Capítulo 15

263 55 26
                                        

AMETHYST


Quiero abrir el ataúd y verlo aunque sea una última vez. Mentiría si dijera que algo no se remueve muy en el fondo de mi corazón. Me cuesta creer que toda esta pesadilla esté acabando. Mi madre se ve un poco más tranquila y agradezco que Hansen esté en todo momento con ella, dándole el apoyo que quizá yo no puedo.

Me despido de mi padre y, en silencio, le lloro. No sé si le lloro a él o al recuerdo del padre que jamás tuve. Supongo que siempre guardé esa pequeña esperanza de que algún día conocería el verdadero amor de un padre, algo como lo que siempre veía en Kaya con el suyo. Tuve esa esperanza hasta el último momento y, junto con su muerte, también se va eso: la ilusión, el sueño de algo que definitivamente jamás iba a pasar.

Siento que quedaron demasiadas cosas pendientes por decirle, pero ya no es momento para eso. Es momento de soltar y avanzar de una vez por todas.

Quizá jamás tuve un padre que me quisiera, pero tuve una madre que me quiso y me amó el doble. Eso es lo único importante. Eso es lo que de verdad debo conservar. Estoy lista para enterrar junto con él toda esa ira, ese enojo y ese resentimiento que guardé por tantos años. Estoy lista para ponerle, por fin, un punto final a todo esto.

Al día siguiente, en el cementerio, vamos camino a lo que será su tumba. No quiero oír a nadie ni hablar con nadie, así que llevo los auriculares puestos mientras suena "This Night" de Black Lab una y otra vez. Todo en mi mente da vueltas, sobre todo las palabras de Kaya. Ella habría matado a mi padre si hubiera querido... pero no lo hizo. Y eso, aunque suene extraño, me da paz. No merece cargar con una culpa así.

Es momento de levantar el ataúd para recorrer el tramo final hasta el lugar donde será enterrado. Las manos que lo alzan son las de Hansen, Caín, Alastor y Óscar. Detrás vamos los demás. Un poco más atrás vienen Daylenia, Asher y varias personas que parecen ser sus escoltas.

Cuando el ataúd comienza a descender, algunas personas lanzan flores sobre él.

Yo solo tengo un puñado de tierra en la mano, que aprieto cada vez con más fuerza. De pronto, es como si una película en cámara rápida empezara a reproducirse en mi cabeza: los golpes, los gritos, las humillaciones. Todo pasa como una secuencia desordenada y brutal.

Mis piernas se doblan.

Caigo de rodillas frente a la tumba y la tierra se escurre entre mis dedos, cayendo sobre el ataúd. Lloro sin control, las lágrimas bajan una tras otra por mis mejillas y no sé qué decir.

¿Qué se supone que diga?

¿Descansa en paz, papá?

¿Eso?

Si lo único que pienso es que ojalá se pudra en el infierno.

¿Qué demonios se dice en un momento así?

Caín se agacha a mi lado y coloca una mano sobre la mía. Entrelaza sus dedos con los míos y me ayuda a ponerme de pie. Sin esperar a que diga nada, me gira hacia él y me abraza. Escondo el rostro en su cuello mientras acaricia mi cabello con una paciencia que me desarma.

No puedo dejar de llorar y no entiendo por qué. Pero poco a poco sus caricias me calman y mi respiración empieza a regularse.

Finalmente abrazo a mi madre y nos aferramos la una a la otra.

Todo ha terminado.

—Te amo, mamá —susurro contra su hombro. Nunca se lo digo. Y hoy necesito que lo sepa.

—Y yo a ti, mi niña —responde con la voz entrecortada.

—Ya pasó... Ya todo acabó —beso su mejilla.

Just Like An EngelHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora