Capítulo 29

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El aire fresco de la mañana se colaba por la abertura de la tienda de campaña, iluminando suavemente el interior con un resplandor dorado. El canto de los pájaros resonaba a lo lejos, acompañado por el crujir de las ramas movidas por el viento. Dentro, el silencio era cálido y apacible.

Kyungsoo abrió los ojos con lentitud, alzando su brazo derecho en un estiramiento perezoso. Al girar la cabeza hacia su izquierda, sintió un leve peso: Jisung dormía profundamente, aferrado a su camiseta, usando su brazo como almohada. Una sonrisa tierna se dibujó en los labios de Kyungsoo.

Tomó su teléfono para distraerse un rato, pero pocos minutos después sintió cómo el cuerpo del menor se removía. Escuchó unos pequeños quejidos somnolientos.

—¿Cómo amaneciste, Sung? —preguntó con dulzura, enredando sus dedos entre los mechones despeinados del chico.

—Bien… —murmuró Jisung, con la voz pastosa y sin abrir los ojos—. Gracias. ¿Y usted cómo amaneció?

—De maravilla —respondió Kyungsoo, sonriendo ampliamente.

Jisung bostezó con fuerza, provocando una risa contenida por parte del mayor.

—¿Qué hora es? —susurró Jisung.

—Las once.

—¡¿Las once?! —exclamó incorporándose con sobresalto. Kyungsoo asintió con calma.

—¿Qué pasa? ¿Todo bien?

—Tengo que tomar mi medicamento —respondió Jisung, buscando su mochila con cierta urgencia—. Debí haberlo tomado a las siete...

—Ten, aquí está —dijo Kyungsoo, pasándole la mochila.

Jisung la tomó agradecido, extrajo unas píldoras y se las llevó a la boca bajo la atenta mirada de su compañero.

De pronto, la entrada de la tienda se abrió bruscamente.

—¡Bueeenoos díaaaaas! —gritó Binnie, irrumpiendo con energía, su cabello rubio despeinado por el viento.

Ambos chicos se sobresaltaron.

—¡¿Qué mierda te pasa?! —le gritó Kyungsoo, más molesto por el susto que por otra cosa—. ¡Pudo haberse ahogado!

—¡Lo siento! No fue mi intención —se disculpó Binnie, bajando la cabeza avergonzado.

—¿Estás bien? —preguntó Kyungsoo, volviendo su atención a Jisung. Este asintió, respirando hondo.

—Lo siento mucho, Jisung.

El menor levantó las manos haciendo un gesto tranquilo, indicándole que no pasaba nada.

—Venía a avisarles que Yura y Rocky hicieron sándwiches. Vengan a desayunar.

—Muchas gracias, hyung —dijo Jisung con una sonrisa.

—Por cierto, ¿ya estás listo para la sorpresa? —preguntó Binnie, guiñándole un ojo antes de salir, dejándolos solos de nuevo.

—¿Tú sabes algo, hyung?

Kyungsoo se encogió de hombros con una sonrisa traviesa.

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El reloj marcaba las dos de la tarde cuando los estudiantes comenzaron a abandonar el instituto. El sol brillaba alto, calentando el concreto del estacionamiento donde varios vehículos esperaban bajo la sombra de unos árboles.

Los chicos se habían quedado después de clases para ayudar a desmontar las decoraciones del evento escolar. Con la tarea finalizada, caminaron hacia sus respectivos autos.

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