27: Epílogo

188 12 14
                                        

Las noticias sobre Azumaya Junta y su participación en el asesinato de una niña se expandieron por toda la nación, con decenas de noticieros pasando la misma historia repetidas veces al día. Fue algo que nadie esperaba, al menos no de la persona que todos habían pintado como ángel.

Aún así hubo miles de otros que se negaron a creerlo posible, protestando fuera del edificio de Sasaki para reclamarle por arruinar la imagen de Azumaya.

Sasaki se negó a salir en televisión, su declaración quedando anónima.

Tras una simple investigación a su apartamento, la policía descubrió que Azumaya no vivía solo. Cabellos oscuros fueron encontrados en múltiples parte de la casa, al igual que prendas y posesiones de otro hombre. Las cadenas, cámaras y medidas de seguridad alrededor del apartamento fueron suficiente evidencia para deducir que el hombre estaba encerrado contra su voluntad. No fue difícil para le gente crear especulaciones sobre su identidad, las pruebas de ADN reveladas días después comprobándolo: Saijo Takato había sido secuestrado.

La policía se negó a dar testimonio alguno, aún cuando habían declarado meses atrás no encontrar nada sospechoso en el apartamento de Azumaya.

No pasó mucho antes de que algunos testigos salieran adelante y dieran su testamento. Un camarero de un restaurante que no recibía mucha clientela fue primero, luego un estudiante de universidad que decía haber sido amenazado por Azumaya de no decir nada, y la propia madre de Takato, quien contó como lo había visto el mismo día del asesinato.

Una avalancha de especulaciones cayeron, durando meses antes de comenzar a calmarse. Y como había pasado originalmente con su desaparición, en tan sólo un año la gente olvidó si quiera por qué la policía buscaba a Azumaya Junta.

Pero Takato no se enteró de nada de esto.

— Es una molestia- murmuró bajo su aliento, mirando a la persona delante suyo con fastidio.

Chunta sonrió, animándolo a continuar. Suspiró, tocando una de las opciones que el búho verde del celular le había dado.

Incorrecto. ¡Inténtalo de nuevo!

Lanzó el celular contra el sofá, tomando un gran trago de su lata de cerveza.

— Puedes tomar un descanso, Takato-San- Lo animó Chunta, aunque la expresión de perros que Takato le dio lo hizo entender que era mejor callarse.

Continuó usando la aplicación, las notificaciones de respuestas correctas e incorrectas llenando el lugar.

Deslizó sus dedos sobre la pantalla, tratando de no enfocarse en la sensación nauseabunda en la punta de estos. Había pasado un año, pero el sentimiento de suciedad seguía ahí.

Fue un desastre por los primeros meses de su estadía en España. Cada que cerraba los ojos veía a Nana parada ahí, observándolo. En las noches era despertado por los gritos de Sasaki, y cuando por fin sentía que comenzaba a mejorar, su mente se encargaba de hacerlo entender el tipo de persona que era.

Monstruo.

Cerró los ojos, dejando el celular en la mesita con un suspiro. Chunta posicionó un plato frente suyo, su mirada indicando que no tomaría un no por respuesta. Había ganado peso en ese tiempo, principalmente porque Chunta se había esmerado más que nunca en hacerlo comer.

La comida había dejado de tener sabor meses atrás, pero decirle eso sería una molestia así que sólo tomó el plato, dando una bocanada.

— ¿Te gusta?- preguntó el contrario, sus ojos brillando con expectativa.

Carnal Instinct Donde viven las historias. Descúbrelo ahora