- VI -

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El día viernes había llegado nublado y sombrío.

La escuela era igual que cualquier día normal. Gente en la explanada, gente entrando y saliendo.

Eduardo caminaba por la explanada, en paso lento y tibio, sin destino; alcanzó a ver a Michelle vestida de azul cielo, resaltaba al gris frío de la puerta de la escuela esperando a alguien, Remy. Se decidió a acercarse y dos pasos antes de llegar preguntó en tono de saludo.

- ¿Lo estás esperando?

Ella agacho la cabeza en signo de afirmación, su cabello bailo, lo había arreglado mejor que otros días.

- No pasó por mi... y ya debería estar aquí...

Parada a un lado de la descuidada entrada, con su mano derecha jugaba con el brazalete en la muñeca opuesta, una mueca triste no evitaba compartir la preocupación en su rostro.

Cuando un coche deportivo de último modelo llegó a toda velocidad. De él salieron Remy, su padre y su hermana.

Su familia.

Rígido, alto, de rostro severo y pelo canoso el padre de Remy avanzó indiferente a todas las miradas.

Su hermana, Geraldine, iba a lado de él. Linda, de rostro agraciado pero con mueca de molestia... cabello rojo y tez blanca, alta y de bonita figura, sutil.

Si de un desfile se tratara, la rubia los observo. Solo tuvo palabras para saludar a Remy, quien al bajar del coche y verla una sonrisa se dibujó en su rostro.

Su padre con un tono de voz muy estricto le ordenó.

- Muévete, ¿quieres?

La hermana de Remy, se tomó un momento para mirar a Michelle detenidamente mientras pasaba a un lado de ella.

- Te veo después, espérame por favor. –pedía él-

- Si. –quiso abrazarlo, besarlo, transferir sus buenas intenciones de algún modo, pero le pareció imprudente hacerlo- Aquí estaré.


Por la explanada, el padre de Remy en tono humillante en voz alta exclamaba.

- ¡Poco más de un mes de clases y ya das problemas! ¡¿Nunca vas a cansarte de ser un mediocre?! ¡Deberías ser como tu hermana, inteligente aunque fuera por una sola vez!

Ya acostumbrado por esa clase de insultos, Remy, solo caminaba haciendo caso omiso de los comentarios mal sanos de su padre. Más de una persona noto la escena que su padre armaba sin miramientos. Dejando la etiqueta de perdedor aún más imborrable.

Michelle de primera mano fue una de las personas que escuchó todo. Caminaba metros detrás de ellos. Una gran rabia le llenó el alma, no podía creer lo que escuchaba.

A su costado silente y vigilante Eduardo la acompañaba. Con las manos en los bolsillos y mirando a su amigo avanzar al edificio de dirección señalaba que él había visto peores regaños y humillaciones.

Sin perder de vista a su reciente novio, Michelle preguntó por ello.

- Él lo ha humillado peor, y enfrente de mucha más gente...

- ¿Nadie hace nada? –Cuestionaba ella- ¿Nadie dice nada?

- No, ¿por qué crees que es como es? Ni a sus abuelos les importa...

- ¿Tu como sabes eso? -duda Michelle de sus palabras-

- Yo he ido a esas reuniones en las cuales solo hablan de quien tiene el mejor auto, la mejor casa, el mejor hijo o hija.

Promesas RotasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora