Capítulo 16

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AMETHYST

Esas palabras. Esa orden. Debería sentir rabia. Debería levantarme y salir corriendo.

¿Entonces por qué sigo aquí?

Sigo sentada, con el pulso latiendo entre mis piernas. Sé que esto es humillación. Sé que debería dolerme el orgullo. Y, sin embargo... lo que siento no se parece en nada a la vergüenza.

Su mano desciende por mi mejilla con una lentitud calculada. El simple roce me eriza la piel. Debería sentirme usada. Debería sentirme sucia.

Pero estoy ardiendo.

Abro la boca sin que vuelva a dar la orden. No me obliga. No esta vez. Soy yo quien cede.

Sus ojos no se apartan de mí. Me observa como si estuviera estudiando una obra que le pertenece. Su mano se desliza hasta mi nuca y guía el movimiento con una firmeza casi elegante. No es brusco. Es seguro. Y eso lo vuelve más peligroso. Con una mano tomo su miembro ayudando a los movimientos de mis labios sobre el mismo.

—Qué boca tan deliciosa tienes...

Su voz baja, espesa, me atraviesa como una caricia indecente.

El vestido me estorba. Lo odio. Odio cada capa de tela que me impide tocarme como realmente quiero. Aprieto las piernas intentando contener la presión que crece dentro de mí. El calor me sube por el vientre. El sonido grave que se escapa de su garganta me excita más de lo que estoy dispuesta a admitir.

Tanto tiempo sin tener algo de acción me tenia mal.

Me muevo apenas, buscando fricción contra la silla. El mundo se reduce a respiraciones entrecortadas, a ese juego silencioso donde ninguno de los dos pierde realmente el control... aunque lo parezca.

Cuando la intensidad me obliga a cerrar los ojos un segundo, entiendo algo.

No soy una víctima aquí.

Estoy participando.

Asher introduce su falo por completo logrando que haga arcadas, eso me gusta aún más. Las lágrimas que asoman no son de tristeza. Son del exceso. De la tensión. De la necesidad acumulada.

Y mientras él cree que me domina, mientras cree que soy la que cede...

No puedo evitar preguntarme:

¿De verdad me estás usando tú a mí, Asher Petriev?

Porque si soy honesta... empiezo a sospechar que el que está cayendo eres tú.


***

ALASTOR

Bailar me encanta, pero Isabella sigue negándose a hacerlo conmigo. Sigue molesta por lo ocurrido en el bosque, y no puedo hacer mucho para cambiar eso. Hay secretos que toca llevarse a la tumba y aquel es uno de ellos. Por lo tanto, allí estoy, bailando solo entre la gente.

—¡Canard! —escucho de pronto, una voz que se hace notoria entre la multitud.

Me giro y de inmediato le doy un abrazo al dueño de esas palabras. Es Tyr Petriev, un gran amigo mío.

Aunque se dicen muchas cosas de ellos, él y yo tenemos una historia muy particular y somos muy buenos amigos. No acostumbro a juzgar a las personas. Claramente no me gusta que vendan drogas, pero Tyr es diferente.

—Pero mírate —exclamo guiñándole un ojo —Te ves muy bien.

Tyr sonríe alzando las cejas.

—Tú te ves... comestible —muerde su labio.

Just Like An EngelHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora