Si no podía sacarse de la cabeza el segundo en el que vio al chico pasar por el pasillo, Akaashi supo que la poca charla que tuvo con él, estaría rondando por su mente por, probablemente, una semana.
Se sentía completamente avergonzado al salir del salón. Era un manojo de nervios y ya ni sabía a dónde estaba parado. Solo salió de su curso rápidamente, pensando en cómo respirar después de lo que pasó.
Pero tampoco pudo crear un plan para huir de lo que sea que huía ya que en la puerta del salón se encontró, otra vez, con el dueño de su atención. Se chocó con él y ni le dio tiempo para pensar
—¡Aquí estás! Pensé que jamás saldrías.
Su voz era gruesa y hablaba alto. Akaashi se avergonzó más.
—¡Soy Bokuto Kotaro! ¿Cuál es tu nombre?
Bajó la mirada. Se sentía un tonto.
—Akaashi... Keiji.
—¿Akaashi qué?
—Akaashi Keiji —repitió, quizá un poco más alto.
—¡Ese es un nombre muy lindo!
—Gracias, Bokuto-san.
—No hay de qué, Akaashi —notó que su sonrisa era increíble.
Un silencio incómodo se creo en la puerta de ese salón. Mientras sus compañeros salían, ellos seguían ahí parados, sin saber qué decir o cómo actuar.
Akaashi se sentía una gelatina. En cualquier momento se caería por culpa de los nervios y terminaría muriéndose de un infarto si caía en los brazos de Bokuto.
—Oye... —Cuando volvió a hablar, Akaashi lo miró sorprendido—. Quería saber si querías almorzar conmigo.
—¿Por qué? —soltó sin pensarlo.
—Bueno... —rascó su nuca, desviando la mirada—. No lo sé, ¡llamaste mi atención, Akaashi! Quiero invitarte a comer pero solo si quieres... ¿quieres?
Parpadeó atontado.
—¿Yo? —Bokuto lo miró confundido—. ¿En serio?
—¡Claro que sí! —exclamó obvio—. Quiero que almorcemos juntos, Akaashi. ¿Vienes?
Y no lo dejo contestar, simplemente se dio vuelta y comenzó a caminar. El menor lo siguió tropezando con sus propios pasos.
—¿Y qué quieres comer, Bokuto-san?
—¡No hace falta que seas tan formal conmigo, Akaashi!
—Está bien. Lo siento.
—¿Qué quieres comer tú?
Akaashi llegó a su lado y lo miró.
—No lo sé. No tengo mucho apetito.
—¿En serio? ¡A mí se me antoja comer de todo! Estoy muerto de hambre.
—¿Sueles comer mucho, Bokuto-san?
—Bueno, mis músculos crecen con comida, así que sí —sonrió y Akaashi no pudo evitarlo hacerlo.
Al llegar a la cafetería, Bokuto caminó rápidamente hacia una mesa realmente poblada. Akaashi entró en pánico de solo ver a tantos chicos encima de esta.
—¡Ven, Akaashi! Te presentaré al equipo.
¿Equipo?
Frunció su ceño y lo siguió tartamudeando que sería mala idea, pero Bokuto hizo oídos sordos y siguió caminando, dirigiéndose a lo que parecía ser el equipo de algún deporte de la escuela. Todos tenían chaquetas idénticas y pudo divisar que decían voley.
—¡Chicos, escuchen!
La mayoría soltó un suspiro al escucharlo.
—Él es Akaashi Keiji.
Todos los pares de ojos cayeron sobre el menor, quien observó a todos confundido.
—Y será nuestro nuevo armador.
—¿Qué?
Todos (incluído Akaashi) soltaron a la vez.
—Bokuto-san, no creo que...
—¡Ya sé que no te dije nada! —Akaashi dio una saltito por la rapidez de Bokuto al alzar la voz—. ¡Pero tienes que confiar en mí! Hay algo en ti que llama mi atención...
La ilusión de Akaashi desapareció.
Era obvio que no le interesaba a Bokuto. ¿En qué momento pensó que eso tendría sentido?
—¿Me invitaste a almorzar para esto, Bokuto-san?
Ahora quien estaba confundido era el mayor.
Y todo el resto del equipo, pero eso no era importante ahora mismo.
—Pues... sí. ¿Para qué otra cosa lo haría?
En parte se sintió un imbécil por no haberse dado cuenta antes. Bokuto Kotaro no se le acercó para ser su amigo, tampoco porque le pasaba lo mismo que a él. Simplemente se había interesado en Akaashi por... ¡armador! Ni siquiera sabía qué era eso.
—¡Por favor Akaashi, confía en mí!
Frunció su ceño.
—Bokuto-san, te conozco desde hace menos de cinco minutos. No puedo confiar en ti.
—¡Por favor! —juntó sus manos frente a él como si estuviera rezando. Akaashi lo seguía viendo atontado y sonrojado—. ¡Escúchame!
—Ni siquiera sé qué es un armador.
—Yo te puedo explicar qué es, si quieres.
Un chico rubio con una sonrisa divertida llamó su atención. Akaashi ahora sintió sus mejillas arder más y solo pensó en huir.
—Oye, no —Bokuto fusiló con la mirada al chico apuesto—. Ni se te ocurra.
—¡No hice nada!
—No me importa —frunció su ceño completamente serio.
Akaashi no entendía nada.
—¡Como decía! —volvió a su buen humor y sonrisa cuando vio al menor—. Escúchame, por lo menos. ¡Y sé que acabamos de conocernos pero por favor, dame una oportunidad!
¿Oportunidad de qué?
—Bokuto-san, no entiendo nada de lo que está pasando —Akaashi suspiró.
El chico rubio de antes rió dulcemente.
—Este imbécil de aquí —señaló al chico llamativo (según Akaashi)—. Te está invitando a nuestro equipo de vóley y quiere que juegues como armador, que es una posición realmente importante.
Oh.
—Oh.
—Exacto —Bokuto tomó los hombros de Akaashi—. Por favor, ¡por favor!
—¿Y por qué yo?
—Porque a Bokuto le pica el bicho de la locura y recluta a todas las personas que llaman su atención.
—¡Solo miren a Akaashi! —exclamó—. ¡Tiene toda la pinta de armador!
—Bien, hagamos esto.
La campana del receso comenzó a sonar y el chico rubio, junto al resto del equipo, se levantó.
—Si te interesa, puedes venir a vernos practicar.
Una sonrisa probablemente coqueta se coló por sus labios y Bokuto siguió intentando matarlo con la mirada.
—Y si te gusta... puedes jugarlo con nosotros.
—Nunca en mi vida he jugado vóley.
—Aprenderás —se encogió de hombros dándole unas palmaditas en el hombro—. Pero ven, será divertido.
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Radar | Bokuaka
FanfictionNo debía estar prestándole atención a otras cosas mas que a la escuela. Pero ahí estaba, distrayéndose con alguien que solo vio por un segundo. Cuando Akaashi Keiji se topó con el dulce chico de segundo año, se dio cuenta que sus padres estaban equi...
