Creep - Radiohead
—Caín es mi nombre... y te traje aquí para matarte —sentenció.
Desde ese momento todo cambió. Pero para entenderlo hay que volver al inicio, al hambre que me consumía desde niña.
Tenía quince años cuando empecé a desear lo que no me correspondía. Mis amigas hablaban de besos, de caricias; yo en cambio no tenía historias, solo una ansiedad quemándome la piel, quise dejar de ser niña, quise que me hicieran mujer.
Entonces apareció Pietro, un hombre de veinticuatro con tatuajes en los brazos y sonrisa cautivadora. Yo lo miraba como si fuese todo lo que quería, mentí sobre mi edad, sobre mis ganas, sobre mi inocencia y conseguí que cayera.
Mi primera vez fue un desastre. Él me desnudó con suavidad, pero al final fue brusco, torpe, doloroso. Fingí placer para no parecer rota, pero en realidad, esa noche volví a casa a terminar sola lo que él no supo despertar. A mis amigas les conté un cuento: "fue maravilloso". La verdad es que fue una pesadilla.
Desde entonces coleccioné cuerpos como si fueran premios que no quería ganar, siempre había alguno dispuesto a endulzarme el oído con tal que me dejara meter la polla y así cada chico me dejaba un vacío distinto, yo volvía a pensar lo mismo: "quizás la próxima será mejor". Nunca lo fue. No buscaba placer, buscaba que me desearan, aunque después ni recordaran mi nombre, me llamo Amethyst, y a nadie parecía importarle.
Con cada encuentro, más me convencía de que el problema era mío, creí que mientras más lo hiciera, aprendería a "ser suficiente". Me aferré a cualquiera que me hablara bonito, mientras por dentro la inseguridad me devoraba: me veía fea, gorda, insignificante, fingía frialdad, fingía ser dueña de mi cuerpo, pero en realidad me estaba perdiendo.
Los meses se hicieron años entre fiestas, alcohol y cuerpos anónimos. A los dieciséis ya había perdido la cuenta de con cuántos estuve; a los diecisiete, me convencí de que nunca sería suficiente para nadie. En mi casa seguía fingiendo ser la hija modelo, mientras por dentro me estaba pudriendo.
A los dieciocho salí del colegio con notas mediocres, mi padre solo sabia recalcarme lo inutil que era y como fallaba en todo, mi madre tratando de protegerme siempre y yo eligiendo una carrera obligada en la universidad del pueblo, en Graydale había solo una universidad a la cual podía ingresar solo por el hecho de ser oriunda del mismo pueblo, era como una especie de beneficio para los locales, beneficio que hace no mucho habían instalado las familias fundadoras y para mi suerte me benefició, fue en ese punto de quiebre, de camino a mi vida adulta, que apareció Lorenzo.
Lo encontré por internet y, para mi sorpresa, vivía en la misma cuadra. Veinte años, sonrisa perfecta y aire de chico malo. El tipo de hombre que prometía el cielo y escondía el infierno en los bolsillos. Con él probé la marihuana, con él me escapé de casa, con él creí haber encontrado un amor diferente.
Pero Lorenzo no era amor. Era humo, sexo vacío y promesas que también le hacía a otras, cuando me dejó, mis brazos se convirtieron en un campo de batalla, pequeñas marcas de guerra que nadie veía, pero que me recordaban a diario cuánto me odiaba.
El tiempo pasó y lo enterré como pude, hasta que el destino se rió en mi cara.
Era mi primer día estudiando publicidad, fue bastante divertido ya que básicamente nos tuvimos que conocer y ver todo lo que aprenderemos durante el primer año. Ese día salimos temprano. La universidad en Graydale es casi como la escuela pero sin niños y con profesores más estrictos. En nuestro pueblo no existe esa modalidad de mudarse al campus.
—Podríamos ir a compartir algo al parque que tenemos cerca —exclamó Óscar, un chico con el cual me llevé bastante bien.
—Tengo un conocido que vende cigarrillos de esos que hacen reír, ya saben de qué hablo —dijo Alejandra, una chica rubia con la cual conecté de inmediato.
Estábamos los tres compartiendo entre cervezas y risas cuando de pronto escuché a la rubia gritar con emoción:
—¡Ahí viene!
Levanté la vista. Lorenzo. Con el mismo aire arrogante, con la misma sonrisa que alguna vez me engañó.
—Ame... —dijo, quitándose los lentes de sol mientras me miraba directo a los ojos. Le entregó la bolsita de marihuana a Alejandra y se acercó a mi. Sentí un escalofrío recorrerme la espalda pero nada más allá, solo sentía las miradas de la rubia y Óscar como puñales fijas en nosotros. —¿Podemos hablar?
—Solamente tengo cinco minutos, así que espero sea corto... —sentencie señalando mi reloj.
Luego del encuentro con Lorenzo estaba un poco fastidiada, él me había dicho que me extrañaba y que podríamos intentarlo nuevamente, yo sabía perfectamente que si no nos hubiéramos encontrado jamás se habría acordado de mí. Lo más probable era que andaba necesitado de afecto, por lo tanto me limité a no creer ni una sola de sus palabras y me despedí cortésmente para luego volver a mi pequeña reunión con mis compañeros de universidad.
La ola de preguntas de parte de Óscar y Alejandra no paraban así que de una forma muy dramática y cómica les conté cual había sido mi historia con el hombre de la marihuana.
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Just Like An Engel
RomanceEn todo pueblo hay secretos. En Graydale, los secretos sangran. Un asesinato desatará una red de mentiras que amenaza con derrumbar el imperio que domina sus tierras. Ella, hambrienta de vida y de algo más. Él, marcado por sus demonios, incapaz de h...
