Capítulo 10

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El automóvil avanzaba lentamente por las calles arboladas de la ciudad. Afuera, el cielo lucía un azul sereno, adornado por algunas nubes blancas. La brisa fresca entraba por la ventana entreabierta, acariciando el rostro de Jisung, quien observaba distraídamente a los transeúntes. Una suave sonrisa curvaba sus labios mientras pensaba en Kyungsoo, aquel chico que le gustaba... y que ahora, sorpresivamente, era su compañero de clases.

Jisung jamás se habría imaginado fuera del centro médico, pero la experiencia era liberadora. Le habría gustado que Jihye también pudiera sentir la misma brisa, caminar por la acera, mirar el mundo desde otro ángulo.

Desde el asiento delantero, el chofer rompió el silencio con una voz cordial:

—¿Qué tal tu primer día de clases, joven Han?

Jisung apartó la vista de la ventana y le sonrió.

—Muy bien, señor.

—¿Hiciste nuevos amigos?

Asintió con entusiasmo.

—Jiyeon es muy agradable, al igual que Hyemi, pero son diferentes.

El hombre soltó una breve risa.

—Hemos llegado. Vendré por usted alrededor de las cinco. Si desea irse antes, solo llame. Ya tiene mi número.

—Muchas gracias —dijo Jisung mientras el adulto lo ayudaba a bajar del auto—. Lo veo más tarde. Cuídese mucho.

Con el corazón ligero, Jisung caminó con paso rápido hacia el edificio, conteniendo las ganas de correr. Saludó amablemente a las personas en la recepción con una gran sonrisa.

El lugar olía a desinfectante, pero tenía un ambiente cálido. Las luces del techo se reflejaban en el piso pulido mientras Jisung recorría el pasillo principal.

—¡Hola, hyung! —saludó con entusiasmo al cruzarse con Minhyuk.

—Hola, Jisung. ¿Vienes a ver a Jihye?

—Sí —asintió con una sonrisa.

—Está en su habitación ahora.

—Muchas gracias. ¿Cómo te fue en tu primer día de clases?

—De maravilla.

—Me alegra mucho. Luego me cuentas con calma. Ahora anda, ve con Jihye.

Jisung asintió y subió al elevador con una emoción difícil de disimular.

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La habitación estaba decorada con plantas pequeñas, libros y figuras en una repisa junto a la ventana. Un aroma tenue a lavanda flotaba en el aire. La luz del sol se filtraba cálida entre las cortinas, dándole un toque hogareño.

—¡Hyung, nooo! —se escuchó la risa escandalosa de Jihye.

—¡No hasta que lo digas de nuevo! —respondió Yoonseo divertido mientras lo llenaba de cosquillas.

—¡Me voy a hacer del baño!

Yoonseo soltó una carcajada.

—Entonces dilo —insistió, haciendo más cosquillas sin ser brusco.

—¡Es que me da pena! —gimió con risa nerviosa.

—Pero si siempre lo dices cuando jugamos por las noches… una y otra vez —bromeó, provocando un leve golpe de parte del menor.

—¡Hyung cochino! —dijo Jihye haciendo un puchero, que Yoonseo deshizo con un beso rápido en sus labios.

—¿Lo siento, interrumpo algo?

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