Capítulo 11 Isabella & Alastor

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𝙄𝙎𝘼𝘽𝙀𝙇𝙇𝘼

—¿Dónde está? —me pregunta Alastor mientras sostiene el vaso de café de Amethyst.

—Quizás fue a ver a su madre —exclamo, terminando de beber mi propio café. Estoy extremadamente nerviosa y, cuando los nervios me atacan, bebo más café del que estoy acostumbrada.

—Vamos a ver si está allí entonces —comenta, caminando junto a mí.

—¿A quién has estado llamando? —le pregunto al verlo tomar el celular una y otra vez.

—A Caín.

Suspiro con pesadez y continuamos caminando en dirección a la zona de cuidados intensivos.
Allí está Kaya, sentada, leyendo un libro pequeño mientras juega con un mechón de su cabello. Tiene el pelo de un tono castaño chocolate y la piel atezada; sus ojos son oscuros, almendrados. Su expresión es tierna, pero dura al mismo tiempo. No es ni muy alta ni baja, debe medir alrededor de un metro setenta. Viste de forma simple, pero bonita.

Me gusta observar cada detalle en las personas.

—¿Qué lees? —pregunta Alastor, sentándose a su lado.

—Es un manga —lo señala—. One Piece.

—¿Y de qué trata? —añade el rubio.

Me siento a su lado y le doy un codazo.

—Oh, verdad... ¿dónde está la cereza?

—¿La qué? —dice Kaya, frunciendo el ceño.

—Es que le digo así porque cuando se pone colorada sus mejillas parecen dos cerezas y me dan ganas de morderlas. Creo que ya lo he mencionado, pero la gente no me toma atención —dice, demasiado entusiasmado.

Le doy otro codazo.

—Hablamos de Amethyst. Fuimos a buscar café y ella desapareció. Pensamos que estaría aquí.

—Oh... no. Ella no ha venido por aquí. De hecho, mi padre hace un rato pudo entrar para estar con la señora Roussel.

Alastor y yo asentimos. Tomo mi celular e intento llamarla, pero es inútil.
Alastor, por su parte, sigue texteando a Caín y, ya que estamos allí, aprovecha de conversar más con Kaya.

—¿Cómo es que se conocen ustedes? —pregunta.

—Bueno, hemos vivido toda la vida junto a ellos, y mi padre se conoce desde la universidad con la madre de Amethyst —responde.

—¿Pero Ame y tú son amigas? —pregunto.

—Mmm... no. Cuando éramos muy pequeñas jugábamos, pero al crecer nunca volvimos a hablar.

—¿Y eso por qué? —interroga Alastor.

—Intereses distintos, supongo. Yo no salgo a ningún lado, me la paso encerrada viendo anime, leyendo mangas o jugando videojuegos. Además, soy un tanto asocial —dice, encogiéndose de hombros.

—Ya veo —murmura el rubio —¿Y cómo se llevaban con ese señor? —pregunta, refiriéndose al padre de Ame.

—Pues... nada bien. De hecho, antes de que nosotras naciéramos, nuestros padres se juntaban: cenas, asados, fiestas. Pero todo terminaba mal cuando él bebía de más y se ponía muy violento —suspira —Al menos eso es lo que mi padre me contaba.

—Vaya... —murmuro mientras muerdo una de mis uñas—. Ame nunca quiso hablar mucho de él. No pensé que fuera tan grave.

—Hubo ocasiones en que los gritos eran muy fuertes. Mi padre siempre llamaba a la policía, pero nunca llegaban... y si llegaban, era cuando ya todo había pasado —dice con molestia —Lo bueno es que ahora teníamos el número de ella para avisarle.

Just Like An EngelHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora