Los recuerdos más importantes de Himawari también han sido las veces en que se atrevió a desobedecer a Okaa-san. En ese entonces tenía una sirvienta que lo cuidaba en todo momento, además de que tenía prohibido salir de la habitación que compartía con Okaa-san la cual al igual que hoy en día se encargaba de su educación personalmente y podre de él si no había aprendido bien sus lecciones, Okaa-san solía castigarlo asiendo estar de pie por mucho tiempo o asiéndole cargar libros sobre su cabeza a pesar de ser un niño muy muy pequeño. Ella siempre le había repetido que tenía que ser callado y aprender correctamente para que pudiera hacerse cargo de todo cuando fuera más grande. Claro que Himawari siempre había sido un niño muy inquieto y curioso que no hacía mucho caso a las palabras de Okaa-san o mejor dicho no entendía a lo que ella se refería con "hacerse cargo de las cosas". Para él en ese entonces lo más importante era jugar. Por eso su primer recuerdo importante fue cuando conoció a sus hermanos mayores.
Algo que había llamado su atención con el tiempo es que escuchaba muchos ruidos venir de abajo, risas de otros niños y sirvientas viejas que siempre parecían estar ocupadas en sus quehaceres como para prestarle atención. Saber que era lo que había en los pisos de abajo se convirtió en el primer objetivo de su vida haciendo que escaparse de su cuidadora se volviera su juego favorito. Muchos intentos fracasados y regaños hasta que su persistencia logro frutos y logro escaparse de esta entre gritos y risas hasta lograr su cometido en los pisos inferiores encontrándose de frente con varios niños mayores que él que lo miraba con curiosidad mientras desayunaban. Okaa-san lo regaño mucho por su desobediencia ese día sin embargo tras un gran silencio de parte de ella decidió que era momento que conociera y pasara el tiempo con aquellos que eran sus hermanos. Himawari estaba feliz, por fin tendría alguien con quien jugar que no fueran esas viejas y cansadas sirvientas. Sin embargo pronto descubrió que sus hermanos no eran muy amable con él, lo miraban feo y él no sabía porque. No le hablaban, ni jugaban con él "No tenemos tiempo para esas niñerías" decían y lo dejaban solo.
La segunda vez que desobedeció a Okaa-san fue la noche que averiguo los misterios de la casa. Después de conocer a sus hermanos se dio cuenta que en cuanto se ocultaba el sol Okaa-san insistía en encerrarlo en su habitación. Tenía que irse a dormir y no salir por ningún motivo. Veía a Okaa-san usar sus mejores galas y salir de la habitación mientras se quedaba a cargo de una sirvienta. También cuando le preguntaba a sus hermanos mayores que era lo que hacían cada noche estos no contestaban y si alguien aunque sea en tono de broma tenía la intención de responder esa duda lo demás le recordaban lo mal que lo iban a pasar con Okaa-san se enteraba. Por ello decidió averiguarlo el solo. Una noche se aseguró de cansar a la sirvienta que lo cuidaba y tratar de aguantar despierto hasta que la anciana se quedara dormida. Okaa-san ya había bajado desde hace mucho como lo hacía cada noche. Así que era cuestión de salir con cuidado de la habitación sin hacer ruido, convencido de que algo interesante pasaba abajo.
¿Cuantos años habría tenido en ese entonces? ¿Seis? ¿Cinco? o quizás.... ¿era más pequeño que eso? No logra recordarlo bien. Lo que si recuerda es lo que paso aquella noche. Los pasillos estaban muy oscuros y había ruidos extraños en cuanto comenzaba a acercarse a las habitaciones de los más grandes. Entonces miro la sombra de una de las sirvientas subir las escaleras acompañada de otra persona. Rápidamente logro ocultarse detrás de una columna de madera y escucho lo que conversaban.
―Dentro de poco subirá ―le indica la anciana hincándose en el suelo abriendo despacio la puerta de la habitación frente a ella―. ¿Desea algo más, Mitsuruji-dono?
―Mhmm... no... no tarde...
Responde un hombre joven, delgaducho, encorvando y con ojeras. Luce un kimono morado muy costoso y elegante contrastante con su rostro que solo proyecta desaire. Entonces es cuando Himawari se percata que está mirándolo de soslayo, hay algo en su mirada un brillo que contrasta por completo con la apariencia cansada de aquel hombre su mirada lo hace temblar, este le sonríe con particularidad y el pequeño se sobresalta y trata de ocultarse aún más en la columna de madera.
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Raikoritsu no hata (El campo de las lycoris)
Ficção HistóricaDurante el periodo Edo y la gubernatura de Tokugawa como parte de su política de control, las leyes establecían la restricción de los burdeles en distritos especiales separados por muros a cierta distancia del centro de cada ciudad, denominados "Yu...
