𝑪𝑨𝑰𝑵
Play:Jesus of suburbia - Green Day
Cualquiera podría pensar que huyo como un niño al que no le compraron un juguete. Pero no. Esto va mucho más allá, aunque sé que no es fácil de entender. La impotencia y la ira son emociones que me nublan por completo: la razón, la mente, todo. Pensar que mi hermano pequeño podría estar expuesto a lo mismo que yo viví con ese monstruo al que llamamos padre me paraliza. Me atemoriza.
Temor. Una palabra que detesto, porque admitirla es aceptar que la siento a diario.
Y, por otro lado, está ella. Ella, que me hace sentir cosas que no quiero sentir, y en tan poco tiempo. Desde que la vi supe que era un desastre. Y también supe que era especial. Un huracán. Uno al que podría rendirme sin resistencia y dejar que me arrastre. Como saltar al vacío sabiendo que el golpe será mortal. Eso es ella. Y me encanta, aunque me niegue a admitirlo.
Quizás por eso exploté. Quizás aprovechar su error fue solo una excusa para alejarla. Quizás huir de ella fue más fácil que enfrentar lo que me provoca.
Jamás admitiría en voz alta que, desde el primer momento, pensé que podría llegar a amarla.
Y eso también me aterra El amor es una debilidad, y yo me niego a tener más debilidades.
No quiero ver a nadie. Se suponía que saldría con Alastor, pero ni siquiera a él quiero verlo. Tomo las llaves del auto y conduzco hacia el sector más bajo del pueblo. Un verdadero cóctel de drogas es lo único que necesito, y solo allí puedo conseguirlas de buena calidad. Lo único que quiero es borrarme.
Muchos me preguntan por qué me drogo. Yo también me lo he preguntado infinidad de veces. La respuesta es simple: es la única forma que conozco de adormecer al puto demonio que llevo dentro. Adormecer los recuerdos. Adormecer la rabia. Sobre todo esa rabia enfermiza que le tengo a la vida, a mi madre, a mi padre, al hospital psiquiátrico donde estuve encerrado, al juez que le dio la tutela de Nathaniel a ese bastardo. Al sistema entero.
¿Es malo sentir tanto odio? Claro que sí. Pero no tengo espacio para otra cosa. No cuando la vida se ha empeñado tanto en joderme que terminé aprendiendo a joderme solo.
Con todo lo que necesito en el auto, conduzco hacia el único lugar donde puedo respirar en paz. Donde sé que nadie va a molestarme. El mirador. El mismo al que traje a Amethyst el día que la conocí.
A veces me siento un completo idiota. Idiota por ir dejando rastros de ella en cada lugar al que voy.
Enciendo un porro y dejo que suene mi playlist favorita en la radio. La primera canción es "Klavier" de Rammstein. Me siento sobre el capó y miro el cielo, perdiéndome entre las nubes, el humo y la música. Para algunos es algo básico. Para mí, es paz absoluta.
Sonrío al recordar cuando Amethyst me amenazó con su llavero con forma del martillo de Thor después de que la molestara demasiado. Me río solo. Esa chica me vuelve loco. Más de lo que ya estaba.
Conocerla fue como subirme a una montaña rusa sin frenos. Y lo peor —o lo mejor— es que no quiero bajarme.
Niego con la cabeza mientras exhalo el humo. El recuerdo de lo ocurrido vuelve a golpearme con fuerza. Tengo que hacer algo. No puedo permitir que se lleven a mi hermano. Mucho menos con él.
Nathaniel merece algo mejor. Merece vivir, ser feliz. No quiero para él la misma infancia que tuve yo. Y aunque mi padre jamás le haya hecho daño... nada me asegura que eso no vaya a cambiar. Nate es especial. Necesita cuidados, paciencia, cariño. Cosas que ese imbécil jamás ha sabido dar.
ESTÁS LEYENDO
Just Like An Engel
RomanceEn todo pueblo hay secretos. En Graydale, los secretos sangran. Un asesinato desatará una red de mentiras que amenaza con derrumbar el imperio que domina sus tierras. Ella, hambrienta de vida y de algo más. Él, marcado por sus demonios, incapaz de h...
