Capítulo 24: Sentimientos

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Mientras las aguas danzan, Akaashi sigue besando a Bokuto. Respira sobre sus labios y vuelve a hacerlo, sintiéndose nervioso y con su cuerpo caliente. Espera que el chico también esté así porque si no se llevará una gran decepción.

Simplemente tiene la mente en blanco, no sabe cómo sobrevivirá después de que Bokuto lo deje de besar. Pero aunque no lo quiera, deben hacerlo y abre sus ojos lentamente, encontrándose con el rostro del chico demasiado cerca de él.

Bokuto lo mira curioso, con sus ojos bien abiertos como siempre. Oh, sus pestañas son bonitas y sus pecas parece que están rogándole por ser besadas. Luce hermoso y sus orbes brillan ante la luz de la noche.

—Akaashi...

Bokuto murmura sintiendo su rostro arder bajo las manos del menor, que todavía lo acunan. Quiere volver a besarlo pero teme que Akaashi lo rechace. Realmente quiere volver a sentir sus labios porque, cielos, son exquisitos. Y no le importa si eso no tiene sentido.

No lo hará por el simple hecho de ser respetuoso. Pero, si tiene que ser sincero, no esperó que Akaashi volviese a besarlo y él, sin importarle todo, correspondió por segunda vez.

Ahora es un beso tímido y lento, suave y que lo hace derretirse bajo el toque de los dedos del pelinegro. Cielos, es una sensación increíble. Si tiene que ser sincero, es uno de los mejores besos que ha dado. Hay movimientos primerizos y labios inexpertos mezclándose con su saliva, la cual demuestra que a pesar de no ser su primer beso, está nervioso. No quiere dañar a Akaashi.

Pero sabe que terminará haciéndolo.

Cuando se separan, el pelinegro lo mira y acaricia sus mejillas. Bokuto, escuchando la música de lejos, se relaja bajo su toque y cierra sus ojos, sintiéndose un gatito.

—¿Por qué me trajiste aquí, Bokuto-san? —Akaashi murmura sobre sus labios.

Y él, como el gran idiota que es, responde con sinceridad.

—No quería perder contra Konoha... no quería que salieras con él.

Bokuto abrió sus ojos, dándose cuenta de lo que había dicho.

—¿Qué?

—Akaashi...

—¿Me trajiste aquí porque no querías que estuviese con Konoha? —frunció su ceño, alejándolo—. ¿Y qué es eso de perder? ¿Es una apuesta o qué?

—¡No, no! Me refiero a que... a q-que... ¡simplemente no quería que Konoha saliera contigo!

—¿Y por qué?

—¡Porque no! ¡No lo acepto!

—Disculpa, ¿eres mi padre?

—¡Me refiero a que...!

—¡A qué querías saber qué beso me gustó más, ¿no!?

El mayor cerró la boca.

—No es una competencia, Bokuto-san —Akaashi se levantó molesto—. Son mis sentimientos.

—¡Pero no es eso! —Bokuto lo sigue, desesperándose—. ¡Solo que no quería que salieras con Konoha!

—¡¿Y por eso decidiste invitarme a salir!? —Akaashi ni siquiera lo mira, está caminando sin dirección alguna—. ¿¡Por qué te molestó el hecho de que salí con él!?

—¡No...! ¡Te invité porque quería molestarlo!

Akaashi, indignándose aún peor, se dio vuelta. Bokuto lo miró preocupado y triste.

—¿O sea que el beso no significó nada?

—No, esper-

—O sea que me invitaste para molestar a Konoha... O sea que esto no te importa.

Bokuto apretó sus labios, sintiéndose peor.

Akaashi solo asintió.

—Bien, me iré a casa. Gracias por la salida, Bokuto-san —se dio vuelta, retomando su camino.

—¡Akaashi!

—¡Y que sepas...!

Caminando, volvió a girarse, encontrándose con la tristeza personificada.

—¡Que sepas que el lunes iré a entrenar!

***

Cuando Bokuto llegó a casa, su madre se preocupó por verlo tan decaído. Su cabello estaba abajo y un puchero decoraba sus labios.

Su plan había salido mal.

Y para sumar, el beso le había gustado. Akaashi sabía bien, quería repetirlo.

—¿Por qué tan triste, Kotaro?

—Porque odio mi vida, mamá —respondió sincero, agachándose y metiéndose debajo de la mesa de la cocina.

Kouhai estaba cocinando.

—¿Me explicas por qué?

—No —murmuró, abrazando sus piernas.

—¿Entonces por qué me respondes, tonto? —Kouhai se agachó y le dio una cuchara de madera con salsa—. Ahora me quedaré con la duda. Y prueba esto, dime si le falta sal.

Bokuto le hizo caso.

—Sí, un poquito.

Kouhai tomó la cuchara y se levantó.

—Ya sabía yo... cómo odio cocinar.

—¿Y las chicas?

Bokuto preguntó perdiendo su vista en la sala de estar.

—Con tu padre.

Bufó.

—Solo somos tú y yo. Y te estoy haciendo tu comida favorita, así que más te vale comer.

—No tengo hambre, mami —murmuró, otra vez.

Kouhai suspiró.

—Cariño, dime así te ayudo.

—Es que es vergonzoso...

—¿Te caíste en la calle y te vio alguien lindo?

—No...

—¿Se te ha roto el pantalón?

—Tampoco...

—¿Estornudaste muy fuerte y todos te vieron?

—¿No?

—Entonces no hay nada vergonzoso. Ya dime.

Bokuto suspiró.

—Besé a Akaashi, mamá.

Kouhai abrió los ojos y rápidamente se agachó, encontrándose con el perfil triste de su hijo.

—Kotaro, cielos, eso sí que es una noticia. ¿Y qué pasó?

—Lo arruiné.

Radar | BokuakaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora