Pedimos cosas para comer y llevamos varias cervezas para no tener que estar yendo a la casa. Todos están en el mar bañándose, menos Caín y yo. Él me aplica bloqueador para que no me queme más de lo que ya estoy. Mientras lo hace, observo su rostro con más detenimiento que otras veces: con el sol, las pecas que tiene —que no son muchas— se le ven preciosas; sus ojos se ven más claros que de costumbre y sus pestañas, siempre onduladas, parecen encrespadas de forma natural. Ojalá tenerlas así. Sus mejillas están ligeramente coloradas por el sol, aunque no tanto como las mías, y su cabello se ve de un tono castaño más claro. Está un poco bronceado. Demasiado guapo. Mientras más lo miro, más ganas me dan de comerle la boca a besos.
El día se nos pasa volando y el atardecer se convierte en nuestro mejor acompañante. Estamos todos sentados en la arena, viendo cómo el sol se va escondiendo poco a poco.
—Chicos, ha sido un fin de semana perfecto —comenta Alejandra, mirándonos a todos.
—La soprano tiene razón —añade Caín.
La rubia niega con la cabeza.
—Óscar, ¿Me prestas tu guitarra? —pregunta después el castaño.
Óscar la había llevado porque Alastor insistió en que debíamos tener un momento cliché de película en la playa, y al parecer ese momento va a ser protagonizado por Caín.
Se coloca junto a Alejandra y le susurra algo al oído. Ella asiente con una sonrisa y, segundos después, una melodía comienza a salir de la guitarra. Los dedos de Caín acarician las cuerdas con tanta delicadeza que, con solo mirarlo, parece una obra de arte. Alejandra empieza a cantar "Dance Me to the End of Love" de The Civil Wars con una voz suave. Luego se suma Caín y ambos cantan al mismo tiempo. Siento cómo se me aprieta el estómago al escucharlos cantar con tanto sentimiento. Es maravilloso.
Caín me mira fijamente durante todo el tiempo, y eso me deja aún más embobada. Cuando terminan, todos aplaudimos. Ha sido bellísimo.
—No sabía que Caín tenía ese talento —comento.
—Siempre le ha gustado. Tenía una guitarra muy bonita que su madre le regaló, pero su padre la rompió delante de él... —dice Juls en voz baja, lo justo para que solo yo la escuche.
Suelto un suspiro pesado y me quedo pensando un momento. Quizás podría regalarle una guitarra en lugar del libro de Harry Potter. O tal vez ambas cosas.
Alastor me saca de mis pensamientos. —¿Por qué te ríes sola? ¿En qué estás pensando? —dice, levantando las cejas con una sonrisa perversa.
—En nada, solo pensé en algo —respondo mientras saco un cigarrillo.
Él sonríe, me besa la mejilla y luego me despeina con la mano.
Preparamos todo para irnos. Me invade una leve melancolía al dejar aquel lugar, pero sé que todos esos recuerdos hermosos permanecerán para siempre.
Cuando ya todos sacamos nuestras cosas de la casa, Caín se acerca a Óscar y le dice algo en voz baja. Acto seguido, ambos vuelven a entrar y tardan poco más de diez minutos. La escena me deja pensativa, aunque asumo que son cosas de ellos.
Cuando por fin regresan, Alastor comenta que esta vez él va a conducir y pregunta quién se irá adelante. Me pongo detrás de Isabella y la empujo, haciendo que dé un paso al frente.
—Yo iré —dice, lanzándome una mirada bastante amenazante.
Me largo a reír y al rato camino hacia el jeep para subirme; quiero agarrar un buen lugar. Al entrar, Caín ya está sentado y se queda mirándome.
—¿Lista para irte más de dos horas arriba mío? —pregunta con diversión.
Totalmente sonrojada, me siento en su regazo, seguida de Alejandra, que quiere irse sola.
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Just Like An Engel
RomanceEn todo pueblo hay secretos. En Graydale, los secretos sangran. Un asesinato desatará una red de mentiras que amenaza con derrumbar el imperio que domina sus tierras. Ella, hambrienta de vida y de algo más. Él, marcado por sus demonios, incapaz de h...
