Cuando amaneció hacia mucho frio. Nadeshiko temblaba en su lugar. La cuerda lo había quemado alrededor de sus pecho y sus brazos pero menor a lo que hubiera sido su se hubiera resistido. Cuando despertó y pudo enfocar la vista lo primero que cree ver es a Fuji quitando la cuerda. Lo cubre con un haori y lo deja caer rendido en el piso.
―Cuando te puedas levantar metete a la casa ―dijo.
El mayor fue enseguida con Kiku e hizo lo mismo pero con menos amabilidad.
Nadeshiko aún está muy agotado entrecierra los ojos como si quisiera seguir durmiendo.
―Fuji-Hana ―Escucha a una sirvienta dirigirse al moreno―. Wakamatsu-dono acaba de abandonar la casa.
― ¿Tsutsuji? ¿Saben cómo está? ―pregunta el chico preocupado.
―Okaa-san mando a llamar a Sakamichi-sensei... él...
El chico no la deja terminar y sale corriendo donde él otro.
― ¡Fuji-Hana! ¡Fuji-Hana! ―le grita la sirvienta en vano.
―Encárgate de esos niños.
Le dice el chico que entra a la casa.
La sirvienta se encargó de poner en pie y meter a los dos niños a la casa. Les da una taza de té caliente para desentumecerlos. Dejándolos en la sala comunal que durmieran un poco en el piso. Había cosas más importantes que atender. El escándalo en la casa comenzaría apenas el viejo doctor llegara.
Nadeshiko solo dormito un instante.
De repente se escuchan los pasos de muchos ir y venir en la casa. Nadeshiko se levanta pesadamente con dolor en el cuerpo. Kiku está a unos pasos de él, dormido tranquilamente como si no escuchara nada. Salió de la habitación sigilosamente hasta llegar a las escaleras. Sube despacio tratando de llegar a la habitación de su hermano mayor. Se pierde por un instante entre los enredados pasillos hasta que ve a dos niños correr agitados y nerviosos en cierta dirección. Decide seguirlos, solo para encontrar la escena de los chicos de la casa amontonados murmurando en el marco de la puerta abierta. Nadeshiko se abre paso entre los demás niños de la casa que se le quedan mirando.
― ¡Haaa!
Se escucha el grito de Tsutsuji lleno de dolor. Se encontraba sobre el futon, está lleno de verdugones por todos lados, quemaduras de cuerda en los brazos y piernas; huellas de dedos alrededor de su garganta. Todas bastante visibles ya que el chico no había más que sobreponerse el fondo de su kimono. Tenía la mirada medio perdida, uno de sus ojos hinchado y ennegrecido. Aferrándose a Fuji que se encontraba a su lado sosteniéndolo de la mano mientras Sakamichi-sensei colocaba de nuevo en su lugar el hombro que tenía dislocado.
― ¡Vamos chico! ¡Aguanta! ¡Aguanta solo un poco!
Se escucha al médico decirle alentándolo.
Tsutsuji continua gritando de dolor sin cesar retorciéndose, mientras una sirvienta trata de sostener las piernas del chico para evitar que se hiciera más daño.
En cuanto se escucha un tronido del hombro acomodándose. El doctor lo suelta y el chico cae rendido sobre su futon respirando agitado como si tratara de contener hasta el último de su aliento para no quedar inconsciente.
Los niños comienzan a murmurar entre ellos.
―Se ve bastante mal.
―En la noche solo se escuchaban sus gritos por toda la casa. Era espantoso.
―Nadie durmió nada.
―Fue culpa del que llego ayer.
Nadeshiko se voltea a ver a los otros y se quedan callados. Antes de que pueda decir algo para defenderse o cualquier cosa. Una sirvienta se abre paso entre todos los presentes con una tina de madera llena de agua caliente. Empuja a Nadeshiko a un lado y se pone a un lado del doctor quien procede a atenderlo sin antes preguntar:
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Raikoritsu no hata (El campo de las lycoris)
Fiction HistoriqueDurante el periodo Edo y la gubernatura de Tokugawa como parte de su política de control, las leyes establecían la restricción de los burdeles en distritos especiales separados por muros a cierta distancia del centro de cada ciudad, denominados "Yu...
