Capitulo IV
Desconoce de dónde es o quienes fueron sus padres. Todo lo que sabe de ellos es que un día, cuando aún era un bebé lo dejaron en un canasto a orillas del camino, bien cubierto con un manta. Quizás si aquella caravana errante no lo hubiera recogido ya estaría muerto.
No sabe su edad y claro jamás había tenido un nombre. Siempre había sido "Hey" "eso" o "esa cosa". Desde que tiene memoria había permanecido dentro de aquella jaula de madera cubierta con una manta gruesa, arrastrada por la carreta de un lado para el otro. Y también desde que tiene uso de razón sabe que es diferente, se dio cuenta que el sol lo lastima. Desde un sarpullido molesto hasta ampollas, que cuando se revientan, sangran y son extremadamente dolorosas.
Las personas que lo recogieron le dijeron que se debía a una maldición. Seguramente sus padres ofendieron a algún dios del templo o que quizás la que fuera su madre había sido infiel con un yukai, maldiciéndola con un niño que nunca podría salir a la luz del sol.
Era un niño maldito que nunca debió de haber nacido.
Debía ser así. Porque todos lo trataban así.
La gente de la caravana que lo acogió lo trataba como un animal. Solían darle las sobras de lo que comían, bañarlo de vez en cuando con agua fría a cubetazos, aprovechando de paso de limpiar su jaula, donde el pequeño también tenía que atender sus necesidades. Lo único que traía puesto era, desde los pies hasta la cabeza, vendas sucias y manchadas de sangre ya que rara vez eran cambiadas por unas nuevas.
Otras veces, le decían que si no se portaba bien, lo dejarían en la mitad del camino o aun peor cuando estuviera dormido quitarían la manta de día para que el sol lo tocara. Cuando eso pasaba, solía quedarse despierto todo lo que podía lleno de inseguridad. Aun así para el líder de la caravana él era valioso. Tenía que serlo porque más de una vez se lo dijo:
"Tú eres lo mejor. Mira cuánto dinero ganamos hoy"
El acto principal de su caravana consistía en montar una pequeña obra teatral sobre como un campesino había entrado a un bosque de bambús a trabajar un día, y tener la mala fortuna de encontrarse con un monstruo y pelear por su vida; encontrando al final en una cueva el tesoro que ese protegía. Acompañado de música y algo de baile. El líder al final anunciaba que la obra había sido completamente real y que ellos poseían la cría del temible monstro que fue encontrado en la morada de aquel yukai junto a su tesoro. Era entonces cuando traían la jaula y descubrían solo uno de sus lados sin retirar la manta. Entonces el niño hacia su aparición, arrastrándose, con su mirada carmín fija en el público. La gente se quedaba estupefacta o morbosa, mirándolo igual. Entonces el líder lo jalaba fuertemente del brazo hasta hacerlo chocar contra las rejas y retiraba las vendas exponiéndolo al sol. De inmediato se cubría de ampollas e inevitablemente lloraba y se quejaba. Escuchaba gritos de horror y llantos de otros niños al verlo.
"Es una cosa horrible"
"Una bestia así debe de ser peligrosa"
"Es abominable"
"Mamá tengo miedo"
Después cubrían su jaula rápidamente. Escuchando un tintineo en el piso y como el líder agradecía su cooperación
Para nada era un niño tonto, al contrario era muy listo. Había aprendido a hablar escuchando a la gente de su alrededor y comprendía prácticamente la mayor parte de las palabras. Pero eso no evitaba que el líder de su caraba se lo prohibiera. Se acostumbró a no hablar, no tenía caso hacerlo, si nadie quería oírlo. Tenía que fingir que era una bestia, un demonio sin alma. Un ser despreciable que no necesitaba de amor o generosidad. Ser temido por todos.
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Raikoritsu no hata (El campo de las lycoris)
FanfictionDurante el periodo Edo y la gubernatura de Tokugawa como parte de su política de control, las leyes establecían la restricción de los burdeles en distritos especiales separados por muros a cierta distancia del centro de cada ciudad, denominados "Yu...
