Capítulo 24

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Jisung se cambió los zapatos por unas pantuflas que Kyungsoo le ofreció apenas cruzaron el umbral. Estaban en casa del mayor, tal como habían acordado para trabajar en una parte del proyecto escolar. La vivienda era amplia, moderna y luminosa, con acabados elegantes y cuadros artísticos distribuidos por las paredes.

—¿Hijo, ya llegaste? —se oyó la voz de una mujer desde alguna parte de la casa. Jisung supuso que se trataba de la madre de Kyungsoo.

—Sí —respondió el mayor con naturalidad, guiando a Jisung hacia el interior. El menor observaba con curiosidad los marcos de fotos familiares colgados en las paredes.

—¿Tú debes ser el amigo de Kyungsoo, cierto? ¿Jisung? —preguntó la señora Lee cuando llegaron a la amplia sala decorada con tonos tierra y muebles de diseño moderno. Jisung asintió con una leve reverencia.

—Mucho gusto, señora Lee.

La mujer le dedicó una sonrisa cálida.

—¿Te gustaría comer un poco de helado? —ofreció amablemente. Jisung volteó a ver a Kyungsoo, quien le indicó con un leve gesto que podía aceptar.

—Si no es molestia, se lo aceptaré. Muchas gracias.

La señora soltó una pequeña risa antes de desaparecer tras la puerta que conducía a la cocina.

—Vamos —dijo Kyungsoo, llevándolo hacia las escaleras.

El segundo piso era igual de lujoso. El pasillo se extendía largo, con varias puertas a ambos lados. Jisung supuso que muchas de esas habitaciones eran para visitas. Una de ellas captó su atención: la puerta estaba adornada con pegatinas de astronautas y animales marinos. No preguntó, pero una intuición silenciosa le dio una idea de a quién pudo haber pertenecido.

Kyungsoo abrió una de las habitaciones e invitó a Jisung a pasar. Las paredes eran de un blanco pulcro. Un gran ventanal permitía que la luz inundara el espacio, dándole una atmósfera cálida y tranquila. Había un escritorio ordenado, un estante de libros, un armario y una cama con cabecera gris y una colcha con detalles verdes.

—Puedes sentarte aquí —dijo Kyungsoo, encendiendo su portátil para buscar información.

Jisung se acomodó a su lado y sacó su cuaderno y estuchera. Kyungsoo notó, con cierta sorpresa, que sus útiles estaban llenos de colores brillantes: marcadores metálicos, pasteles, con brillos e incluso estampados de animales. Aunque se sentaban juntos a menudo, nunca había reparado en esos detalles.

Jisung sacó un marcador rosa para subrayar, pero algo en el escritorio captó su atención: una fotografía rota, cuidadosamente reconstruida con cinta adhesiva. En la imagen se veía a Kyungsoo junto a un chico más joven de cabello rubio cenizo y sonrisa contagiosa. También aparecía Yerim, los tres abrazados, frente a lo que parecía una playa. A pesar del daño en la foto, la felicidad capturada era innegable.

—Ya las encontré —dijo Kyungsoo, mostrando en la pantalla pinturas del Romanticismo.

—¿Quién es él? —preguntó Jisung, señalando la foto. Sabía bien la respuesta, pero Joshua le había pedido que no revelara nada. Prefería que Kyungsoo se lo dijera por sí mismo.

El mayor bajó la mirada hacia la pantalla.

—Es mi hermano —respondió en tono neutro.

—¿Su habitación es la que tiene las calcomanías? —preguntó Jisung. Kyungsoo asintió, y su actitud comenzó a cambiar.

La señora Lee volvió con dos copas de helado, que ambos agradecieron. Mientras continuaban con el reporte, se enfocaron en agregar la información final que completarían al día siguiente. Entregarían el trabajo el diecinueve.

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