6: Protesta Silenciosa

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Su sangre se heló al escuchar la petición. Rápidamente volvió a forcejear, desesperado por salir de su agarre.

— ¡Suéltame!

— Takato-San.

Azumaya lo tomó por las mejillas con fuerza, haciendo que dejara de forcejear debido al miedo. Los ojos de Azumaya habían cambiado, estaban llenos de un tipo de lujuria sadística que ya había visto antes.

Su cuerpo comenzó a temblar, no sabiendo qué hacer al momento que los dedos del contrario se introdujeron en su boca, abriéndola lentamente. Podía morderlo, pero cualquier tipo de acto rebelde lo sacaría de sus casillas y sólo Dios sabría que sería de él.

— Azumaya- murmuró, sus ojos llenándose de terror puro al verlo posicionar la navaja cerca de su labio inferior.

— Llámame Junta, Takato-San.

Sonrió, causando un escalofrío en él. Quería salir de ahí, no podía respirar sin si quiera inhalar el perfume de Azumaya. Era embriagante, lo hacía querer perder la consciencia y no entendía bien el porqué.

— ¿Recuerdas lo que me dijiste esta mañana?

Sonrió aún más, pasando la navaja por la comisura de sus labios, llegando a su lengua.

—Fueron cosas hirientes. Me dolió, Takato-San, ¿Hay algo que quieras decirme?

Pasó la navaja por su lengua, haciendo pequeños círculos en esta. Una advertencia de que debía ser cuidadoso al escoger sus palabras.

Apretó los puños. Debía tragar su orgullo si deseaba conservar aquello que le mantenía a flote en el mundo del entretenimiento.

— Lo siento.

Soltó al final como pudo, tratando de no mover mucho la boca. El filo yacía rozando levemente su lengua, si hacía algún movimiento precipitado la perdería.

— Lo lamento, Takato-San, ¿podrías repetirlo? No entendí lo que dijiste.

Azumaya sonrió, poniendo mayor presión a la navaja.

Una lágrima se escapó por el ojo de Takato, sintiendo como aquel objeto punzante atravesaba, poco a poco, su carne.

— Lo siento- repitió con mayor intensidad, lastimando su lengua en el proceso. Sintió algo tibio resbalar por su boca, un sabor metálico inundando sus sentidos. Aquella sensación ardiente se esparcía por su mandíbula, su clavícula, sus hombros y espalda. No podía pensar en nada más, mas que en lo grandioso que sería despertar y descubrir que todo era un sueño.

Aferró sus manos a la camisa del contrario, sintiendo desesperación por no poder moverlo un sólo centímetro sin importar lo mucho que intentara.

— 'etente- murmuró en un sollozo, más lágrimas resbalando por sus mejillas.

Aquella vista sólo logró excitar aún más a Azumaya. ¿Cómo podía ser tan tierno y tan lascivo a la vez?

— Llámame por mi nombre, Takato-San.

Takato intentó hacerlo, pero el objeto ya atravesaba más de un cuarto de su lengua y cualquier movimiento diminuto hacía que se enterrara aún más. ¿Lo hacía a propósito, sabiendo que no podía? ¿Estaba probando su determinación?

Intentó una vez más, volviendo a fallar. La sangre comenzaba a acumularse en su boca, deslizándose por su garganta hacia su estómago. Estaba a un movimiento de vomitar, manteniendo la poca comida en su interior con dificultad.

Azumaya esperó por una respuesta, creciendo impaciente con cada segundo.

— Te gusta hacerme esperar- susurró al notar que no lo haría, sonriendo con molestia. Había calculado lo mucho que el objeto podría causarle daño aún antes de introducirlo en su boca, y la profundidad a la que podría llegar antes de volverse terreno peligroso.

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