Capitulo XXVII
Nadeshiko fue muy afortunado. El incidente del sentō no fue muy lejos. Ese día, Himawari fue de gran ayuda para su sorpresa. Ya que supo perder a la gente que los perseguía, manteniéndose a salvo en el lugar menos esperado. El consultorio de Sakamichi-sensei. El viejo no le pidió explicaciones, solo le dio un juban seco y lo dejo arreglarse tranquilamente bajo una mirada divertida al verlo llevarse bien con los pequeños. Tampoco los niños le preguntaron algo inconveniente. Aun que si noto el rostro ruborizado de Tsubaki a cada momento cuando lo observaba; permaneció calladito e incapaz de verlo a los ojos. Nadeshiko también se sentía levemente avergonzado por las cosas que lo hizo ver. No supo que había pasado en ese momento en el que se dejó llevar por completo. Himawari por su lado, tenía cara de tonto, con sus ojos moviéndolos de un lado al otro, checando a ambos. ¿Acaso también vio lo que estaba haciendo? Aun así no hizo ningún comentario o insinuación.
Cuando los tres llegaron a la casa. Nadeshiko no tuvo la necesidad de inventar una excusa o entrar a escondidas como había planeado al irse. Los menores se adelantaron, asegurando a la guardia encargada de la entrada del turno de tarde, que habían salido los tres, que Nadeshiko se los había llevado para comprar algo para su hermanito, que no podía salir. Evitándole problemas, ya que nadie había ido a buscarlo a su habitación. Después ello, le entregaron el wagasa para Yuri. Recibiéndolo sin gritos y sin poder las gracias por todo, manteniendo su postura de chico amargado con los demás.
Por otra parte, todo el asunto del sentō, debió de llenar las expectativas de Madarame-sama más allá de lo que él piensa. Porque le envió una carta al día siguiente, donde le aseguraba que cumpliría su parte del trato sin inconvenientes y que lo vería hasta el día en que entregaría la ropa de los Autobureiku.
El fin de semana llego rápido, junto al festival del gallo.
El Tori no Ichi se celebra todos los años en los "días del gallo" del mes once lunisolar (noviembre), siguiendo el antiguo calendario basado en el zodiaco chino llamado jikkan junishi. Siendo Tori (gallo) e Ichi (mercado). Las fechas exactas varían de año en año, pero dado que el día del gallo es cada 12 días, suele haber dos o tres días del gallo durante el mes de noviembre.
La historia del mercadillo Tori-no-Ichi se remonta al periodo Edo en el santuario Owashi. En esa época, era un festival de agradecimiento por las buenas cosechas, en el que los agricultores presentaban un gallo a la deidad guardiana del santuario como ofrenda y muestra de agradecimiento por las buenas cosechas. La tradición ganó fuerza y otros santuarios decidieron festejarla. Con el pasar de los años, empezaron a surgir puestos callejeros en los que comerciantes y agricultores vendían sus productos. Así, la festividad se convirtió en uno de los mayores mercados de fin de año en Japón. Y un auténtico festival en el que los comerciantes y agricultores rezaban para la buena fortuna en el año que estaba a punto de entrar que incluso hasta hoy día se lleva a cabo año tras año.
El festival más popular de esta índole se lleva a cabo en el santuario Ōtori Myōjin (actual santuario Ōtori de Asakusa) que estaba muy cerca de del barrio rojo de Yoshiwara. Cuenta la historia que las prostitutas más importantes y trabajadores del barrio, tan sólo podían salir de Yoshiwara durante la celebración de este mercadillo.
Los chicos del Raikorisu no hata no son la excepción.
Después del cierre de la casa. Los Hana se reunieron en la entrada de la casa junto a sus aprendices. Los mayores iban extravagantemente vestidos como era costumbre. A pesar de acabar la jornada laboral, ellos lucían frescos y elegantes. Los niños no obstante no se arreglaron en lo más mínimo o se cambiaron de ropa a comparación de su hermanos. Después de todo, ellos iban más en calidad de servidumbre que de aprendices al festival. Ya que después de que sus hermanos hicieran sus respectivas compras, que los pequeños cargarían durante la noche. Estos regresarían a la casa con ellas, ordenándolas y guardándolas, mientras los mayores se quedarían en el festival hasta casi el amanecer.
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Raikoritsu no hata (El campo de las lycoris)
Historical FictionDurante el periodo Edo y la gubernatura de Tokugawa como parte de su política de control, las leyes establecían la restricción de los burdeles en distritos especiales separados por muros a cierta distancia del centro de cada ciudad, denominados "Yu...
