19- La dolorosa verdad

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"Si realmente el sufrimiento da lecciones, el mundo estaría poblado sólo de sabios. El dolor no tiene nada que enseñar a quienes no encuentran el coraje y la fuerza para escucharlo". 

 Sigmund Freud.


—Candy por favor debes decirnos que pasó, por qué te has puesto así —Patty miró a Michael desconcertada, mientras trataba de tranquilizar a su amiga.

—Cariño ve por agua mientras trato de tranquilizarla —le indicó Michael a Patty.

—Candy, mírame, por favor trata de calmarte. Respira, hazlo conmigo, vamos toma aire y expúlsalo poco a poco, Patricia te traerá agua y cuando estés más tranquila cuéntanos qué pasó, debes decirnos que te dijo esa señora para dejarte en este estado –le decía Michael muy preocupado.

—Esto es muy serio, ciertamente. No es cierto Candy —Patricia le preguntó, tratando de entender.

Por fin ella estaba más calmada, gracias al apoyo de ambos, pudo recobrar la compostura. Pero seguía muy callada, casi no articulaba palabra.

—Candy creo que es mejor que te llevemos a tu casa, no te veo en condiciones para que puedas seguir trabajando así, estás muy afectada. Iré a hablar con la jefe de enfermeras, le diré que tuviste un malestar, me identificaré con ella, y le diré que te voy a llevar a casa –le explicó Michael.

—Oh Dios mío, ¿Qué hora es? Tengo que regresar a mis rondas, por favor discúlpenme. Tendré serios problemas si no vuelvo —Candy hizo un esfuerzo por levantarse, pero fue inútil se sintió mareada, y tuvo que volver a su asiento.

—Por favor hazle caso a Michael, deja que él vaya a conversar con tu jefa, sabrá manejarlo, no puedes volver así al trabajo, tienes los ojos hinchados y no te ves bien Candy. Si quieres yo te acompañaré a buscar tus cosas y para que te cambies el uniforme.

—No, chicos en verdad se los agradezco, pero tomaré un té con mucha azúcar y estaré lista. En verdad chicos gracias por preocuparse por mí y apoyarme. Pero soy una novata aquí, no puedo fallar en mis turnos. Michael, sabes como son las cosas. Estoy haciendo una especialización, me exigen mucho más. Estaré bien en serio —insistía Candy.

—¡Es Terry! —dijo de pronto Patricia, viendo que el actor había entrado a la cafetería y caminaba hacia ellos.

Candy se tapó el rostro con ambas manos, limpiando el resto de las lágrimas que surcaban desde sus ojos, ya de forma más tímida. Respiro hondamente y bebió un sorbo del agua que Patricia trajo para ella. Al verlos Terry supo que estaba pasando algo, e inmediatamente le preguntó:

—Estás bien, acaso pasó algo. Candy has estado llorando, dime qué pasó —por la mente de Terry pasaba cualquier cosa, y su corazón latía tan fuerte, que podía sentir los latidos en su garganta.

—Siéntate —Le dijo ella quedamente.

—Nosotros iremos a hacer lo que te dije. Cómo se llama la jefa de enfermería Candy –le preguntó Michael, de pie al lado de Patricia.

—Es la enfermera Townsend, ella les podrá decir dónde buscar mis cosas, de todas formas, están en el cuarto de descanso de las enfermeras de quirófanos.

—Vendremos en un momento entonces —dijo Michael, alejándose con Patricia.

—La señora Marlow vino a verme, hace aproximadamente una hora –dijo mientras miraba el pañuelo en su mano.

Terry golpeó la mesa con el puño cerrado de su mano derecha, sin importarle que se encontraba en la cafetería del hospital, y lanzó varios improperios.

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