día ahora unas nubes negras oscurecían todo el cielo.
Volvió a observar su habitación asegurándose de que no se dejaba nada y fue directa a
la puerta que comunicaba con la habitación de Lexa.
Abrió y observó que sobre la cama tenía ya hecha la maleta.
—¿Lexa? —gritó.
—Sí, ya salgo —escuchó que gritaba desde el aseo, al momento escuchó como el grifo
de la ducha se cerraba—. Ya he acabado, dos minutos.
—Tranquila, no hay prisa —dijo elevando la voz para que le escuchase.
Miró toda la habitación, asegurándose de que Lexa tampoco se dejaba nada cuando algo
llamó su atención. Algo abultaba extremadamente en la maleta que se había preparado
con la ropa que le había comprado. Como una punta que intentaba sobresalir.
—Será capaz… —susurró acercándose a la mochila. La abrió y estuvo a punto de gritar
—. Será cabrona.
Abrió más la maleta observando que había metido en su interior la espada y la pistola.
Definitivamente, aquella escocesa estaba mal de la cabeza. ¿Cómo se le ocurría llevarse de viaje una espada y una pistola?
Las sacó de la maleta, mosqueada. Si no tenía suficiente debiendo lidiar con un
cliente que no la dejaba tranquila ahora descubría que aquella escocesa venida del siglo
dieciocho viajaba con sus armas antiguas. ¿Cómo no se había atrevido a decirle nada?
Se giró con furia y fue directa al aseo. Llamó repetidas veces con bastante fuerza.
—¡Abre!
Lexa abrió la puerta asustada. Estaba totalmente desnuda, excepto por la toalla
blanca que se había enrollado en la cintura.

Ojos verdes. (Clexa)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora