Capítulo 14

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El salón estaba iluminado por la luz tenue que se filtraba a través de las persianas. Algunos alumnos conversaban con entusiasmo, otros apenas lograban mantener los ojos abiertos. Era lunes, el fin de semana había terminado. Mientras algunos se mostraban animados por volver a clases, otros deseaban con todas sus fuerzas estar en casa, aún envueltos en sus cobijas.

Jisung se sentía agotado. Había pasado el domingo en el hospital junto a su mejor amigo, ya que el viernes y sábado Jihye había estado acompañando a Yoonseo. Desde aquel viernes, no había vuelto a ver a Kyungsoo, y eso lo tenía inquieto. Tampoco tenía forma de contactarlo; no tenía su número ni el de ninguno de sus amigos. Con Jiyeon, apenas habían intercambiado palabras.

Miró la pantalla de su teléfono: ya era tarde. En cuanto el profesor cruzó la puerta, todos se sentaron en sus lugares.
—Buenos días, estudiantes —saludó el docente mientras se acomodaba en su silla y sacaba su material—. ¿Qué tal su fin de semana?

Algunos respondieron con entusiasmo, otros con indiferencia.
—Saquen su cuaderno y un lápiz, vamos a hacer unos apuntes.

Jisung abrió el suyo, justo cuando escuchó una voz conocida desde la puerta.

—Buenos días, profesor. —Kyungsoo apareció en el umbral, con su mochila a la espalda.

Jisung lo miró con emoción, como si al fin pudiera respirar.

—Llegas tarde, joven Lee —le respondió el profesor con tono serio.

—Lo siento, había mucho tráfico.

El docente asintió y le permitió pasar. Kyungsoo y Jisung cruzaron miradas por unos segundos.
—Hola, hyung —dijo Jisung con una sonrisa tímida.

Kyungsoo lo miró fugazmente, luego bajó la vista a su cuaderno y comenzó a escribir, ignorando por completo el saludo. Jisung hizo una mueca de decepción y regresó a lo suyo, aunque de vez en cuando lo observaba con discreción.

El resto del día transcurrió entre clases y frustración. Cada vez que Jisung intentaba acercarse a Kyungsoo, algo lo impedía: llegaban los profesores, el mayor salía del aula, o simplemente parecía evitarlo. La sensación era desoladora. No podía forzarlo a hablar con él, pero quería saber si había hecho algo mal. ¿Lo estaría evitando por la conversación que habían tenido en el hospital? ¿Por haberle confesado que le gustaba?

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—¡Hey, Sung! —la voz alegre de Jiyeon lo sacó de sus pensamientos.

Jisung se giró para ver a su amigo acercarse con una sonrisa.
—Hoy quería que conocieras a Yerim, pero no va a poder ser.

—¿Por qué? —preguntó mientras guardaba sus cosas para salir al descanso.

—Resulta que como está en el equipo de baloncesto, salieron a un partido contra otra escuela. Estarán fuera hasta el jueves por la tarde, así que el viernes ya lo podrás conocer. Hablé con él y está emocionado por verte.

—Yo también quiero conocerlo —dijo Jisung con una sonrisa. Se puso de pie, pero al dar un par de pasos, sintió un mareo repentino. Se sostuvo de una mesa y llevó una mano a la frente.

—¿Estás bien, Sung? —preguntó Jiyeon con preocupación, dejando sus bebidas a un lado para acercarse.

—Sí… solo fue un mareo —respondió Jisung, forzando una sonrisa para no alarmarlo.

—¿Seguro? Podemos ir a la enfermería.

—Estoy bien, de verdad. Gracias.

Jiyeon le tendió una de las bebidas, aún con el ceño fruncido. Jisung aceptó con gratitud, y ambos salieron del aula a caminar por el campus.

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