- XXVII -

12 0 0
                                        


La ventana era alta, sus vidrios eran pulidos, podía entrar la luz, pero no se podía mirar ni hacia fuera ni hacia adentro, solo se distinguían muy burdamente las figuras de dentro y afuera; la vista hace un intento por darle forma a lo que se alanza a ver, pero la mayoría de las veces no es posible. Esas formas a veces parecen algo que no resulta ser, dando una sensación de frustración.

En algunas ocasiones prefería mejor cerrar los ojos; en algunas ocasiones se sintió que lo que sucedía en esa habitación, era como querer mirar a través de esa ventana. Los muros de ese color casi blanco que querían transmitir paz y pulcritud, para ella muchas veces transmitían lo opuesto, sentía ahogarse; solo un cuadro estaba detrás del escritorio de Elia.

Con un marco de color blanco, para variar, hacia que la pintura destacara aun mas en ese cadavérico muro. No sabia quien lo había pintado, pero era simple pero muy atrayente, con un fondo carmesí y lo que parecía una luna en cuarto menguante de trazo que iniciaba fino, se volvía grueso y vasto y terminaba de nuevo en fino se volvían en un pálido azul y lo que pareciera una saeta cruzando la luna en diagonal, hecha de un tosco, amplio pincelazo en color blanco. No la reconfortaba pero le llamaba mucho la atención, sentía profundidad en esa imagen.

Fuera del escritorio solo había una silla secretarial detrás de ello, y dos sillones, todo en un color azul claro, de un diseño muy simple, cómodos que hacían juego con el piso de mármol con vetas azules claras. Lorgia se sentó en un sillón, mirando a la ventana que ya casi no pasaba luz de exterior, ya comenzaba a anochecer.

La primera vez que estuvo ahí, tenia un plan para salir de ese lugar; pero después de lo que Elia había platicado con ella aquella tarde cuando la lluvia las empapo ante el desconcierto de Lorgia, todo lo ocurrido ahí había sido muy distinto; jamás lo hubiera esperado.

La puerta se abrió, la melena risada de la terapeuta se mecía en su andar alegre y su sonrisa firme.

- Qué bueno que ya te pusiste cómoda. –dijo complacida mientras se dirigía al escritorio-

En algunas ocasiones el verla llegar así de tranquila y en tono alegre, lejos de reconfortarla, le ponía mas nerviosa, sin responder solo la siguió con la mirada; no siempre se sintió cómoda en ese lugar y hoy era uno de esos días.

- Hoy no participaste mucho en las actividades matutinas. –decía Elia, mientras después de dejar sus carpetas en el escritorio, tomaba asiento en el sillón que estaba desocupado- ¿Esta todo bien?

Desde el día anterior Lorgia había tenido problemas para dormir; haber visto a Remy y lo que se suponía debía de haber hecho o dicho a él, no había pasado como debía. Sintió que la duda se apoderaba de ello, a pesar de los retos, desde que confió en Elia para ayudarla a mejorar con todo lo que le había pasado; había progresado, pero habiendo tenido a Remy ahí y no hacer lo debido, era para ella una falla.

- Sabes que puedes ser totalmente sincera en esta habitación, Lorgia. –en un tono de conciliación declaro-

Su cara demostró angustia y duda, se irguió un poco en el sillón y con un movimiento lento aparto de su rostro un mechón de pelo que obstaculizaba su vista. Si quería solucionar todo debía ser sincera, debía hacerlo.

- Es por que no hice lo que necesitaba hacer. –suspiro-

Dando un momento, Elia se quito los lentes que portaba y los puso sobre su regazo. Ella la seguía mirando mientras que Lorgia miraba hacia la ventana.

- Sabemos que este camino no va a ser fácil y no nos va a resultar siempre a la primera. –intentaba serenar la terapeuta- ¿Me quieres contar sobre ello?

Promesas RotasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora