Esa transmisión de energía que pasó de uno a otro fue perceptible para ambos. Aun así ninguno se detuvo. Fue solo Remy, él que al parar en su puerta para abrir que la miro y ella se detuvo como sintiendo su mirada, por un instante el tiempo se congeló.
No tenía que girar y ver su rostro. Su atención hacia ella la tenía detenida. Los instantes que lo miró, él lucía "diferente", no supo de qué modo, pero lo notó. Suspiro y la curiosidad quería obligarla a voltear, se negó, apretó los brazos.
Y la rubia siguió su paso.
El ver a Michelle, en Remy, provocó melancolía.
Más temprano esaa misma mañana.
Un auto negro se detuvo frente a la casa de Remy, y él mismo bajo primero para ver su casa. Parecía que una eternidad había pasado, la casa se veía tan lúgubre.
- ¿Tan oscura siempre se ha visto? – con rostro trémulo se preguntó-
Quitando aquella cara abrió la puerta del auto y sacó la silla de ruedas para sentar a su padre, y ayudado por el chofer lo sentaron. El mismo Remy abrió la puerta de casa y entró con su padre en la silla, con una expresión amarga. Sombras, oscuridad, polvo, todo revelado por los rayos de sol de una esplendorosa mañana. Aquella casa, que si bien era grande, ya no brillaba como en los recuerdos de la niñez de Remy. Su padre igualmente miraba con escrutinio su "hogar".
Era una tumba.
Pero podrían cambiar. La casa y ellos, padre e hijo.
Remy suspiro y se dejó caer en el piso y extendió los brazos recargando su peso hacía atrás su rostro dibujaba duda, su padre lo miraba con detenimiento.
Su papá quería decirle tanto. Que cambiarían ese lugar donde vivían al que una vez fue cuando su madre vivía. Que volverían a la vida todo. Quería decirle... gracias.
No podía decir ni una palabra. Pero su mirada, si. Y en su hijo que recibía el mensaje, una sonrisa dibujó.
Una idea se asomó en aquel joven, esa casa no sería una tumba más y se puso de pie como si un resorte lo impulsara y comenzó a quitar todas esas pesadas cortinas oscuras de las ventanas para que la casa se llenará de luz. Su padre lo miraba entusiasmado.
La luz del sol de la mañana brillaba potente y se desbordaba por el claro de la puerta iluminando la entrada donde padre e hijo posaban.
De pronto la luz se eclipsó para dar paso a la silueta de Geraldine, su hermana, con un agrio gesto en el rostro.
Nadie podría siquiera dudar de la bella mujer que Geraldine se había vuelto.
Su cabello rojizo largo y abundante caía en su espalda, en esa silueta delgada y estilizada; el rostro fino simétrico de piel blanca y sus bellos ojos cafés claros, no podían ser más que la imagen de la chica perfecta; tan parecida a su madre. Y aun así su belleza solo era superada por su inteligencia. Estudiaba en el extranjero. Desde la preparatoria recibió una beca de una prestigiosa universidad por ser un gran talento. Ya tenía más de 5 años fuera del país; solo visitándolos, si así podía llamársele, un par de veces por año. Solo para deleitar a su padre como su orgullo.
Toda aquella hija modelo, siempre pareciendo correcta, educada y gentil a los ojos de los demás; solo una mentira para Remy era.
Él no tenía recuerdo de que su hermana le quisiera. Muy lejos en su infancia distante e indiferente con él y conforme crecieron ambos ella fue petulante, grosera e hiriente las veces que interactuaba con su hermano..
Las palabras que ambos se dirigían no eran de hermanos, eran de dos personas que nunca compartieron el vientre de la misma mujer que les dio a luz.
Con mirada despectiva y gesto mordaz miró aquella bella mujer al par que yacía a escasos pasos de la puerta, causándole desagrado.
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Promesas Rotas
RomantikHay personas que aprenden a hacerse invisibles para sobrevivir. Remy Bazán es una de ellas. En el último rincón del salón de clases, un chico que escribe lo que no puede decir ha construido muros tan altos que ya ni él mismo recuerda cómo se ve el m...
