𝘼𝙇𝘼𝙎𝙏𝙊𝙍
—Amethyst me tiene realmente preocupada —exclama Isabella, mirando por la ventana de mi jeep.
Vamos camino a la comisaría, al menos eso cree ella.
—He hablado muy poco con ella —comento, manteniendo la vista al frente.
—Han pasado dos semanas, Alastor. Solo la vi dos días. Después de lo ocurrido con Caín y Óscar nos reunimos con las chicas... y estaba extraña. Hubo cosas que me desconcertaron demasiado.
La miro de reojo —¿Qué tipo de cosas? —la cereza me preocupa más de lo que debería. Y aun así, mantengo la calma.
—Tenía muchos moretones. En el cuello había marcas... y una mano cortada —su voz se carga de angustia —No quiso decirnos nada. Insistió en que no pasaba nada. Desde entonces casi no quiere vernos. Solo hablé una vez con ella por teléfono.
Si alguien le hubiera hecho daño, ya lo sabría.
—Han sido demasiadas cosas —respondo con tranquilidad. —Situaciones muy estresantes desde la muerte de su padre.
—Del asesinato de su padre, querrás decir.
—No empecemos, Isa —hago una mueca mientras estaciono cerca del parque.
Rueda los ojos, pero no insiste.
—¿Qué hacemos aquí?
—Esperamos a un amigo —miro alrededor hasta distinguir una cabellera roja entre la multitud —Allí viene.
Minutos después, Tyr se sube a la parte trasera del jeep.
—¿Me hacen el favor de poner Gorillaz? —dice con su habitual imprudencia.
Coloco "Dare" en el reproductor mientras los presento.
—¿Entonces? —pregunta Isabella, mirándonos a ambos.
—Entonces... ahora vamos al Psiquiátrico de Graydale —anuncio con una euforia apenas contenida.
Frunce el ceño, confundida y le entrego un documento.
—¿Es el que mi tío le mencionó a Caín? —pregunta Tyr, inclinándose entre los asientos.
Asiento.
Isabella revisa las hojas.
—¿Qué es todo esto?
—Bienvenida al imperio del fentanilo, dulzura —Tyr sonríe, divertido. Yo mantengo la mirada fija en el camino.
—Mi querida ñeñe —le digo con suavidad medida—, vamos a hacer un viaje al pasado para que entiendas cómo se mueven las cosas en lo más alto del pueblo
Tyr toma la palabra.
—Antes de que mis padres murieran, había otra familia fundadora con la que tenían negocios. Graydale era un pueblo común: ambiciones, trabajos bien pagados, otros no tanto... Lo normal
—Supongo que hablas de hace mucho tiempo atrás —interrumpe Isabella.
—Correcto. Nosotros ni siquiera habíamos nacido. Pero todo cambió cuando la sed de poder creció. No bastaban los terrenos ni las ganancias de los impuestos. Querían más. Especialmente los Petriev y los Dealvy. Dalila Dealvy y su esposo.
—Tyr, no te desvíes —le advierto.
—Mi padre y Dalila comenzaron a obsesionarse con el fentanilo. El plan era simple: introducirlo y generar adicción. Más adictos, más dinero. Más muertes... menos gastos para el pueblo.
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Just Like An Engel
RomanceEn todo pueblo hay secretos. En Graydale, los secretos sangran. Un asesinato desatará una red de mentiras que amenaza con derrumbar el imperio que domina sus tierras. Ella, hambrienta de vida y de algo más. Él, marcado por sus demonios, incapaz de h...
