Epílogo

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Aquella habitación fue testigo de las noches llenas de amor. Fue testigo de los suspiros y caricias que habían llevado a ambas a amarse hasta que caía la madrugada.

Cuando los besos se convertían en suspiros, y cuando las caricias se convertían en anhelo y el deseo en pasión, la ropa comenzaba a estorbar y no había otro remedio más que unir sus cuerpos y tocar sus almas.

Cuando Jennie tocó la cama y ella misma jaló a la rubia sobre ella; la tailandesa llenó de besos su rostro, besó sus labios y besó su cuello.

Las caricias de su amada prometida la "obligaron" a arrancar de su cuerpo aquella estorbosa camiseta, la dejó expuesta al fresco de la noche, llevó sus manos a su espalda y la liberó de su sostén.

Ahora sí la pudo acaricias a sus anchas, con las yemas de sus dedos; delineó cada parte de su piel, exploró su torso hasta llegar a sus pantalones abrochados por el cinto.

— Hoy estás muy ansiosa — sintió el aliento de la rubia en su oreja y todo su cuerpo vibró en una danza lenta.
— Te deseo tanto, tanto como no tienes idea, cómo no lo imaginas. Te deseo en las mañanas, te deseo en las tardes, te deseo en las noches, te deseo todo el tiempo; lo hago porque cuando no estás tú; estoy incompleta, viví muchos años sin mi alma gemela y no perderé más tiempo.
— Entonces no lo haremos más.

Un nuevo beso les permitió sentir la danza de sus lenguas en un nuevo ritual. Sus caricias no se hicieron esperar, solo fue cuestión de tiempo para que ambas sintieran la desnudez en su plenitud.

— Te amo — susurró la coreana al sentirse abrazada por su tailandesa.
— Te amo Jen, te amo mucho — susurró al entrar en ella lentamente.

Los suspiros de sus almas salían por sus labios, la rubia comenzó a bombear lentamente, besaba a su prometida con delicadeza.

— Vas a matarme — susurró la coreana rompiendo el beso — Me torturas tanto. Ve más rápido, más fuerte — rogó entre suspiros.
— Quiero impregnarme en ti — respondió sin aumentar la velocidad y su fuerza.

Pronto comenzaron a fundirse en una sola, el sudor de sus cuerpos unidos les permitieron tocar ese lado más natural en ellas.

— Lisa — el nombre de su amada escapaba de sus labios — ámame, ámame como sólo tú sabes hacerlo.

El arrebato de pasión comenzó, Lisa llevó las manos de Jennie a su cabeza, la coreana no se quedó atrás, abrazó a su prometida con sus piernas; así sintió como llegaba más profundo.

— Déjame amarte hoy y siempre — ronroneó la coreana, Lisa sonrió y comenzó a embestir más fuerte y más rápido.

Los golpes de sus cuerpos unidos comezaron a sonar como melodia de amor. 

— Li~sa — gimió la coreana al sentir como su cuerpo estaba en el punto máximo de excitación. Los labios de Lisa rodearon el pezón de la tailandesa, succionó un poco y lo mordió delicadamente, los gemidos de Jennie le indicaban que estaba haciendo un buen trabajo.

— Aa~a Lisa.

Comenzó a embestir más fuerte cuando sintió a su amada alzarse, su espalda se había arqueado, la pasión desbordó gracias a sus placeres. La tailandesa no se detuvo, continuó su trabajo, el cuerpo de su amada comenzó a cerrarse para hacerla terminar, lo sintió llegar, antes de poder salir, Jennie la abrazó.

— Hazlo adentro, no te vayas.

Sin poder prolongarlo más, Lisa llegó. Jennie la abrazó y la acomodó en su pecho.

Los extraños sueños dejaron de ser extraños, ahora eran su realidad. Había ocasiones qué tenía recuerdos que regresaban como sueños, la curiosidad le llegaba y platicaba con su rubia, ella le explicaba y narraba esos sueños y los convertía en recuerdos.

Vestido blanco Donde viven las historias. Descúbrelo ahora