Capítulo 7

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Me despierto muy temprano. El oleaje se siente cerca, constante, pero no es eso lo que me arranca del sueño, sino un mordisco en la mejilla.

—Buenos días, cereza bonita —susurra Alastor, acomodándose a mi lado.

—Auch... —murmuro, escondiéndome bajo las sábanas.

—Vamos, despierta. Quiero hacer algo y nadie más me pesca. Están todos durmiendo.

Me incorporo en la cama y me froto el rostro con ambas manos —¿Será porque vinimos a descansar? —suspiro —¿Y qué quieres hacer?

—Ir a pescar. Para que tengamos algo decente de almuerzo.

—Por Dios, Alastor, podemos pedir delivery o ir a un restaurante —digo, todavía con la voz pesada de sueño.

—¡No! Rentamos un bote en el puerto y salimos a pescar.

A regañadientes me levanto y me pongo la ropa que Caín nos dio al llegar. No tiene sentido bañarme si probablemente volveremos oliendo a pescado. Nos subimos al jeep y vamos rumbo al puerto. Al llegar, veo a varios pescadores preparándose.

—Mira —le digo—, podemos comprar pescado y decir que lo pescamos nosotros.

—Oh no. Eso jamás. Puedo ser muchas cosas, pero mentiroso no —levanta un dedo, me toca la nariz y presiona como si fuera un botón antes de ir directo al puesto de arriendo de botes.

Salimos al mar. El único que rema es él. Yo sostengo el remo sin saber muy bien qué hacer con él, aterrada con la idea de que el bote se vuelque ya que no sé nadar. Cuando llegamos a una zona más tranquila, Alastor deja de remar y se acomoda con la caña de pescar. Yo lo observo en silencio.

—Amatista... ¿Puedo preguntarte algo? —dice de pronto.

Hago un puchero y me inclino hacia el borde del bote para tocar el agua —¿Por qué no me dices cereza?

Se ríe —Porque es un tema serio y amerita tu nombre.

—Ese no es mi nombre. Es Amethyst.

—No me importa. Es lo mismo.

Revisa la caña. Nada. Vuelve a lanzar el cebo —¿Por qué te drogas?

La pregunta me golpea de frente. Me quedo callada más tiempo del que quisiera. —Porque me gusta. —respondo.

—¿Y por qué te gusta?

—Al principio fumaba marihuana para encajar. Después porque era lo único que me relajaba. Me hacía sentir bien.

—¿Y la cocaína?

—La probé con Caín.

—Eso ya lo sé. ¿Por qué te quedaste pegada con ella?

—No estoy pegada. Puedo controlarlo —protesto.

—Supongamos que sí —dice, poniendo los ojos en blanco —Entonces dime por qué te gusta.

Respiro hondo.
—Porque me siento más libre. Más valiente. Más extrovertida. Es como si nada me importara, como si pudiera hacer cualquier cosa. Me olvido de mis inseguridades. Es adrenalina directa en las venas... y además no me da hambre.

Alastor guarda silencio.

—Me gusta escapar de la realidad —digo al fin, mirándolo de frente.

—Hay formas más sanas de escapar —responde—. ¿Has probado cosas como viajes astrales o realidades alternas?

—No sé qué es eso... y me da miedo.

—Te da miedo algo sano, pero no meterte veneno en el cuerpo. No es coherente.

Just Like An EngelHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora