Capítulo 17

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— ¿Crees que nos quede bien? — preguntó sin alejarse del horno, viendo la masa encerrada en el horno, esperando que creciese.

— No lo sé, en Tik tok se miraba muy fácil... — dijo sin dejar de pasar entre foto y foto, prestando su atención a su móvil.

Sebastián había ido a una excursión a recorrer un cañón. Aaron solo lo miraba un sinónimo de dejar su dinero en sudor, músculos ligados y pulmones explotados. El alfa amaba las actividades físicas, la naturaleza, el aire libre, por eso seguía en las redes sociales los grupos de excursión y se apuntaba a algunos viajes, en los que disfrutar de los pequeños encantos que existían allá afuera.

— Deberías ir conmigo alguna vez — opinó el alfa al notar lo embelesado que estaba el omega con cada fotografía.

— Solo si aceptas ser mi mula de carga. Caso contrario, olvídame — dejó el celular de su amigo sobre la encimera, abalanzándose contra él, subiéndose a su espalda, contemplando desde entre su cabeza y hombro, la masa que se horneaba con paciencia.

— Trato — Sebas aceptó tras sujetarlo con sus manos. Levantó poco a poco los brazos del omega que rodeaban su cuello, soltándose del agarre del chico, dejándolo caer al suelo con lentitud para no lastimarlo.

Aaron no lo creía, pensó que era un juego, una broma, un chiste sin gracia que acabó con sus labios fruncidos. Al menos él estaba jugando, Sebastián en cambio, hablaba en serio.

— Tenemos trato — Aaron elevó su mano, cerrando el acuerdo como un par de ejecutivos que concluyen un negocio millonario. Sí su amigo quería que lo acompañara, podía ir una o dos veces con él — Debes saber que esto es prácticamente una confesión de amor de mi parte. Amigo, te acabo de decir un "te amo" — bromeó, necesitaba aliviar un poco el ambiente, estaba empezando a sentirse demasiado abochornado por la intensa mirada del par de orbes oros.

Sebastián tenía en el rostro, un tesoro que Aaron no podía conquistar, porque en sus propias palabras, él no era un aventurero. Los hombres de acción solo le gustaban en las películas y sus propias fantasías.

— Y yo te cargaré todo el camino. ¿No es esa también una declaración de amor? —

Aaron no creía que era justo. Sebastián era una sucia rata. No podía solo jugar con su pobre corazón de aquella forma, devolviendo sus propias palabras, como si él no pudiese verse afectado. ¡Claro que dolía! porque no era el amor que él quería recibir del alfa. Sebas solo podía darle un amor doloroso.

Robó el lugar que fue del alfa, se plantó de cuclillas para admirar la masa crecer y crecer a costa del tiempo, prefiriendo esconder el titileo de nervios de sus manos, en la cena de aquella noche.

— Lo tomo, pero me ofende muchísimo — murmuró Aaron contra la palma de su mano, que cubría completamente uno de sus cachetes.

Sebastián se posó a su lado, los dos como un par de tarados contemplando la lasaña desprender la delicia de su aroma en lentos bailoteos que seducían al apetito. El omega se cansó de la posición, se sentó en el suelo y terminó reposando la espalda contra una de las puertas de la alacena, las capas más bajas en donde guardaba el par de ollas que acumulaban polvo. El alfa no tardó en imitarle.

— No se si puedo preguntar, aún así voy a preguntar — Aaron retomó la charla, queriendo cambiar de tema, prefería uno donde su corazón ya no estuviese acelerado, porque no había corrido ninguna maratón — ¿Te peleaste con Alex? Ya no los veo discutiendo en los pasillos como perro y gato desde hace semanas —

El menor solo bufó, echó el aire cual si fuese una molestia seguir respirando — Es muy complicado... —

— Nada es más complicado que un libro de matemáticas, no seas mentiroso, Sebastián — rodó los ojos. Su intención era quitarle un poco de peso a la situación. Nunca era bueno con las charlas de índole seria. 

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