El clic de las puertas resonó como un cerrojo, cerró cada una de ellas. Me tensé por completo y de inmediato volví en sí.
—Tranquila, pequeña paranoica —ríe Caín mientras enciende la radio.
Me cruzo de brazos. —¿Sabes que podría denunciarte por secuestro? —suelto con rabia, aunque la voz me tiembla.
—No seas ridicula, solo ríete, de haber sabido que eras así de aburrida no te traigo
—Ábreme la maldita puerta
Él me mira —Bien, vete. Apuesto a que ni siquiera sabes cómo volver —dice, con total despreocupación quitando los seguros.
Tomo mi bolso, bajo del auto y empiezo a caminar. Recuerdo que voy descalza; me había quitado las zapatillas que él me prestó. Suspiro, saco los tacones del bolso y me los pongo para avanzar mejor. En pocos minutos ya estoy bastante lejos del auto, aunque sé que no tengo idea de cómo regresar. Reviso el celular: sin señal. Perfecto. Estoy en una película de terror de bajo presupuesto.
Me apoyo en un árbol y miro el cielo. Un avión cruza a lo lejos; me quedo embobada siguiéndolo hasta que desaparece. Siempre he amado los aviones. Sigo mirando hacia arriba, como si las respuestas fueran a caerme del cielo. No me queda más remedio que regresar al auto.
A lo lejos suena "You Give Love a Bad Name" de Bon Jovi, a todo volumen, desde el auto de Caín. Me acerco y golpeo la ventanilla del copiloto.
Él me mira, sonríe y sube aún más el volumen, bebiendo un trago de cerveza como si gozara con mi humillación. Sigo golpeando, preguntándome en qué momento perdí tanta dignidad.
Al cabo de unos minutos quita el seguro y me deja entrar. Me lanza una cerveza sin decir nada. No dudé: la bebí de un solo trago. —Demonios... eres como una mezcla entre diosa vikinga y camionero con cara de ángel —comenta boquiabierto.
De inmediato suelto una carcajada, la tensión inicial se disolvió poco a poco entre risas y bromas. La noche cayó, y el alcohol hizo de las suyas por lo tanto ninguno de los dos está en condiciones de conducir. Me acomodo en el asiento, revisando el celular: múltiples llamadas de mi madre y de números desconocidos. Suspiro. Estiro el cuerpo y cierro los ojos, al cabo de un rato siento como Caín se acomoda en mis piernas para dormir.
Me quedo mirándolo, se ve tan sereno con los ojos cerrados. Sonreí casi por inercia y pasé la mano por su cabello, en cuestión de segundos pude quedarme dormida también.
El celular me despierta a las nueve de la mañana, es un número desconocido, contesto medio dormida y con la voz casi inaudible.
—Hola Amethyst, soy Emma Reynolds, intenté llamarte ayer. El trabajo es tuyo. Necesito que te presentes hoy a las once para firmar el contrato y conocer a mi hijo.
Me quedo muda. ¿El trabajo es mío? Casi con palabras apenas reconocibles le doy una confirmación a la señora Reynolds.
Sacudo a Caín para levantarme —¡Qué demonios te pasa! —gruñe, cubriéndose de la luz del día.
—Pasa que en dos horas tengo que estar en tu casa. No alcanzo a llegar a la mía y apesto. ¡Todo es tu culpa, me voy a quedar sin trabajo!
Él enciende el motor. —Te compraré ropa y te bañarás en mi cuarto, porque sí, hueles fatal. Tengo entrada trasera en la casa: entrarás por ahí y luego vuelves por delante como si nada.
Vamos de compras y después a su casa. No hay empleados cerca, así que me guía hasta su habitación y me señala el baño privado, que literalmente es tres veces más grande que el mío.
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Just Like An Engel
RomanceEn todo pueblo hay secretos. En Graydale, los secretos sangran. Un asesinato desatará una red de mentiras que amenaza con derrumbar el imperio que domina sus tierras. Ella, hambrienta de vida y de algo más. Él, marcado por sus demonios, incapaz de h...
