Mientras Elsa y Catherine se dirigían al sitio de encuentro, Anton y Freydis ya estaban ahí esperándolas. Anton tratada de mantener la calma, pero la castaña estaba alterada y ansiosa; no sabía si Elsa había tenido mejor suerte que ellos buscando a su hermana mayor y no sabía cómo estaba ella luego de lo ocurrido. Lo único que podía hacer, en un intento por mantener la mente ocupada, fue caminar de un lado a otro esperando a que la platinada apareciera.
– Así sólo conseguirás cansarte. Siéntate, ya no debe tardar. –Aunque Anton quería sonar tranquilo, Freydis percibió que también estaba estresado. No supo si era por lo de Catherine o porque ella no dejaba de moverse.
– ¡Pero no sabemos si viene con Catherine! Por todos los dioses. Yo sabía bien que Elsa quería hacer eso hace mucho, pero creí que tendría mejor control, y sentido común para ver que no era el momento ni mucho menos el lugar.
– Ya está hecho, no podemos hacer nada más que esperar. Si ella tampoco tuvo suerte en encontrarla... bueno, seguiremos buscando. No creo que se haya marchado de Arendelle y estoy completamente convencido de que Catherine fue a esconderse a su laboratorio. Jamás salió de ahí de niña, así que debe sentirse segura en ese lugar.
– Eso también me preocupa ¿Qué tal si no quiere volver a salir? ¿Qué tal si perdemos todo lo que avanzamos con ella?
– Créeme que no eres la única que piensa eso; yo, incluso Elsa... a todos nos preocupa. Esperemos que todo esté bien.
Luego de un rato, Elsa y Catherine aparecieron. Ambos jóvenes se sorprendieron al verlas llegar. Anton creyó que Elsa tendría más problemas para convencer a la chica de volver. Freydis no perdió tiempo en dudar y fue de inmediato con su hermana para abrazarla.
– ¡Estás bien! ¡Estás de vuelta! Lamento mucho lo que ocurrió. -tras darse cuenta de lo que hizo, Freydis se apartó de Catherine-. Lo siento, sé que no te gusta que te toquen. –La azabache sólo sonrió y acarició la cabeza de su hermana menor.
– Puedes olvidar eso. Yo lamento haberlos preocupado a todos, sólo necesitaba un poco aire y tiempo para pensar.
No hace falta decir la sorpresa y confusión que llenó a los jóvenes. Anton volteó a mirar a Elsa esperando que ella pudiera darle una explicación, pero ella le devolvió la misma mirada confundida, mientras se acercaba a él para susurrarle al oído:
– La encontré en su laboratorio, ha estado así y no sé por qué.
– Algo pasó mientras estaba sola. La verdad... me preocupa más verla así que cuando era ella misma.
– A mí también. –Ambos se quedaron callados cuando se dieron cuenta de que Catherine los estaba mirando.
– Elsa, volvamos al bosque; aún tengo que completar mi investigación sobre la magia.
– Eh... sí, claro. Y también tenemos que descasar.
– Sí. Freydis, sé que quieres que te enseñe más, pero ya que pasaste el juego de medicina, ya no hay nada más que podría enseñarte. Es mejor que regreses a tu escuela para que puedas graduarte.
– ¿Me estás echando? ¿Ya no me quieres cerca de ti? –Los ojos de la castaña empezaron a empañarse.
– No es eso, sólo digo que mientras siguas conmigo retrasas tu graduación. Puedes venir a visitarme cada vez que quieras, pero tienes que retomar tu vida. Yo estaré bien, no te preocupes; Elsa no me dejará sola. –Añadió eso último regresando su atención a la platinada.
– Es cierto, no tendrás de qué preocuparte.
– Está bien. Pero vendré a visitarte muy seguido.
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¿Cómo hacerle entender?
Fiksi PenggemarAños después de que Elsa se convirtió en el quinto espíritu del bosque encantado, Catherine, una mujer genio prodigio super dotada, entra al bosque con la intención de recolectar muestras y especímenes para su estudio de la magia. La científica ha...
