Capítulo 14

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Aaron si iba al mar, no era Malibú, pero se podía considerar el mismo océano con otro nombre.

Una noche de verano, mientras más ocupado estaba en el trabajo, recibió diez insistentes llamadas de un número que no tenía registrado, fue hasta su descanso a las dos de la mañana, con el cansancio en los hombros, que regresó la llamada.

Era Marcos. El omega que se disculpó por interrumpirlo. El omega que empezó a hablarle de un viaje. El omega que lo invitó al viaje. El omega que se aprovechó de su estado de inconsciencia para sacarle un "sí".

Un "sí" en el que Aaron cayó en cuenta, hasta que despertó a las tres de la tarde del mismo día, tras unas largas horas de sueño de reparación.

Por eso ahora estaba sentado en una valija, viendo a Alex discutir con Sebastián porque llevaban mucha carga para un fin de semana, yacía medio dormido entre las montañas de maletas, abrazando una almohada, mientras esperaban la camioneta de Rogelio, llegar por la calle.

Iba en piloto automático, prácticamente existiendo por existir.

— ¿Aaron, por qué no vas tú delante, como copiloto de Sebastián? — Rogelio, quien le daba las llaves a su amigo, se dirigió al omega atontado por el sueño, oculto entre el cargamento.

— ¡Oh! Esa es una... — el tono afable se convirtió en hastío — idea horrible, solo quiero dormir, no fungir como copiloto — se levantó tambaleante con su mochilita colgando en sus hombros para buscar un lugar al lado de la puerta.

Jamás se sentaría entremedio, era el asiento apocalíptico, el terror que penetraba sus sueños hasta convertirlos en pesadillas. Aaron estaba lo suficientemente dormido como para notar el semblante de desilusión de su amigo, al alfa le hubiese gustado compartir los asientos delanteros con él , pero respetaba los deseos del omega, en especial al verlo trastabillar y casi caer por ir con los ojos cerrados.

Sebastián ayudó al de lentes a abordar la camioneta, lo dejó cómodamente recostado contra la puerta, usando la inmensa almohada para apoyar la cabeza y rodearla con sus brazos. Subió las maletas a la cajuela y tomó su lugar, notando como el asiento que le ofrecieron a Aaron, era usado por Alex. Por el espejo retrovisor, Marcos se sentó en medio y Rogelio ocupó el único asiento disponible.

Para cuando Aaron volvió a ser consciente de su alrededor, Sebastián estaba llamándolo para despertarlo. Con sus párpados pesados, luchando con su propio sueño, trasnochado por sus horas de trabajo, con un rastro de baba deslizándose por su mentón y el abrazo celoso a su almohada, así, con los cabellos desordenados y la pereza susurrando en su oído, Aaron echó los brazos al lanzarse contra su amigo.

— Seb, mi hermano del alma, llévame porque yo no tengo ni fuerzas para abrir los ojos — un poco de labia balbuceada por una lengua adormecida, el omega ronroneó buscando manipular los sentidos de protección del alfa.

Sebastián siquiera se quejó, agarró de los muslos al muchacho tres años mayor que él, con una agilidad excepcional, tensando los músculos y procurando tener cómodo al omega, que cual enredadera se pegaba a su cuerpo, con la almohada colgando de su mano derecha, golpeando con insistencia la espalda del alfa.

— Él... ¿todavía duerme? — Marcos, un poco cohibido y evitando chocar miradas, se acercó - con metros seguros de distancia - al vecino de Aaron.

— Sí, pero tengo una solución para despertarlo — Sebas intentó animarlo, le guiñó un ojo brindando jocosidad, esperando bajar los claros nervios del castaño de hermosos orbes celestes, que le seguían celosos, cuidando que sus manos no se desviaran a zonas privadas.

Aaron se acomodo en la suave superficie en la que Sebastián lo recostó. Siguió inconsciente en tanto los demás se instalaban, ganándose palabras de molestia de Rogelio, quien le vio de forma aborrecible por estar cómodamente durmiendo mientras ellos trabajaban. Sebastián fue el único que le defendió.

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