Capítulo 27: Final

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— Si dijese que quiero confesarme... ¿Qué responderías, Aaron? —

— Que te golpeaste la cabeza y deberíamos ir urgentemente a un hospital —

La respuesta vino de la vergüenza, del picor en sus belfos por el contacto de sus bocas, y la sensación de gula, porque no era suficiente, solo tenía una voraz hambre de recibir más.

— Puedo asegurar que estoy saludable, yo no... — se le acabaron las ganas de hablar cuando el tirón en su ropa le hizo volver a la boca de Aaron.

El susodicho había sido igual de demandante que él, tironeando de la sudadera de Sebastián, lo atrajo hacía sí para volver a su imperiosa labor de saborearle los labios, siguiendo el lento compás con el que se unían.

Se alejaron, apenas percibiendo un espacio de separación entre su bocas, enredando las respiraciones que agitadas danzaban en una misma sintonía.

— Entonces diría que estás jugando conmigo — respondió el omega al salir de aquel idilio, regresando a pisar tierra firme y negarse a creer que el chico que le gustaba y con quien convivió estos meses, era solo un patán — No estoy orgulloso de decirlo — su agarré fue disminuyendo, sus dedos se deslizaron entre la chaqueta del alfa, su otra mano yacía presa entre el metal y el calor de Sebastián.

— ¿Decir qué? — el alfa buscó otro beso, no le fue concedido, pues el omega apartó el rostro, dejando sus labios acariciar su mejilla.

— Escuché la confesión de Alex — su voz se aminoró y el bochorno de la realidad se incrementó. Cerró los ojos cuando los falanges del otro, contornearon su mentón y le obligaron a regresar su vista al frente.

— Lo rechace. No me gusta Alexander, en algún momento llegué a pensar que lo hacía — dijo, notando el par de orbes marrones admirarlo solo a él, suplicando que siguiese explicando — Lo besé durante el viaje al mar, me gané una bofetada de su parte — sus dedos pasearon hasta quedarse sobre el pómulo del omega — pero empecé a entender que estaba confundiendo el gusto y la atracción —

— Te atrae Alex... pero lo rechazaste. No explica por qué me besaste — las palabras fueron puestas en su boca, añorando respuestas satisfactorias para el latir de su flagelado corazón, encontrarse con los ojos miel del alfa era una trampa mortal de la que no pudo salir.

— Creo que es una respuesta obvia, te lo he dicho, quiero confesarme — su mano acunó tiernamente la mejilla de Aaron, quien suspiró resentido, casi queriendo sujetar el aire — Te quiero, Aaron... mi arrepentimiento es haberme dado cuenta muy tarde —

— Los vi besarse ayer en el pasillo — atacó, arremetió contra el alfa, buscando aliviar el dolor que la espinilla provocó en su corazón.

— No nos besamos, intentaba razonar con él... Está muy intenso desde que le confesé que no le correspondía — quiso apartar su mano cuando la necesidad de acariciar los labios ajenos fue devastadora, desgraciadamente para su autocontrol, Aaron recargó su peso sobre su palma y palpó con sus dedos la zona alrededor de su muñeca — Mi corazón no puede tenerlo él, porque le pertenece a alguien más —

— ¿No lo dices por qué temes que me vaya? — rebatió buscando la mentira, autosaboteándose al no creer en Sebastián y lo que afirmaba sentir por él.

— No hagas preguntas crueles... Me equivoqué, me mentí a mi mismo, porque tú te convertiste en mi mejor amigo, tenía miedo de perder esa relación — la fragilidad desprendida el chico recostado a su lecho, contentó su corazón, una imagen que quería guardar egoístamente, un tesoro cuyo mapa nunca existiría, porque nadie debía encontrarlo — me gustabas desde antes que te confesaras... solo que yo no lo sabía —

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