Poco faltaba para que los últimos rayos de sol dejaran de caer en sus rostros, la tarde caía y parecía que el día no les bastaría para conocer más de cada uno.
Ya habían pasado un par de semanas del desaire con el Profesor Olvera.
Una nueva experiencia para Remy, y algo interesante, para Michelle, quien parecía maravillada con lo que se le relataba. Pero no era así, había más dentro de cada uno...
Y entre juegos y bromas, algo una pregunta se obligaba por el comportamiento de Remy.
- Entonces mañana paso por ti... ¿verdad? -confirma él-
- Si, solo que no pases muy temprano... tal vez este dormida. –asentía en broma- Por favor pasa por mí, no estaré dormida... –expresa ante la cara de extrañeza de Remy-
- Claro estaré ahí... me alegra que quieras que te recoja para la escuela... nadie antes me lo había pedido... –afirma con mucha alegría en su rostro-
- Todavía no logro entender porque te sorprende que desee pasar tiempo contigo, parece que jamás nadie lo había hecho. ¿Por qué Remy? –cuestiona ante su incredulidad-
La pregunta no era por morbo, ni por burla... solo por saber más de el. En ese momento él agachó la cabeza, sin saber qué responder, mirando al piso dijo... con un pensamiento olvidado y amargo.
- ¿De verdad quieres saber?
La seriedad con la que formuló aquella pregunta hizo pensar a Michelle que sería algo realmente malo, y por su imaginación pasaron mil cosas.
- Claro... ¿No somos amigos? –respondió con franqueza-
Una linda rubia de ojos cafés observó cómo Remy cambiaba su actitud... por una fría y solemne.
Caminaban cerca de un parque, lleno de colores y con una linda fuente que jugaba los últimos rayos de luz en sus aguas, tornándolas a mil colores, era un bonito espectáculo. El viento sopló y levantó la poca hojarasca dorada que estaba en el piso. Remy pidió a Michelle que se sentara en una banca del parque.
La bella postal que hacía a una pareja sentada en un parque lleno de verde, con una bella fuente en un atardecer dorado, habría de poner algo de calor en cualquier persona que la admirara.
Sentado en la misma banca con Michelle en el parque, el rostro de Remy notaba desconsuelo y tristeza; algo que ella pudo ver.
- ¿Si quieres me lo cuentas después?
Ella no quería presionar de más en algo que podría ser doloroso para su nuevo amigo.
- Mejor ahora o más tarde no podré decírtelo... –Abrió un pasaje de su vida que no deseaba relatar, pero el sentimiento que comenzaba a nacer en él, confianza le otorgó ese derecho y con un nudo en la garganta comenzó- Bueno, todo proviene de mi infancia y todo lo que sucedió en ella... o más bien lo "que no sucedió"... Desde hace mucho tiempo dejé de auto compadecerme, él hacerlo me hacía mucho daño. Y tal vez se te haga difícil comprender lo que te voy a decir, casi nadie lo sabe Ya que de ahí es porque a nadie le interesa... y me he sumido voluntariamente en esa persona con una armadura para convivir con la gente.
Aun en la expectativa, Michelle esperaba que sus preguntas fueran respondidas, eso le era muy extraño, y más la forma de actuar de Remy, ¿será que de las palabras que ella leyó hace unos días en aquella carpeta roja tengan un significado que aún ella no veía? ¿Estaría ella abriendo en él una herida que no sabía que tan vieja y profunda podría ser?
Y comenzó el relato Remy, se abría a alguien a quien tenía apenas un par de semanas de haberla conocido, pero lo haría porque en ella vendría algo que le había faltado desde hace mucho tiempo... y comenzó:
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Promesas Rotas
RomanceHay personas que aprenden a hacerse invisibles para sobrevivir. Remy Bazán es una de ellas. En el último rincón del salón de clases, un chico que escribe lo que no puede decir ha construido muros tan altos que ya ni él mismo recuerda cómo se ve el m...
