El mundo no sabía qué dirección tomar, los caminos se descontrolaron para llevar el incidente a una serie de sucesos adversos de la situación inicial. Se detuvo, tomó impulso y dio un salto a un tremendo descontrol en el que no se sabía donde era el inicio y el final.
Aaron solo supo que dejó de tocar el suelo tras su comentario de mal gusto. El beta al que se enfrentó verbalmente, lo sostenía por el cuello de su sudadera para alzarlo desde el suelo, evitando que sus pies tocasen una superficie en la cual mantenerse firme. Sus piernas se balancearon y la corriente de aire le fue abruptamente interrumpida, le castigaron a morir en asfixia.
Los betas no tenían aroma, pero no le era difícil conocer las explosivas emociones del que le sostenía de la ropa con rabia, estirando la tela como goma, dispuesto a lastimarlo por sus despropósitos, como si él fuese un alma inocente libre de pecados, desconociendo su propias culpas... Porque Marcos no se había visto dispuesto a ser partícipe del intercambio de babas.
— Perdón... — se le cortó el poco resguardo de aire al emitir una mísera palabra — pero no... me va mu-mucho la asfixiofilia — aunque pausado, todo un calvario para sus pulmones, se comunicó sin tachar de sus labios la sorna.
— Eres un fenómeno — las fauces emitieron un gruñido de bestia que erizó los vellos de los omegas presentes - incluido Aaron - por el derroche de salvajismo en un sonido de ira.
Instantáneo, Aaron esperaba la sensación profunda de un golpe sobre su inocente y frágil cuerpo, se resintió esperando el ataque de la fiera a la que prendió en llamas con sus palabras llenas de gasolina, sin embargo, recibió una retribución divina de su buen actuar en nombre de todos los omegas.
El beta pelinegro de buen porte y musculatura recibió un gancho derecho, tan certero que lo hizo desestabilizarse y soltar contra su voluntad al objeto de deseos de sus macabros futuros actos. Cualquier fechoría que anheló cometer, fue abruptamente interrumpida por el golpe tremendo, sonoro y sin pizca de piedad dada sobre su moflete. Aaron se creyó caer al suelo, cuando unos brazos llegaron a su rescate para sostenerlo.
— ¡Corazón de melón! — La persona que con recelo le tomó, enredando sus brazos en su cuerpo para mantenerle en pie, le apretujó con una fuerza que le hizo quejarse y olvidarse de la sensación de mantenerse a salvo.
— Me asfixias — murmuró atosigado de aire un sorprendido Aaron, el corazón le pujaba por salir, arremetiendo contra su caja torácica cual si fuese un enemigo, sintió cada palpito sobre su garganta, atorando su saliva.
— ¿Cómo se te ocurre tratarlo como si fuese una mierda? — Bramó Sebastián tan ronco y profundo conteniendo su lado más primitivo que rascaba su pecho con desesperación, necesitando emerger para poner en su lugar al culpable de los temores del omega, que temblaba entre los brazos de Christopher.
— Él... — sin dar su brazo a torcer, posándose gallardo para mantener la dignidad, el beta le hizo frente al desproporcionado alfa que exigía sangre a derramar para pagar la falta cometida.
Pero Sebastián no lo dejó hablar, preparado con la misma mano punzante, asestó otro impacto peor que el anterior, se abalanzó de inmediato contra el peso muerto que cayó contra una mesa, derrumbando la tabla superficial, provocando una maraña de gritos que iban entre alaridos sin palabras, maldiciones y órdenes de detenerse.
Alex, con la respiración acelerada, y un ardor en la palma de su mano, por golpear a Sebatián, cuando éste intentó cobrar su premio del juego, lo había abofeteado. Siquiera lo dejó acercarse a sus labios, lo corrió con una cachetada. Se aventuró a comprobar el eje del bochinche que le hizo chocar con un par de personas que despavoridas huían del núcleo del mal. Allá miró a Sebastián arremeter contra Elias, el organizador de la fiesta, ahora noqueado.
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El Extra
Roman d'amourAaron está en medio de una encrucijada de un romance cliché externo a él, entre sus vecinos; Sebastián, la personificación de lo imperfecto y Alex; la personificación de lo perfecto. Quienes parecen empezar a pasar del amor al odio cada día. Mientra...
