III

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Tsubaki no supo cuánto se quedó dormido. Aun escucha la algarabía de las risas y la música venir del piso de abajo. Se incorporó lentamente. Kiku le dijo que no tardaría pero no parece haber entrado en la habitación. O eso pensó antes de notar que la puerta que separaban las habitaciones estaba cerrada. Se acercó gateando despacio sin hacer ruido, aun estando adormilado notando casi de inmediato que había alguien del otro lado. Deslizo discretamente la puerta solo haciendo una grieta y entonces lo vio.

A Kiku recostado sobre el amplio futon con el kimono medio abierto y con un tipo encima.

Aquel sujeto tenía unos treinta y tantos, robusto de cuerpo musculoso, bronceado, el cabello bien peinado e una coleta samurái; aun traía puesto su hakama color azul oscuro. Apretaba y se aferraba al delgado cuerpo de Kiku. Restregando su rostro en su pecho olfateando y bufando.

—Está muy impaciente esta noche. ¿No le parece Mitsubara-dono?

—¿Sabes cuánto tiempo he esperado para tenerte entre mis brazos de nuevo Kiku? Pronto me enviaran a una misión muy lejos de aquí y pueda que esta sea la última vez que te vea.

El hombre habla metiendo su mano rasposa por la parte de abajo del kimono negro de Kiku. Tomándolo del suave muslo, abriéndole presuroso las piernas.

El menor suspira y se mueve un poco acomodándose mejor a las demandas de su cliente:

—No diga cosas tan aterradoras. Sabe que yo siempre le estaré esperando. No hay nadie que me haga sentir también como usted.

Lisonjea el menor con aparente modestia. Estirando su cuerpo fingiendo un estremecimiento, suelta un pequeño quejido y voltea su rostro aun lado despejando el campo entre su cuello y clavícula mientras terminaba de desamarrarse el obi medio desecho. Inmediatamente es atacado por el desesperado hombre que clava sus dientes en su hombro desnudo. Kiku deja escapar un grito se estremece esta vez con honestidad, aferrándose a la espalda del mayor comenzando a excitarse. Es entonces cuando Kiku se da cuenta que el pequeño Tsubaki lo está observando desde el otro lado de la puerta. No se enfada, ni se sorprende. En su lugar sonríe dulcemente, sonrojado y mueve los labios:

"Observa bien"

A continuación Kiku abandona el abrazo, desliza los dedos por el largo de la ancha espalda de Mitsubara-dono para finalizar escabullendo las manos por el interior de la parte superior de la Hakama y con agilidad baja la prenda y besa el cuello del hombre. Este se ríe y menciona por lo bajo:

—Así me gusta más. Cuando no eres tan sumiso.

Mitsubara abre bruscamente el kimono negro de su acompañante dejando al descubierto por completo el cuerpo de Kiku. Este es sumamente apetitoso: Un torso suave y de un blanco cremoso, un vientre plano que hace que se marque su cintura angosta y los óvalos de sus carderas. Todos esos encantos solo lograron que el mayor jadeara y se lanzara de inmediato a abraza con todas sus fuerza con sus brazos largos y musculosos, tanto así, que lo levanta del futon haciendo que se siente sobre él. La cabeza de Kiku se echa para atrás en un fuerte gemido mientras su espalda se arquea provocando que las costillas del chico sobresalgan en su figura de tal manera que parece que se quebrara en cualquier momento. Eso éxito al mayor de sobremanera provocando que apriete los costados aún más, cortándole el aliento.

—Sabes que tengo la fuerza suficiente para acecinar un oso solo con mis manos.

Presume y comprime, las venas en sus brazos sobresalen. Kiku hace un sonido ahogado. Se le dificulta respirar y la cabeza comienza a darle vueltas. Pero ese no es malo para él, al contrario le gusta.

—¿Me... me está comparando con una de esas bestias?

El chico sonríe. Esta tan acostumbrado a la intensidad de Mitsubara-dono que el dolor en sus costillas se siente bien, emocionante. El placer raya más en el delirio. Era el dominio que ejercía aquel hombre musculoso lo que calentaba su cabeza que ya había dejado en blanco. Solo escucha un zumbido y su cuerpo se tensa, sus pies apenas tocan el colchón del futon. Jadea, su cuerpo lucha por respirar, las lágrimas nublan su visión.

Raikoritsu no hata (El campo de las lycoris)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora