—Mira... no sé qué quieres con mi hijo.
Oh, así que iban a tener esa charla suegro-yerno cuando ni siquiera lo eran. Takiro simplemente detuvo a Bokuto en la puerta del cuarto de invitados y clavó sus ojos en él, haciéndolo darse cuenta que Akaashi era su copia.
—Pero tienes que quererlo mucho como para venir a las doce de la noche y golpear su ventana —Bokuto asintió, tonto—. No tendré problema con lo que sea que tengan ustedes dos si el rendimiento de mi hijo en la escuela no baja, ¿si? Así que... ven más temprano, déjalo dormir porque es difícil de levantarlo en las mañanas.
—Por supuesto, señor. Akaashi seguirá con sus buenos grados como siempre... señor.
Takiro se le quedó viendo. Bokuto se sintió estúpido.
—Sí, como sea... buenas noches, Bokuto.
—Buenas noches, Akaashi-san.
Cuando Bokuto entró al cuarto, tiró las cosas sobre la cama y se sentó al lado de estas, perdiendo su mirada en el techo y pensando qué —carajo, mierda, rayos— acababa de pasar.
Primero; había ido a la casa de Akaashi y lo había besado. Segundo; Akaashi había correspondido. Tercero; su padre los había visto. Cuatro; ahora, básicamente y de forma indirecta, tenía la mano de Akaashi. Podían casarse ya si quisieran.
Pensó en una boda. Él con un fantástico traje blanco y Akaashi con un traje negro o alguno que combine con sus lindos ojos, porque son hermosos y espera verlos toda la vida. Se imagina a ellos mismos en una iglesia, en el altar y con alguien diciéndoles que se están casando. Ve a Kuroo como su padrino y a Konoha llorando en un rincón. También encuentra a su madre entre la multitud...
Lo mataría. Simplemente lo mataría por no avisarle que se iba a casar.
Bokuto parpadeó.
¡Se estaba desviando del tema!
¿En serio acababa de imaginarse que se casaba con Akaashi? Piensa que debe gustarle mucho indirectamente, porque ni con la chica que antes le gustaba se veía así. De todos modos también creyó que no podía imaginarse que se estaban casando si llevaban mes y medio conociéndose. Muy poco, muy lento.
Piensa que debe hablar con Akaashi ahora mismo. De todo. De cómo seguirán de ahora en adelante, qué serán y cómo se vestirán para su boda. Iría a buscarlo ahora, pero la inteligencia en su cabeza sale de su trance y recuerda la existencia de Takiro. No puede tomar el codo del hombre si este le dio la mano y sabe que si lo llega a ver entrar al cuarto de su hijo, le arrancará la cabeza. Bokuto no puede ir a su boca decapitado. No sería estético.
Así que espera hasta más tarde. Las luces de la casa están apagadas y con ello la televisión del cuarto de los padres de Akaashi. Es su momento perfecto para salir, así que en puntas de pie se dirige al cuarto del menor, que está en la otra punta del pasillo. Digamos que el cuarto de invitados está al lado de la escalera y Bokuto, para llegar al de Akaashi, tiene que pasar por tres puertas. Cosas de ricos, supone él.
Aún así, logra su cometido. Lentamente gira el pestillo y abre la puerta, asustando a Akaashi, quién está con su teléfono. Lo sorprende tanto que el teléfono resbala de sus dedos y cae, golpeando su pecho y robándole un quejido que termina siendo irrelevante cuando se encuentra con la sonrisa de Bokuto. Ilumina el cuarto y su vida, pero no puede estar aquí. Si su padre lo ve, lo mata.
—¡Bokuto-san! —gritó-susurró viendo como el mayor entraba y cerraba suave y lentamente la puerta—. ¡No puedes estar aquí...!
—Sí, sí. Solo hazte a un lado y ya.
Hizo caso, durmiendo del lado de la pared otra vez. Bokuto se metió bajo las sábanas y se acomodó, tapándose hasta las orejas, solo viendo los ojos de Akaashi. Ante la vista del pelinegro, se siente con un niño.
—Akaashi, vine aquí porque necesitamos hablar de algo sumamente necesario.
El menor se le quedó viendo. ¿Hablarán de lo que pasó? Qué nervios...
—¿De qué color será tu traje para nuestra boda?
Lo miró atontado.
—Bokuto-san, ¿qué?
—Eh... sí. ¿Qué color? —preguntó serio. Akaashi no podía creérselo—. Yo llevaré uno blanco porque son geniales y me quedan increíbles. ¿Tú?
¿Le estaba pidiendo matrimonio?
Akaashi ya no entendía lo que pasaba.
—Buenas noches, Bokuto-san.
Sí. Se iría a dormir porque la pregunta había llevado su ansiedad al cielo. Muchas sensaciones por hoy, explotará si llega a intentar entender qué pasó.
—¿Qué? —Bokuto sonó indignado—. No, no. Akaashi, no te duermas.
Bokuto tomó su hombro, sacudiéndolo. Akaashi hizo un puchero y volvió a abrir sus ojos, encontrándose ahora con la mirada ofendida del chico.
—Estamos hablando de algo serio, Akaashi.
—¡Estamos hablando de nuestra boda! —gritó-susurró—. Ni siquiera somos novios, Bokuto-san.
—Bueno, pero en algún momento lo seremos, ¿sino cómo nos casaremos?
Se sintió avergonzado. Demasiado.
Su rostro ardió cuando terminó de hablar y se le quedó viendo. Bokuto aprovechó ese momento para robarle un beso.
Despertó de su trance rápidamente.
—¡Bokuto-san! —exclamó, obviamente en voz baja.
Su conversación era inaudible para cualquiera que no fuera uno de ellos dos.
El mayor le robó otro beso. Akaashi jadeó sobre sus labios.
—¡Ya para!
Y uno más.
Akaashi tapó sus labios. Bokuto rió dulcemente.
—¡No puedes besarme así!
—¿Así cómo?
Otro chasquido de un beso.
—¡Así, justo como ahora!
—¿Y por qué no?
Sin vergüenza alguna, Bokuto tomó su cintura y lo atrajo hacia él. Akaashi dejó sus manos en su pecho, dándose cuenta que estaban demasiado cerca: sus pierna encontrándose con la de Bokuto, su sonrisa encantadora y su mirada divertida. Si su padre los llegaba a ver, santo Cielo... la tercera guerra mundial empezaría ahí.
Bokuto le robó otro beso. Cuando se alejó, Akaashi hizo un puño con su mano y lo golpeó sin fuerza, su rostro ardía y su cuerpo estaba caliente.
—Ya déjame dormir, Bokuto-san —murmuró, sintiendo una de las piernas del mayor acomodarse entre las suyas.
—Bien, pero solo un beso más.
Asintió y lentamente alzó su mentón. Akaashi se encontró con sus ojos y sintió su corazón acelerarse al mismo ritmo que el de Bokuto. Simplemente el mayor bajó un poco la cabeza y juntó sus labios, moviéndose con la mayor lentitud del mundo, tranquilizando a Akaashi.
Al otro día, Takiro entreabrió la puerta de su hijo para despertarlo y suspiró al encontrarse con la espalda de Bokuto, tapado y abrazando a su hijo por detrás, durmiendo tranquilamente sobre su hombro.
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Radar | Bokuaka
Fan-FictionNo debía estar prestándole atención a otras cosas mas que a la escuela. Pero ahí estaba, distrayéndose con alguien que solo vio por un segundo. Cuando Akaashi Keiji se topó con el dulce chico de segundo año, se dio cuenta que sus padres estaban equi...
