Cada día era lo mismo. Iba a la escuela, se encargaba de mantener sus conexiones estables, volvía a casa y el día se repetía. Día tras día era un terrible aburrimiento, sentía que se sofocaba en este. Lo que era peor, comenzaba a sentir cosas complicadas, cosas que no podía explicar. Era un vacío en el interior de su pecho, el cual sentía crecer con cada día que pasaba. Dolía, dolía mucho.
Se encontraba sacando la basura como cada miércoles, pensando en como deshacerse de aquel sentimiento cuando escuchó una voz llamarlo:
— Señor, ¿tiene cambio? Por favor.
Su mirada cayó primero en el bebé que llevaba envuelto en una cobija azul bebé, luego en la expresión demacrada de la señora y las ropas que llevaba, no adecuadas para un día como aquel. Que oportunidad tan perfecta.
Volteó hacia atrás, señalando su apartamento.
— Tengo la calefacción encendida, puede pasar a calentarse y comer algo.
La mujer mordió su labio, pareciendo querer negarse, pero al final sólo asintió y lo siguió. Sabia decisión.
— Puede tomar asiento, le traeré algo de comer.
Le indicó una vez estuvieron dentro, a lo que la mujer obedeció, y él desapareció por el pasillo que daba a la cocina. Por supuesto que no tenía intenciones de ser amable con ella, no la había invitado a su casa sólo para alimentarla.
Apretó el cuchillo en su mano, dudando. El vacío en su pecho dolía, y tenía la corazonada de que, esta vez, acabar con una vida no lo llenaría. Comenzaba a consumirlo, a envenenar su mente con pensamientos tontos.
Fue entonces que su mirada cayó en la pequeña caja roja que guardaba arriba del refrigerador.
¿Y si...?
Volvió a la mesa, poniendo un plato de sopa y pan delante de la mujer. Esta no pensó mucho antes de comenzar a comer, devorando los alimentos como si no hubiera comido en días. Y puede que fuera así.
No pudo evitar notar las marcas de agujas y moretones recorriendo sus brazos, al igual que las de uñas, las cuales desgarraban su piel en ciertos lugares. Luego notó al bebé, el cual ahora comenzaba a removerse incómodo pese a no haberse movido ni una sola vez desde que entraron.
Tomó asiento frente a la mujer, aburrido.
— Muchas gracias- agradeció esta entre mordidas. Ni si quiera le había pasado por la cabeza que la comida podía estar envenenada. No lo estaba por supuesto (¿dónde estaba lo divertido con eso?), aunque tampoco es que pudiera negarse.
— Puedo asegurarme de que siempre tenga algo para comer.
Habló, llamando la atención de la mujer. Pasó la comida con dificultad, preguntando:
— ¿cómo?
Junta le regaló una de sus sonrisas angelicales, las que siempre daba cuando quería algo.
Puso la caja roja sobre la mesa, abriéndola para enseñar sus contenidos a la mujer. Era dinero, una cantidad inmensa de dinero.
La mujer observó anonadada, no pudiendo creer lo que veía.
— ¿mi... mi cuerpo?- preguntó, temblorosa.
Junta negó, señalando al lomo en sus brazos.
— Tu bebé.
La mujer se congeló, abrazando a su bebé por instinto.
— Mi... bebé...
— El invierno se acerca, es probable que el bebé muera en sus condiciones actuales. Usted obtendría dinero suficiente para mantenerse hasta que el invierno pase, y yo le daría un hogar estable a su bebé.
— Obtendría el dinero...
Repitió para si misma. Comenzó a rascar su brazo, meciéndose en su lugar. Siguió así por quizá 5 minutos, no notando si quiera cuando el bebé comenzó a llorar de hambre.
— Pero mi bebé...
Junta volvió a sonreír, parándose delante de la mujer para, delicadamente, comenzar a tomar al bebé de sus brazos.
Al inicio puso pelea, aferrándose al bebé como si su vida dependiera de ello, pero entre más veía la sonrisa de Junta y escuchaba a su bebé llorar de hambre, más fue dejando ir de su agarre. Pronto el bebé se encontró en brazos de Junta por completo.
Junta le entregó el dinero y la dirigió hacia la puerta, donde ella continuó con su camino, aún temblando y rascando sus brazos. Probablemente usaría el dinero para comprar drogas, aunque no era que le importara mucho. Había acumulado aquel dinero de lo que sus padres le enviaban por mes, además de que tenía dinero guardado de su trabajo a medio tiempo.
Ahora que se encontraba solo en casa con el bebé tuvo tiempo para pensar en lo que acababa de hacer. No se arrepentía, la expresión de la mujer al dejar ir a su bebé le había traído cierto nivel de placer, aunque ahora no sabía qué haría con él. Tal vez lo cocinaría.
Lo sacó de la cobija, levantándolo alto en el aire para verlo con cuidado. Aparentaba tener 6 meses, tal vez poco más, aunque estaba claramente desnutrido y enfermo. No, no tenía suficiente carne para eso.
Había parado de llorar y ahora lo observaba de vuelta, curioso. Incluso le sonrió, extendiendo sus brazos hacia Junta como si no lo considerara un peligro.
— ¿cómo puedes sonreír?- preguntó- tu mamá te abandonó.
El bebé no contestó (obviamente), continuando con la tarea de lamer sus dedos.
Suspiró, dejando al bebé en el suelo. Este dió vueltas hasta poder sentarse, mirando a Junta. De alguna manera su pecho había dejado de doler, aunque no quiso pensar mucho en ello.
Por ahora se encargaría de conseguir comida, luego pensaría en lo que haría.
...
Gracias por leer ^^
Créditos a @Nightmare_studios06 por escribir el borrador de este capítulo.
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Carnal Instinct
FanfictionTakato Saijo, el hombre más deseado número 2, despierta en medio de un apartamento que no reconoce, desnudo, esposado, y con una pierna rota. El monstruo que lo retiene como su prisionero no lo dejará escapar, sometiéndolo a distintos tipos de tortu...
