Impotencia.
No aquella de nudillos rojos, gritos o violencia.
Una fría. Paralizante. Era invisible, mas profunda y dolorosa.
Todo lo que eso significaba, Remy lo soportó.
Nada pudo hacer ante la partida de Michelle. Pero hizo lo mejor que podía. El quererla a su lado, que se quedara, era egoísta e hizo lo mejor para ambos.
Dejarla ir, nada hubiera sido mejor.
Deseo estar con ella. Con todo el amor que él le tenía, pero ese era el menor apoyo que merecía, y que él le podía dar.
Le dio todo lo que ella se merecía de él.
Con el sol naciente para iniciar el día, comenzaba una nueva vida, sin su primer amor.
¿Daría Remy vuelta a la página?
¿Se quedaría atrapado en los incoloros ayeres?
Era la mañana. Temprano. Muy buena hora para poder empezar el día.
Abrió los ojos antes del amanecer, antes de que sonara su reloj despertador, aún faltaban veinte minutos para que este sonara.
Se quedó ahí, mirando al techo, a las estrellas que el algún día colocó en formación de diferentes constelaciones.
De pequeño creía que las estrellas nos vigilaban y que tal vez podrían darnos fuerza, que nacíamos bajo una constelación y que está velaba por nosotros; cuando su madre murió pensó que sería como una estrella que lo vigilaría desde el firmamento.
¿Qué había de nuevo entre esta mañana y aquellos donde no podía ver más allá de sus narices?
Teniendo pensamientos tristes prefirió ponerse de pie. Vio el nacimiento de un nuevo sol para él, un incentivo para arrancar, y fue a ducharse.
En las semanas pasadas buscaba la mejor ropa para que Michelle notara a una nueva persona, alguien a quien ella había cambiado la vida. Al intentar buscar ropa que vestir, deseaba vestirse como siempre, como antes cuando tomaba lo primero que llegara a su mano sin siquiera mirarla antes mucho menos pensar en ello.
Pero entonces recordó a Michelle, su rostro al abrir la puerta de su casa y con una simple sonrisa transmitirle los buenos días, y decidió que todo marcharía exactamente como cuando su rubia vivía ahí. Intentaría no alterar nada y dibujó una leve sonrisa en su rostro. En verdad se esforzó en ello. Se miró por última vez al espejo, retándose a no parecer el de antes. Los ojos frente al también lo retaron... firmemente. Y lo consiguió.
Sin desayunar salió de su casa, caminando por las calles que lo llevarían a la escuela. Pasó frente a la casa de Michelle, o más bien en la que vivió.
Se detuvo un momento a observar, como esperando que ella saliese de ahí, pero se dio cuenta de la realidad que vivía y giro para volver a su destino.
Al entrar a la escuela y al pasar por el pasillo en el que casi la arrolló lo inundó de melancolía y ver el lugar donde se conocieron hizo saber que tan importante era su vida y él vació que ahora dejaba.
A pesar de intentar poner buena cara a la situación, estos lugares lo flagelan sin remedio.
Al entrar al aula se demostró ausente a toda la clase, y todas sus intenciones de seguir normal iban disipando. Nada sería igual sin ella. Se quedó en la puerta, admirando el mismo lugar, la misma gente, haciendo lo mismo de siempre. Tan simple, tan gris, tan sordo; de repente sus compañeros los desplazaban para poder pasar por la puerta.
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Promesas Rotas
RomanceHay personas que aprenden a hacerse invisibles para sobrevivir. Remy Bazán es una de ellas. En el último rincón del salón de clases, un chico que escribe lo que no puede decir ha construido muros tan altos que ya ni él mismo recuerda cómo se ve el m...
