Capítulo 4: Estrella

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Akaashi volvió a su salón solo, negándose a lo que Bokuto le decía porque ahora mismo estaba demasiado confundido y quería tener un tiempo tranquilo para procesar.

Sus padres le habían dicho que debía prestar atención en clases, ser el mejor en cada materia y ganarse el corazón de los profesores, pero ahora nada de eso le importaba. Decidía perderse la explicación de un tema nuevo en matemáticas y pensar en Bokuto.

Así que el chico más llamativo de la escuela lo había «reclutado» para ser «armador» en un club de voley. Por eso mismo se preguntó si faltaban personas así o si simplemente Bokuto quería tenerlo en el equipo.

Lo había llevado con estos, los había conocido y al parecer el chico rubio le había hechado el ojo. Bien, Akaashi no era tonto, así que más o menos sabía que a Bokuto no le gustaba la actitud del desconocido. Se preguntó si era así con todas las personas o solo con él.

Luego lo había tomado de los hombros. Acción que hizo que su corazón diera muchos saltos y se olvidase de su alrededor por un momento porque Bokuto Kotaro había clavado sus ojos en él y Akaashi todavía no sabía cómo seguir respirando después de eso.

Sus orbes eran muy hermosos y sus pestañas también. Había visto sus pecas de cerca y había podido memorizar sus facciones en menos de un segundo. Es que Bokuto Kotaro era demasiado hermoso.

Por último lo habían invitado a verlos un entrenamiento. Akaashi quería gritar de lo asustado y avergonzado que estaba ahora mismo. Mucha frustración comenzaba a apropiarse de él y se ponía mal. ¿Y por culpa de quién? De Bokuto y los idiotas de su equipo.

—Akaashi, ¿estás prestando atención?

Parpadeó atontado. El profesor lo miró por encima de sus gafas.

—Sí...

El profesor siguió dando la clase y a pesar de que el chico sabía que ahora tendría su mirada cada dos por tres sobre él, tampoco le importó. Prefirió pensar en Bokuto, en su equipo y en si iría a verlos entrenar.

Qué vergüenza.

El segundo receso del día llegó. Akaashi se levantó de su asiento y arrastró sus pies para salir de su salón. Tenía sueño y pensó que dormir encerrado en un cubículo del baño sería muy buena idea.

Claro que lo haría. Nadie lo descubriría.

—¡Akaashi!

Se sintió más cansado cuando escuchó a Bokuto.

—¿Otra vez? —murmuró.

—¡Akaashi, perdóname! —Sin vergüenza alguna, dejó caer su brazo sobre sus hombros.

Akaashi olvidó sus planes y observó a Bokuto sorprendido, sintiendo sus mejillas arder.

—Bokuto-san.

—¡Espero no estés enojado conmigo!

—No... no lo estoy.

—¿Eso significa que aceptas venir a verme al entrenamiento?

El cambio de humor repentino asustó al menor.

—No te veré solo a ti, Bokuto-san. Tus compañeros también me dijeron.

Chasqueó la lengua.

—Ellos no importan —acercó más al menor—. Tú tienes que verme a mí.

—¿Y por qué?

Ni siquiera lo miró. Dejó que sus ojos se clavaran en el piso porque estaba muy avergonzado.

—¡Porque soy la estrella, Akaashi!

Radar | BokuakaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora