Capítulo 2

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Llevaba tres meses y medio en la universidad. La carrera me gustaba, sí, pero no me llenaba. Al final, decidí dejarla.

Mi padre, fiel a su estilo, me destrozó por teléfono:
—Eres una inútil, una irresponsable. No voy a gastar un peso más en ti. Búscate un trabajo o vete de la casa —colgué con las manos temblando y lágrimas ardiendo en mi cara. Mi madre entró al cuarto, sin preguntas, solo con un abrazo. Luego, como si la vida pudiera arreglarse con papas fritas y Harry Potter, me arrancó una sonrisa. Esa noche dormí tranquila a su lado.

Al día siguiente me levanté con una idea fija y salí a buscar trabajo, tenia la esperanza de encontrar lo que fuera aunque no tuviera experiencia alguna. Rechazo tras rechazo, mis pies dolían tanto como mi orgullo y mi dignidad, conocí a Isabella en una de las entrevistas; me cayó bien, una chispa de luz en medio de tanto fracaso e intercambiamos números ya que vivía bastante cerca de mí.

Solo me quedaba un lugar por ir, en lo más alto de Graydale, había visto el aviso en el periodico y cuando entré a esa lujosa casa en, todo cambió, un mayordomo con cara de funeral me recibio y me llevó a la sala en donde me hizo esperar. Y entonces lo escuché: —No sabía que ahora se podía buscar trabajo descalza.

—¡Mierda, los zapatos! —me apresuré a ponérmelos, muerta de vergüenza.

Alcé la vista y lo vi. Alto, guapo, de unos 24 años, con algunos tatuajes, piel trigueña, algunas pecas, una sonrisa burlona y esos ojos marrones que parecían leerlo todo.
—Lo siento, es que caminé demasiado y...

—No me expliques. No me interesa. —se sentó en el sillón y cruzó una pierna —Pediré que vengan a aplicar algun aromatizador, huele a pies

Me quedé helada. Él jugaba con una pluma, riéndose de mis nervios —Casi se te cae la cara —se burló, y después añadió, como quien no quiere nada —Tranquila niña ilusa, hueles bien
Estaba contando los minutos para que la persona que iba a entrevistarme llegara y pudiera salir de ahí.

Finalmente el sonar de unos tacones hizo ruido en el lugar y una hermosa mujer mayor entró junto a una carpeta en sus manos, se sentó junto al chico y me dedicó una pequeña sonrisa. —Espero no te haya molestado mucho y lamento la demora, debía atender unos asuntos de trabajo —se excusó. Yo negué y sonreí.

La entrevista fue corta, básicamente necesitaba una persona que cuidara de su hijo menor con capacidades especiales, que jugara con él, le hiciera compañía y le ayudara con sus tareas, en pocas palabras una niñera, se despidió cortésmente y dijo que me avisaría antes de culminar el día si me daba el puesto o no. Yo no tenía absolutamente nada de experiencia cuidando niños, ni haciendo nada en realidad por lo tanto al salir de aquella casa únicamente suspire con pesadez, sabia que no me llamarían de ningún trabajo.

Cuando me marché, el auto de ese idiota se detuvo a mi lado. Me lanzó unas zapatillas. —Pontelas

—Metetelas donde mejor te quepan —le escupí, girándome para irme.

El chico de cabellos castaños bajó del auto y me alcanzó, sujetándome del brazo con una sonrisa que me irritaba y fascinaba al mismo tiempo —¿Quieres que te las ponga yo, como a una cenicienta?

—Lo único que quiero es llegar a casa, ponerme mi pijama, ver mi serie de vampiros y comer Cheetos con chocolate. ¿Me explico? —dije alzando la voz cada vez más tratando de soltarme de su agarre.

Él se rió, como si le encantara ver mi furia —Vamos al mirador a beber unas cervezas. Apuesto a que no lo conoces.
—He vivido toda mi vida en Graydale ¿Qué te hace creer que no? —claramente no lo conozco pero no iba a quedar como idiota.

—¿Cuánto apostamos a que no lo conoces?

—No voy a apostar nada contigo, además ¿Qué te hace pensar que a mi me gusta beber? —dije haciéndome la ofendida.

—Llevas un Mjolnir con destapador como llavero... Creo que eso es más que suficiente ¿Vamos?

Me sorprendía cómo se fijaba en los detalles y me enojaba no haberme dado cuenta que mi llavero sobresalía de mi bolso. Tomé las zapatillas y subí al auto, no sé por qué acepté, quizás por cansancio, quizás porque en el fondo quería distraerme pero no pensé tanto en ese momento.

—¿Oye, no piensas decirme aunque sea tu nombre? —pregunté en tanto el contrario comenzaba a conducir con su vista totalmente fija en el camino.

—No seas impaciente Amethyst... —exclamó viéndome de reojo.

Yo intentaba descifrar qué podía pasar por su mente en ese momento, lo miraba como si buscara en él las respuestas que ni yo misma sabía.

Cuando llegamos, me dio una cerveza sin preguntar, asumiendo que yo la tomaría de inmediato y así fue.
Graydale es un pueblo muy grande y jamás sentí mucho interés por conocer el lugar donde crecí, de niña mi madre solía sacarme a pasear bastante cuando íbamos donde mis abuelos a un pueblo vecino, así que tampoco pasé tanto tiempo libre aquí.

—Gracias... —destapé la botella para beber un pequeño sorbo, si por mí fuera habría bebido todo el contenido de un solo sorbo pero por alguna razón quería comportarme.

—Entonces... ¿de dónde viene tu nombre? —me miró fijo. —Lo saque de tu hoja de entrevista para que no vayas a preguntar

—Bueno, a mi mamá le gusta mucho una piedra llamada Amatista, de allí la sacó

Se burló, pero luego bajó la voz —Es un nombre bonito.
Me tensé. No estaba acostumbrada a que nadie se fijara en mi nombre antes que en mi cuerpo.

Me acomodé en el asiento y bebí otro sorbo de mi botella —¿Y tú? —lo apuré.

Hubo un silencio espeso. Entonces se inclinó hacia mí, sus ojos lucian perdidos en la nada.
—Caín es mi nombre... Y te traje aquí para matarte —Sentenció.

Todo mi cuerpo se congeló. En un segundo, mi vida entera pasó por mis ojos como una maldita película. Y entendí que no quería morir. No todavía.

Just Like An EngelHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora