Capítulo 4

507 164 44
                                        

El sol golpea bruscamente mi cara y una molestosa, pero ya conocida, voz interrumpe mi sueño. Tardo un poco en despertarme bien. Mi primera reacción es revisar si estoy vestida.

—Tranquila, que no te hice nada —Caín me ofrece un vaso con refresco de naranja —Vaya que estabas pesada anoche, me costó bastante traerte hasta aquí —exclama riéndose mientras se sienta a mi lado en la cama.

Bebo el refresco y lo miro seria.

—Bueno, de algo que te sirvan esos tremendos brazos, ¿no? —digo en tono de burla, jugando con el vaso entre mis manos. Él sonríe, me mira de costado. Por un momento recuerdo lo ocurrido la noche anterior, ese fugaz momento que habíamos compartido, suspiro para quitar esos pensamientos de mi cabeza y bebo otro sorbo.

—El sofá no era tan malo después de todo, solo desperté con dolor de cuello, pero nada más.

—¿Y el cuarto de huéspedes? —supongo que debe tener uno.

—Ahí está, pero no iba a ordenarlo solo para dormir una noche. Además, la señorita "costal de papas" debía dormir cómoda —se larga a reír.

—No pues, qué considerado... ¿Y cómo estás de los golpes?

—Eso no te incumbe —responde en un tono seco tan característico de él.

—Mhh, yo creo que sí me incumbe, al menos así fue para sacarte de ese lugar donde andabas peleando igual que un delincuente.

Caín se pone de pie, negando con la cabeza.

—Es que contigo no hay caso, siempre buscas la forma de joderme el buen humor, ¿sabes? —frunce levemente el ceño —Además, yo jamás te pedí que te metieras. Tú lo haces por tu propia voluntad, porque tú quieres.

—No sabes ni lo que dices.

—Claro que lo sé.

—Tú y tus malditos cambios de humor me tienen harta.

—Te molesta que diga la verdad...

—¿De qué verdad hablas? Eres tú quien actúa como idiota

—Y bien que caíste en los brazos de este idiota

—¡Me desmayé por tus estúpidas drogas!

Caín se lleva las manos a la cabeza revolviendo su cabello —Te atascas de drogas PORQUE TÚ ASÍ LO QUIERES —su tono se eleva bastante. Dejo el vaso a un lado para salirme de la cama.

—Tú me diste las malditas drogas y tampoco fue como que me hubiera metido tantas dosis, solo lo que TÚ ME DISTE —digo, imitando su tono, viéndolo con los ojos llorosos —No viene ni al caso lo que estás hablando.

—Ahora me culpas a mí por darte, pero venga, que no te puse una puta pistola en la cabeza para que lo hicieras. Y bien que te gustó.

—Eres un completo idiota, ¿sabes qué? Las mismas drogas son las que te tienen así. Fíjate en todo lo que haces, en cómo cambias tan repentinamente tu estado de ánimo... Estás jodido —termino de colocarme los zapatos y me puse de pie.

—Vete —exclama sin mirarme.

—Eso es justamente lo que haré.

Un nudo se forma en mi garganta y un pequeño puchero se posa en mis labios. No quiero llorar delante de él, pero me siento realmente humillada. Busco mi cartera y mi celular para salir de allí; ni siquiera se bien dónde estoy, lo cual es normal cuando salgo con él y aparte no tengo batería para buscar en internet. Suspiro y, sin demorarme más, salgo de su departamento caminando por el largo pasillo hacia el elevador. Presiono el botón esperando que llegue al piso donde yo estoy, para mi desgracia, el ascensor recién viene bajando desde el piso 27.

Just Like An EngelHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora