Hola a todos.
Agradezco mucho su paciencia.
Han sido una temporada complicada. Como si trataran de recordarme siempre que no puedo separarme de aquello que me hizo mal por muchos años. Que aún estoy pagando las malas decisiones de las personas que se suponen debieron cuidarme cuando era más vulnerable.
Escribir siempre me ha a ayudado bastante a lidiar con esas cosas (tal vez eso explica mucho, o tal vez no).
No saben lo feliz que me hace acabar un capítulo más y poder traérselos.
Sin más por el momento. Los dejo con el capítulo.
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Capitulo XXV
― ¡Suika! ¡Suika! ¡Despacio! ¡Lento!
Ran ruega acostado boca arriba sobre el suelo, tiene el kimono abierto de par en par con la tela esparcida debajo de él, ya que Suika no le había permitido ni siquiera quitárselo. Solo puede apretar los dedos de sus pies y sostener al menor de la cintura tan fuerte como puede. Suika por su parte, se había desnudado por completo, tan rápido que Ran no pudo creerlo. Se montó sobre él, dándole la espalda. Frotando desesperadamente su suave trasero sobre la erección despierta del otro atrapado en el fundoshi.
― ¡Suika, más lento!
Pide nuevamente Ran. Su cuerpo está envuelto en una clara excitación que lo asfixia. Trata de no enloquecer, no sabe cómo es que Suika se logró acomodar de tal manera que frota sus testículos sobre su pene. Es tan suave, cálido, sensitivo. Se estremece de nuevo tratando de no sucumbir a todo ello. A todo ese deseo. Escucha la respiración agitada de Suika. Es como si se perdiera a si mismo cuando la lujuria del momento le atrapa. Se vuelve perverso, atrevido. Su rostro se congestiona de pación, su lengua sale de su boca mientras sus ojos destellan pícaramente, asomándose indiscretos entre el largo de su flequillo. Su cuerpo se mueve irresistiblemente complaciéndose a sí mismo, sin escuchar los ruegos del otro.
― ¡N-no puedo más! ¡Suika, me vengo! ¡Ahhh!
Advierte el moreno para hacer que su compañero se levante de él, pero en su lugar el menor solo restriega aún más sus caderas, hasta sentir las palpitaciones del miembro del otro entre sus nalgas al momento de soltar su carga, dejando mojado y pegajoso.
Ran queda tendido, cansado. Sin embargo, sabía que aún no habían terminado. Esto no se acababa hasta que Suika estuviera satisfecho. Mira al otro levantarse, riéndose malicioso:
―Ran... ―le llama agitado―. Déjame limpiarlo todo...
El mayor asienta con la cabeza sintiendo el rubor volverle a la cara. No puede negarse a ninguna petición que le hace el otro. Ran, había admitido sus sentimientos por Suikazura. Había pasado de admirarlo y respetarlo por su talento a gustarle y quererlo.
Al principio le molestaba muchos las insinuaciones Deiji que le hacía o los comentarios taimados de Hinageshi. Era como si ellos hubieran descubierto un secreto que el mismo se negaba a ver en un principio. Pero ahora el mismo ya no negaría sus sentimientos. Al menos no para sí mismo. Quiere proteger a Suika, quiere permanecer a su lado, quiere seguir siendo la única persona con la que Suika puede desahogarse.
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Raikoritsu no hata (El campo de las lycoris)
Ficção HistóricaDurante el periodo Edo y la gubernatura de Tokugawa como parte de su política de control, las leyes establecían la restricción de los burdeles en distritos especiales separados por muros a cierta distancia del centro de cada ciudad, denominados "Yu...
