XXVI

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Capitulo XXVI

Esa misma noche.

Yuri se quedó esperando solo en la habitación principal de Nadeshiko después de la hora del baño.

A pesar de que su hermano no trabajaba durante la noche, las sirvientas ya habían preparado el futon y dejado prendidas las lámparas. El pequeño albino que solo traía puesto su juban blanco, estaba sentado sobre el colchón, esperando a su hermano mayor. Él no era muy consiente de porque Nadeshiko se había quedado las últimas noches con él, en lugar de que bajara a trabajar. Ya que el castaño solo le había explicado que lo hacía para poder educarlo correctamente. Lo cual comenzaba a dar sus frutos. Yuri ya era capaz de pronunciar una que otra palabra que no podía antes, hablar con menos pausas entre palabras; también había conocido palabras nuevas. sabía lo básico de escritura y no lo hacía nada mal. Sin olvidar que estaba aprendiendo a bailar y eso le gustaba mucho. Era divertido y agradable que Nadeshiko se mostrara orgullosos de él.

Sin embargo, hoy su hermano comenzó a comportarse extraño, después de que se quedara a solas con Madarame- sama.

Tal vez... si cometió un error con ese hombre. Nadeshiko le había dicho lo que el viejo era capaz de hacerle. Ordenándole que se quedara quieto y callado, sin importar lo que sintiera. Esta seguro que tuvo un pequeño sobresalto cuando lo rozo con su dedo. No pudo evitarlo, aunque apretó los labios. No negara que sintió agradable. Pero al parecer eso no es tan bueno como el pequeño piensa.

Debido a que a Yuri le habían dicho desde siempre que jamás nadie iba a querer acercársele, ni hablar de tocarlo, gracias a su condición de "youkai". Yuri no tiene aquello límites que hacen que sienta incomodidad porque algún extraño trate de tocarlo. Al contrario, su mecanismo de defensa hace que él sea complaciente con las personas extrañas, para ser aceptado. Aunque malo, el albino convertiría esto a futuro en una de las mayores ventajas que él tendría en esa profesión.

Sin embargo, la reciente experiencia con el viejo sastre había cambiado la percepción que tenía Yuri. La cual era que había personas que podían desagradarle en verdad. Madarame se había vuelto la primera. No fue por lo que le hizo a él, sino por la expresión de desagrado que su hermano mostró en todo momento en cuanto se vieron. Es decir, casi todo el tiempo había visto a Nadeshiko fruncir el ceño desde que se conocieron, gritar y estar molesto. Pero con Madarame fue diferente. A él no pudo gritarle. El pequeño fue capaz de notar como su hermano se esforzaba de sobremanera mente para sonreír, manteniendo feliz a ese hombre. Eso fue lo que le provocó incomodidad, de que algo no estaba bien en su entorno. Todo lo contrario a lo que sintió cuando vino aquel hombre de hakama azul a hablar con su hermano en la tarde.

―Beso...

Se dijo en voz baja mientras se acostaba de lado en el futon y se tocaba los labios con su dedo haciendo una señal de guardar silencio.

Eso fue sorprendente. Ese momento en que el hombre bajo el kimono de su hermano y beso su pecho. Nadeshiko había puesto la misma expresión en el rostro que le observo aquella noche que estuvieron con Tsubaki.

Cuando aquel hombre se fue y cerro la habitación. Yuri no pudo evitar sentirse intrigado al ver a Nadeshiko desplomarse sobre el suelo con el cabello despeinado, el pecho descubierto. Tratando de contralar su respiración, ruborizado. Escuchándolo murmurar conflictuado por haber sentido placer. Eso significaba, que también había adultos que a Nadeshiko podían agradarle.

―Te secaste correctamente el cabello ―escucha la voz del mayor entrabando a la habitación―. No quiero que mojes el futon. ¿Me escuchaste?

―Si. Si.

Raikoritsu no hata (El campo de las lycoris)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora