AMETHYST
Había pasado casi toda la semana y las cosas se mantenían estables. Caín seguía en mi casa y yo continuaba con permiso de su madre en el trabajo. Hablé con ella a los tres días de ausencia y me comentó que estaría de viaje con Nate, así que podía estar tranquila, lo cual de verdad me tranquilizaba mucho más; no me gustaba pensar que estaba siendo irresponsable o algo por el estilo.
Mi madre ya no necesitaba estar todo el día acostada y eso la alegraba. No soporta estar quieta. De todas formas no la dejamos hacer casi nada para prevenir los mareos. Caín fue a comprarse ropa, puesto que estaba harto de usar la de mi padre, y la que traía aquel día prefirió tirarla a la basura.
Hansen dio la idea de hacer un asado en el patio trasero de mi casa y a todos nos gustó. Caín se llevaba de maravilla con todos y me parecía estar viviendo un sueño. Hasta parecíamos una familia, una de verdad.
Quizás eso era lo que a Caín y a mí nos tenía en paz; el hecho de estar conviviendo en un ambiente realmente diferente al que crecimos.
Kaya había traído su consola y pasaban horas jugando videojuegos junto a Caín todos los días. Mi mamá descansaba y, mientras tanto, Hansen y yo seguíamos limpiando y ordenando el resto de la casa. Él decía que había que mover todo para que las energías fluyeran mejor. Me caía tan bien; era como un hippie moderno y apuesto.
Sonó el timbre y fui a abrir de inmediato.
—Abran paso que llegó la ensalada más deliciosa que probarán en la vida —dijo Alejandra, tan sonriente como siempre.
Junto a ella venía ¿Juls? Al parecer me había perdido de mucho en una semana.
—Traje soju que compré en una tienda de productos asiáticos en el centro —exclamó Juls entrando junto a la rubia a mi casa.
Caín tenía la misma expresión que yo al verlas juntas, pero no dijo nada. Las presenté con Hansen y Kaya para que luego fueran a dejar las cosas a la cocina y posteriormente saludaran a mi madre. A Ale ya la conocía, pero debía conocer a Juls, quien le cayó muy bien de primera.
Íbamos entrando nuevamente cuando la rubia se detuvo.
—Óscar dijo que lo disculparas, pero tenía una tocada fuera del pueblo hoy —dijo Alejandra suspirando mientras ponía su mano en mi hombro.
—De todas formas dijo que te enviaba besitos —añadió Juls.
Hice una mueca y posteriormente saqué una cerveza del refrigerador. Les di una a ambas y salimos al patio donde estaban mi madre y Hansen.
—No pensé que el novio de tu madre fuera tan sexy —comentó Alejandra destapando la cerveza para darle un largo sorbo.
—¡No es su novio! —chillé.
—Pues lo parecen —dijo Juls —¿Qué hay de Isabella? ¿No vendrá?
—Le tocó ir a trabajar hoy. Ha estado haciendo horas adicionales para juntar más dinero, pero dijo que pasaría un rato —encendí un cigarrillo y di un sorbo a mi cerveza.
—¿Y mi chico rubio dónde está? —preguntó Ale mientras sacaba un cigarro de mi cajetilla.
Me quedé en silencio un momento. Fue como un golpe de realidad tocando a mi puerta. Dejé salir el humo de mi boca, desvié la mirada hacia otro lado y, después de un buen rato sin decir palabra alguna, hablé:
—Juls debería saber... yo no he hablado con él —mentí. Lo había hecho cada día desde lo ocurrido.
—Pues en el grupo que tenemos los tres no ha dicho nada. Incluso le envié unas fotos que encontré de Robertito en mi PC y ni siquiera me dejó el visto, simplemente me ignoró —dijo Juls haciendo un puchero.
ESTÁS LEYENDO
Just Like An Engel
RomanceEn todo pueblo hay secretos. En Graydale, los secretos sangran. Un asesinato desatará una red de mentiras que amenaza con derrumbar el imperio que domina sus tierras. Ella, hambrienta de vida y de algo más. Él, marcado por sus demonios, incapaz de h...
