Azumaya despreciaba a cada ser vivo en la tierra, incluso desde pequeño.
Gatos, perros, peces y pequeños reptiles acababan siendo mutilados bajo su mano, sin excepciones. Él era su Dios y ellos sus fieles discípulos, pereciendo de acuerdo a sus caprichos.
Sin embargo, dejó de ser suficiente con el tiempo. Conforme creció fue descubriendo que matar animales no dejaba más que un sentimiento de vacío e insatisfacción al fondo de su estómago, así que, poco a poco, se movió a algo más complejo.
La primera vez fue un accidente, o eso se dijo a si mismo.
Su abuela había estado enferma por ya muchos días-después de todo estaba cerca de los 90-y creyó que, al ser vieja y débil, le estaría haciendo un favor al matarla, así que mientras todos dormían se acercó a su cama y posicionó una almohada sobre su rostro.
Recordaba la sensación de un ser vivo peleando por sobrevivir, sus manos arrugadas aferrándose débilmente a sus pequeños brazos, golpeando y arañando. Incluso días después del entierro las marcas seguían ahí, un recuerdo de su primer asesinato. Pero lejos de sentir arrepentimiento o culpa, sintió decepción.
Supuso que, si no era capaz de sentir nada, era porque la vieja no podía ser considerada humana, y si no era humana, ¿Sería considerado un asesinato en absoluto?
Un asesinato, en su definición, debía ser cometido hacia un ser que dejaría vacío a su alrededor, y debía ser organizado desde el más mínimo detalle al resultado final, todo sin perder aquel sentimiento de espontaneidad y adrenalina.
Tal vez por eso decidió dejar sus estudios en medicina y convertirse en actor.
Ya engañaba a las personas a su alrededor fingiendo ser como ellos, ¿Qué más debía perder?
Por supuesto que no fue difícil. Con su carisma, atractivo natural y encanto logró volverse popular en menos de un año, y ser escogido para una película taquillera como el antagonista.
Hasta ese momento todo había sido pan comido.
Entonces conoció a Takato.
Takato guardaba cierta distancia de las personas, pero no de forma que pudiera considerarse un ermitaño o algo similar. Era cordial y amable sin llegar a revelar mucho sobre sí mismo o sus intenciones. Eso fue lo primero que lo atrajo. ¿Qué tipo de persona era Saijo Takato?
En ese entonces solía dormir con mujeres que conocía por medio de bares. Las llevaba a algún hotel barato-nunca a su apartamento-y las asesinaba una vez tenían sexo. A lo mucho lograban satisfacer una porción de su hambre, pero nunca era suficiente.
Al inicio odió a Takato, encontrándose a sí mismo múltiples veces durante el día teniendo fantasías sobre abrir sus entrañas y darlas como alimento para cerdos. Detestaba esa mirada llena de determinación en sus ojos, su actitud segura y su deseo por ser visto y reconocido, era algo que él nunca tendría. No importaba la cantidad de personas que matara, engañara o extorsionara, jamás estaría satisfecho.
Intentó no pensar en él durante los primeros meses, pero entre más lo evitaba, más aparecía en su mente.
Se imaginaba a sí mismo abusando de él, cortando su cuerpo de pieza en pieza mientras lloraba y suplicaba que se detuviera. Podía saborear el sabor de su sangre, el olor a hierro en su nariz, la sensación de sus intestinos al ser tocados por su mano. Incluso al estar con mujeres pensaba en él, y se preguntaba, ¿Qué sonidos haría Saijo Takato al ser tomado por un hombre?
Jamás había sentido algo así. Hasta el momento no creía ser capaz de experimentar emociones tales como la ira, felicidad o frustración, y, sin embargo, se encontró a sí mismo sintiéndolo todo, incluso al mismo tiempo, solo con dar un vistazo a Takato.
Quería herirlo, pero también preservarlo cual muñeca de porcelana alejada de todo daño. Quería poseerlo, construirlo, destruirlo y volver a empezar.
¿Qué era este sentimiento?
¿Era amor?
Solo pensar en esa palabra le hizo temblar de asco. Por más que fuera a caer por él, jamás se convertiría en amor. Al menos entendía los límites de su retorcido corazón.
Dirigió la mirada al hombre descansando a su lado, saliendo de su propia cabeza. Sonrió involuntariamente, resistiendo aquel deseo de volver a poseerlo. Estaba en terribles condiciones, y la pierna ya comenzaba a infectar y a acomodarse. Unos días más en esa condición llevarían a, mínimo, trastornos en la pierna, incapacitación permanente o, en caso de no curar la infección a tiempo, amputación.
Por más que quisiera, no podía amputar su pierna.
Acomodó la mesa frente suyo, contando los objetos: tornillos quirúrgicos, destornillador eléctrico, pinzas, cuchillos de cirugía, gazas, y alcohol. Era todo lo que había sido capaz de encontrar en la tienda refaccionaria y en internet, aunque con eso sería suficiente. Su tiempo estudiando medicina le había dado experiencia en distintos tipos de áreas. Al menos sabía qué parte de su pierna abrir, el procedimiento a seguir y tiempo que tomaría terminar.
Suspiró, poniéndose los guantes de plástico. Era hora de empezar.
🌰
ESTÁS LEYENDO
Carnal Instinct
FanfictionTakato Saijo, el hombre más deseado número 2, despierta en medio de un apartamento que no reconoce, desnudo, esposado, y con una pierna rota. El monstruo que lo retiene como su prisionero no lo dejará escapar, sometiéndolo a distintos tipos de tortu...
